Sobre la naturaleza del fuego

Se presentó en Mendoza el libro La Perla. Historia y testimonios de un campo de concentración, investigación periodística de Ana Mariani y Alejo Gómez Jacobo. El trabajo sobre uno de los mayores centros clandestinos del país “merece cuatro tomos al menos”, según su autora, pues “ha sido terrible, una mancha eterna”. Interesante encuentro con referentes locales y Matías Capra, quien se refirió a La Perla como sitio de la memoria.

Sobre la naturaleza del fuego

Recordatorios en el Espacio para la Memoria donde funcionó La Perla

Sociedad

Unidiversidad

Sebastián Moro

Publicado el 26 DE NOVIEMBRE DE 2013


Está comprobado que en Córdoba, La Perla funcionó al menos desde el 24 de marzo de 1976 hasta fines de 1978. Su nombre, según contó Ana Mariani en la presentación, obedece al apodo de la esposa de su mentor, Luciano Benjamín Menéndez. Mariani se exilió en 1975. A su regreso en democracia, sintió “una deuda porque este país había sido totalmente devastado. Busqué gente que ya no estaba, y otros chicos que se fueron cuando yo me fui, tampoco estaban”. En 2006 publicó “La vida por delante”, investigación sobre el secuestro de estudiantes de la escuela secundaria Belgrano. Su editor le aconsejó no descansar, porque “muchos de esos chicos terminaron en La Perla”. Mariani no descansó más. Desde su oficio periodístico hace un aporte fundamental para la historia del terrorismo estatal en Córdoba y en Argentina.

En 2007, un par de años antes de que se abrieran los juicios por crímenes de lesa humanidad en Córdoba, inició junto a Gómez Jacobo, entonces estudiante de periodismo y exalumno del Belgrano, premiado el año anterior por la crónica de un barrio de trabajadores desempleados, la investigación sobre el centro clandestino de detención por el cual se estima que pasaron miles de personas. Contó que tanto compromiso se lo reprocha el entorno, que a nivel personal el trabajo de reconstrucción sobre La Perla les significó “momentos en que Alejo o yo defeccionábamos, que decíamos: ´Esto es terrible para seguirlo´. Nos sostuvimos mutuamente, con nuestros afectos y nuestras parejas, e incluso con terapia. Terminé satisfecha; ´Es lo último', dije. Sin embargo, voy a todas las audiencias, llevo mi computadora y no me puedo desprender del tema. Así que habrá un nuevo libro sobre La Perla después de la sentencia. Creo que de todo esto no me voy a desprender nunca”.

La presentación fue el 19 de noviembre en la sala Elina Alba y estuvo organizada por la Colectiva “Las Juanas y las otras” y la Asociación de Expresas y Expresos políticos de Mendoza. Las disertantes fueron la investigadora Alejandra Ciriza y la periodista Sofía D´Andrea, ambas referentes del campo de los derechos humanos y del feminismo. Ciriza destacó el trabajo de documentación, investigación y recopilación de testimonios como “un ejemplo de lo que tenemos que hacer quienes pertenecemos a esa generación, pero también para que la tarea continúe con las y los jóvenes”. Mariani trabajó para editoriales en Barcelona, 26 años en La Voz del Interior y “fue adquiriendo una gran sensibilidad en temáticas relativas a los derechos humanos y la memoria, con una particular escucha para la especificidad de las voces de las mujeres, cuyas bocas conocemos por las violaciones y la especial brutalidad con la que se ensañaron con ellas solo por ser mujeres. Peor aún, por ser mujeres que se animaron a transgredir mandatos, a luchar y a formar parte de organizaciones político-militares”.

D´Andrea dio cuenta de la estructura del libro, su estilo y la importancia de la visibilización de testimonios desconocidos. Destacó el nivel informativo, el mapa de la distribución del campo de concentración, los relatos, las citas y perfiles de los represores según los sobrevivientes, el anexo documental y el listado final con las personas asesinadas y desaparecidas, que ocupa 38 páginas. “Está escrito con muchísimo cuidado y elude el amarillismo. El estilo sugiere que, inevitablemente, quien escribe viene del periodismo: es contundente, conciso, inteligible y agradable. Se percibe que no son los autores quienes hablan, sino las víctimas. La palabra está cedida a quienes sobrevivieron a esos campos, a través de sus recuerdos, datos y alguna breve contextualización”, explicó.


A través de nosotrxs

“La idea era presentar el libro en las provincias a cargo del III Cuerpo del Ejército del asesino Luciano Benjamín Menéndez. Mendoza es la primera que puedo visitar”, señaló la autora, antes de abiertamente mostrar las dificultades y fortalezas del trabajo que les llevó seis años, hasta su publicación por Aguilar: “Alejo tenía 24 años cuando empezamos. Es un chico que me acompaña en todo momento, que tiene una sensibilidad muy particular. Para tratar estos temas hay que tenerla, de lo contrario lo que sale no es demasiado bueno. Por otro lado, tuvimos que poner dinero de nuestros bolsillos para hacer el libro, con viajes, incluso a Europa, por los testigos exiliados. Los que escribimos, y sobre todo quienes escribimos de estas temáticas, sabemos que con esto no se gana dinero. Es lo primero que le dije. La verdad es que fue un costo emocional muy grande y, tanto Alejo como yo, no vamos a olvidar nunca lo que tuvimos que escuchar y vivir a través de las personas que sobrevivieron”.

