Hasta la vista, baby

Hoja de ruta y opiniones

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Sociedad

Especial Academia y Robótica

Unidiversidad

Publicado el 03 DE NOVIEMBRE DE 2017

Por Jorge Fernández Rojas, director periodístico de Unidiversidad

 

“Cuando los robots  estén lo suficientemente avanzados como para ser neuróticos, entonces tal vez me preocupe"

R. Kikuo Johnson, diseñador e ilustrador estadounidense.

 

 

La cita que abre esta hoja de ruta pertenece al profesor de la Escuela de Diseño de Rhode Island, quien además trabaja como ilustrador en publicaciones como The New YorkerThe Wall Street JournalWiredTimeVarietyNewsweekGQ y The Guardian. La ironía de este joven profesional, nacido en Hawaii en 1982, trasciende lo que se piensa en este tiempo dentro de la parte del planeta hiperdesarrollado, en donde los “resortes” tecnológicos avanzan a saltos de canguro.

Esta observación de Johnson, que despliega su vida en un país central, parece alejada de lo que puede suceder en nuestras latitudes. Sin embargo, él mismo –para ilustrar la tapa de la revista The New Yorker– muestra a peatones robotizados y, entre ellos, un hombre tirado mendigando que recibe unas monedas de un autómata.

Es evidente que transitamos otro período de desenvolvimiento tecnoindustrial, en el que se detectan signos de crecimiento y presunción de agujeros sociales como consecuencia de ese desarrollo. Por eso, en los ámbitos de formación se oyen preguntas del tipo "¿Los robots colaboran con el ser humano o lo terminarán desplazando en algunas de sus funciones?". Es uno de los interrogantes que se hacen los estudiantes y discípulos de Carolina Soledad Díaz Baca, doctora en Robótica de la Facultad de Ingeniería de la UNCUYO.

 

Caminando por el laberinto

En esta anteúltima entrega del año de Edición U nos dedicamos a caminar por este entramado tecnocientífico en nuestro país y, en particular, en Mendoza. Por eso, recomendamos explorar las entrevistas y las columnas registradas en las páginas siguientes.

Trasciende de estos textos que la imaginación desenvuelta, proyectada y aplicada con ambiciones de progreso colectivo dejará un rédito futuro. También se hará notar en estas inquietas personas innovadoras hacia dónde enfocan sus ideas para robotizar las tareas que resultan difíciles de lograr o directamente son imposibles de concretar por el músculo humano. Es la concreción de la capacidad sobrenatural de la mecánica robotizada inteligentemente.

A la vez, hay una secuencia de estudios y realizaciones tendientes a la robotización digital, un campo al parecer poco conocido, pero ampliamente desarrollado por las megarredes sociales, dueñas y benefactoras de la revolución comunicacional: los llamados robots software, que automatizan las respuestas y propuestas de los usuarios de Facebook y Twitter. Estos robots de software (bots) tiene una chance mucho mayor de crecer y evolucionar que un robot físico, por no contar con limitaciones físicas y –definitivamente– terminarán generando un impacto social y laboral mucho mayor que los robots tradicionales, por ser mucho más accessibles para todos (desde el mismo chat del móvil), con un costo de replicación cero y la capacidad para responder a la demanda sin restricciones (escalabilidad).

Por todo esto, quizá las máquinas no nos lleguen a dominar y nos desafíen apocalípticamente, tal como lo plantea la saga Terminator, protagonizada por el anabolizado Arnold Schwarzenegger. Y es posible que el futuro no nos presente la escena del robot programado para eliminar personas que al final demuestra rasgos humanos, decide inmolarse fundiéndose en una tina de metal líquido a favor de sus amigos orgánicos y dice la tan difundida frase que es el título inspirador de esta nota.

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