Radiografía del acoso en las escuelas de Mendoza: ¿todo es bullying?
Roxana Marsollier y Cristian Expósito, investigadores del CIC-Conicet, diseñaron un cuestionario para abordar la convivencia escolar y luchar contra el bullying y el ciberbullying. El estudio alcanzó una enorme muestra en escuelas secundarias y lo miran desde otras provincias.
Marsollier y Expósito comparten una vida investigando el ecosistema educativo. Foto: gentileza Prensa Conicet
Roxana Marsollier y Cristian Expósito comparten mucho más que una oficina en el Centro de Investigaciones Cuyo (CIC-Conicet). Los une la vida y la pasión por investigar. Y ese vínculo lo fusionan con el desafío de sentar bases sólidas para brindar herramientas para luchar contra el bullying y el ciberbullying. Esto los llevó a desarrollar, con mirada científica, un cuestionario para diagnosticar de forma precisa el clima institucional y las dinámicas de violencia en las escuelas de la Argentina.
Desde sus carreras de grado hasta sus doctorados, Marsollier y Expósito se han especializado en educación. Con la guía del investigador Alejandro Castro Santander, comenzaron esta tarea para sistematizar e implementar una herramienta que brinde una radiografía más fina sobre bullying, que vaya más allá en esta problemática y que otorgue a las y los decidores del campo educativo respuestas concretas para actuar en consonancia.
Tempranamente, sus inquietudes en el campo educativo los llevaron primero a evaluar y analizar el ecosistema docente. Hubo un primer contacto con la Dirección General de Escuelas (DGE) de Mendoza para indagar sobre la salud ocupacional, que fue lo que abrió el camino para implementar algo que tenían en mente desde hacía un tiempo: abordar bullying y ciberbullying con una herramienta, pensada con mirada local, que brinde un diagnóstico preciso y datos concretos para poder tomar decisiones.
El instrumento que desarrollaron tiene un nombre: el CACE-44 (Cuestionario de Acoso y Ciberacoso Escolar), una encuesta de 44 ítems validada localmente para medir tres dimensiones: tipos de violencia (física, verbal y relacional), modalidades de acoso (bullying y ciberbullying) y roles (víctima, acosador y testigo).
Marsollier contó que hubo un recorrido de investigación y sistematización para poder desarrollarlo. Primero fue la referencia con el psicopedagogo y especialista en educación, Castro Santander. Luego, intentaron el “proceso inverso”: no buscar lo desarrollado afuera, por organismos internacionales, sino que surgiera con elementos de la “idiosincrasia” local para comprender mejor el mundo escolar argentino.
Ya con la primera estructura en la mano, “pedimos un juicio de expertos —comentó la investigadora—. En ese juicio participaron 10 investigadores. Hubo de Argentina, pero también de otros países, como México, Perú, Chile. Una vez que estuvo validado por expertos, lo que hicimos fue validarlo empíricamente. ¿Qué significa eso? Fuimos a probarlo en una institución. Trabajamos con dos escuelas secundarias de Mendoza, una privada y una pública”.
Roxana Marsollier y Cristian Expósito, especialistas del CIC-Conicet. Foto: Prensa Conicet
Bullying, una definición necesaria
Antes de avanzar, cabe definir los contornos conceptuales que implican bullying y ciberbullying, que es algo que Marsollier y Expósito intentan aclarar cada vez, dado que son términos que han tenido una sobreutilización mediática.
Entonces, ¿cuándo una situación es considerada bullying? Según los especialistas, deben cumplirse simultáneamente tres características fundamentales; si falta alguna, no se considera bullying:
- Intencionalidad: la agresión es deliberada y consciente, con el propósito de perjudicar a la víctima.
- Sistematicidad (frecuencia): no es un hecho fortuito, sino una sucesión repetida de hostigamiento que se prolonga en el tiempo.
- Desequilibrio de poder: el agresor o agresora ejerce dominio desde una posición de ventaja (fuerza física, estatus social o popularidad), mientras la víctima se encuentra en situación de vulnerabilidad.
- Entre pares: el fenómeno ocurre específicamente entre estudiantes.
En el caso del ciberbullying, el acoso en la era digital suma algunas otras características distintivas:
- Permanencia y viralidad: el contenido puede propagarse rápidamente y permanecer en línea, intensificando el daño.
- Anonimato: facilita la audacia del agresor o agresora y aumenta la sensación de impunidad.
- Nuevas herramientas: el acceso a la inteligencia artificial y las novedades que surgen permiten generar imágenes, voces y videos falsos, lo que potencia el daño psicológico.
Con este marco, Marsollier amplió qué no es bullying: “Tener un episodio aislado de violencia en el año no es bullying, es una situación de violencia que no está bien, pero tiene que ser trabajada de otra manera, porque puede tener otro fundamento. ¿Qué es lo que pasa en las situaciones de bullying? Hay superioridad por parte del agresor, un desbalance de poder en donde el agresor tiene cierto efecto en la víctima, es decir, a nivel psicológico, a nivel emocional o —en el caso más básico— a nivel físico. Entonces, este desbalance de poder es una de las características. Una pelea callejera es un hecho aislado, puede estar vinculado al bullying o no. Cuando hablamos de bullying es esa intención de dañar al otro, de que le encontré su punto débil, su punto vulnerable, toco ahí, pero a la vez eso me genera a mí, como agresor, una mayor figura en mi grupo de amigos o en los aplaudidores”.

Cuestionario en marcha
La implementación del CACE-44 tuvo un alcance masivo. Tras la validación de expertos, la primera base empírica y el acuerdo con la DGE, el cuestionario diseñado por Marsollier, Expósito y Castro Santander tuvo una muestra de 21.500 estudiantes de segundo y tercer año de secundaria (lo que cubrió un amplio margen de la población en ese rango de edad, sin tener en cuenta secundarias para mayores de edad).
Este estudio para combatir el bullying no tiene antecedentes en la provincia y habilitó una gestión de datos muy valiosos, generando una serie de informes que llegaron a manos de las autoridades de la DGE y a cada una de las personas a cargo de las supervisiones, para que cada institución pueda planificar según su propia realidad.
Gran parte de los datos y los resultados más finos aún no se pueden difundir, pero sí algunos números macro que dan cuenta de un fenómeno que nos trasciende y necesita de una respuesta activa de la sociedad.
Veamos, en Mendoza, 3 de cada 10 de los chicos y chicas encuestados se encuentran en una situación de recurrencia leve o moderada de bullying.
Los investigadores establecieron tres rangos o niveles fundamentales para diagnosticar la situación:
Nivel bajo: incluye a estudiantes que marcaron que "nunca" les han pasado situaciones de acoso o que les han sucedido de forma muy ocasional, como "alguna vez al año". Según los datos generales, casi el 70 % de los chicos y chicas se encuentra en esta categoría, habiendo tenido como máximo un episodio aislado en su vida.
Nivel medio (o intermedio): se define por una recurrencia leve o moderada. Califican aquí los casos donde la agresión aparece "una vez al mes" o "varias veces al mes". Este nivel representa un 28 % de la muestra y es considerado un fenómeno en escalada que requiere estrategias de prevención para evitar que se convierta en un caso grave.
Nivel alto: corresponde a los estudiantes que sufren agresiones de forma sistemática, con una frecuencia de "una vez por semana" o "varias veces en la semana". En Mendoza, este nivel alcanzó un 4 % de los casos.
Dentro del nivel alto, la investigación distingue una subcategoría de "casos graves" o de "alta gravedad", que son aquellos estudiantes que se encuentran en un estado de acoso sostenido y necesitan ayuda profesional urgente. Ese porcentaje representa alrededor de 60 casos, lo que indica que es algo muy reducido dentro de una muestra de 21.500. Sin embargo, como dijo Marsollier, requiere una “acción inmediata”. Según la investigadora, el estudio posibilitó poner en marcha esa acción en algunos de los casos detectados.
Un hallazgo preocupante y una propuesta
Durante el análisis de los datos mediante un proceso estadístico llamado análisis factorial exploratorio, el equipo descubrió un dato que llamó mucho la atención. "Hemos descubierto que hay un factor muy fuerte que tiene que ver con la extorsión”. Este fenómeno, que seguirán profundizando, no se limita a la agresión física o al acoso verbal común, sino que implica dinámicas de manipulación donde el acosador exige realizar ciertas conductas (como agredir a otros) para poder recuperarlas pertenencias sustraídas o para evitar ser golpeados.
Finalmente, la especialista afirmó que está claro que el bullying no se resuelve con "parches", sino con un trabajo transversal y sistémico.
“Lo que queremos es generar un programa provincial de convivencia escolar, no solo para desalentar o este desenredar las cuestiones que tengan que ver con el bullying, sino para trabajarlo de manera sistémica y darle a cada uno de los actores los elementos que necesitan. La DGE tiene protocolos, pero cuando sucedió, ¿qué se hizo? ¿Qué medidas se tomaron? Muchas veces se termina separando a los estudiantes, pero no son soluciones, son parches”, dijo.
En sintonía, la investigadora brindó algunos pilares para ordenar y priorizar las acciones, como fortalecer la alianza escuela-familia. Esto es vital dado que implica un involucramiento adulto sin minimización de los hechos. Subrayó que las personas adultas muchas vece tienden a usar frases como "son cosas de chicos" o "no le hagas caso".
En este caso, el CACE-44 hablita a hacer “diagnósticos situados”. Marsollier sugiere que cada institución utilice los datos específicos de su realidad (diagnóstico por supervisión) para planificar acciones concretas, ya que lo que funciona en una escuela urbana puede no ser lo que necesita una institución de otra zona.
Finalmente, detectaron que en el ecosistema educativo de secundaria hay un actor clave: las y los preceptores. Dado que por el diseño curricular, muchos profesores solo están pocas horas a la semana, la figura del preceptor se convierte en un puente entre el alumnado y las autoridades. “Salió en el estudio que cuando los chicos tienen problemas, generalmente, recurren al preceptor. Salió como la figura mejor valorada”, indicó Marsollier.
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