En tanto el público local hacía propias las ideas de las expositoras respecto al actual momento de reconstrucción de la historia reciente, la escritora mexicana Elena Poniatowska recibía el Premio Cervantes de Literatura. También proveniente del periodismo, Poniatowska es una referencia respecto al trabajo sobre testimonios, sobre las voces de sus compatriotas marginadas y marginados por la violencia política, social y económica. Y sin dudas, obras como La Perla... son “parte de la historiografía de los campos de concentración en América Latina”. Así, Mariani sostuvo la opinión de su compañera D´Andrea:

“Siempre tuvimos presente que no éramos nosotros quienes teníamos que opinar ni juzgar los hechos. Desde el principio estuvieron las palabras de Flaubert: ´Con mi mano quemada solamente yo puedo escribir sobre la naturaleza del fuego´. Se trata de eso, solamente quienes pasaron por una situación como la que pasaron estos seres, que tuvieron que ver, escuchar y sufrir situaciones inimaginables, son los que pueden contar la historia. Se necesita tiempo para escribir determinadas cosas, y para quienes salen del horror, más. Por eso, la idea fue que pudieran decir a través de nosotros y contar lo que un ser humano puede hacer a otro en el mayor campo de concentración del interior. Ellos son los que estuvieron cerca de la muerte y son clave, porque vieron a tantísima gente y pueden testimoniar y decir, ´Yo vi a la chiquita Janowicz, violada por todas las guardias de la Policía de Pilar y del D2´.

Primeros reconocimientos en 1984 de lo que fue el mayor centro clandestino de Córdoba.

Para D´Andrea, que estuvo detenida en otros centros clandestinos del país, había “tres palabras clave, temibles: camión, traslado, pozo. Eso era la muerte”. Sin embargo, además de “los hechos dolorosos que sucedieron en La Perla”, se reflejan “las mil y una formas de creación para sobrevivir más o menos íntegros, la resistencia”. Leyó entonces fragmentos de testimonios de compañeras que revelan la importancia del contacto en el cautiverio, “poder encontrarse con alguien, verse la cara con el otro, porque una se acostumbró tanto a la venda que con ella lo reconocías, sin la venda no. Sin venda era otra persona, es que la mirada era importante, los ojos… Cuando vos veías los ojos de los compañeros decías ´¡Uy!´... En los relatos es fácil acordarse de los ojos que tenían algunos compañeros. Son cosas pequeñas que te ayudan a sobrevivir porque no se puede vivir sin la ayuda del otro”.
 
El libro también revela las distintas complicidades en torno a la represión y trascendentes actores sociales implicados, como Primatesta y la cúpula eclesiástica cordobesa, sectores de derecha sindicalizados, y políticos como Eduardo Angeloz. Hubo de los otros, de las otras, militantes, gremialistas, estudiantes, la mayoría desaparecidas y desaparecidos, retratados por los relatos de sus compañeros y compañeras, más de 60 en total, incluyendo los de las 17 personas sobrevivientes y sometidas a esclavitud. Dijo D´Andrea: “En estas memorias reviven los nombres de nuestros compañeros. Cuando uno recuerda a alguien, su figura, su tránsito por esta vida, lo revive, lo devuelve a la vida. Entonces es una enorme alegría para mí tener trabajos como este, que sirven para los juicios pero también para tener a los nuestros presentes”.


Importancia de las flores

“La Perla es nuestra” es el capítulo final, que aborda la recuperación y resignificación de lo que fue un centro clandestino de torturas, desaparición y muerte en un espacio de memoria, de los más abiertos y mejor articulados del país. Matías Capra, joven al frente del Área de Educación del Espacio La Perla, acompañó a la autora y habló sobre el trabajo y el compromiso que llevan adelante:

“A fines de los años 90 señalizaron La Perla, ubicada al lado de la autopista. No podías ni estacionar; si se te rompía el auto, mejor empujarlo. Desde hace cinco años es nuestro. El 24 de marzo de 2007, cuando el presidente Néstor Kirchner entregó este predio que era del Ejército, se empezó a escribir la esencia de lo que es hoy. Fue un día de mucha lluvia y barro, como siempre con los sobrevivientes y familiares, las marcas de la memoria. El Ejército se había robado todo días antes, solo había paredes. Esos espacios también eran relatos, como los de la Conadep y los periodísticos. Empezamos sobre algo inconmesurable pero posible, gracias a un equipo muy profesional y al acompañamiento de los sobrevivientes y de los actuales juicios en curso, en la búsqueda para construir una narrativa como materia prima pedagógica para la memoria y la verdad. Sobre los sitios de la memoria no hay teoría ni recetas. Lo estamos aprendiendo del mismo modo que aparecen el relato de los hijos y otras inscripciones, otra narrativa, otra experiencia. La Perla hoy tiene mucho verde alrededor. Hay que regarla para que crezcan las flores”.

En el mismo sentido, Mariani consideró: “La Perla es un gran expediente judicial, se trabaja como sitio histórico, con áreas integradas y espacios artísticos. Permite a las personas la experiencia física de apropiarse y de recuperar historias humanas, más allá de las historias de los secuestros”. A su vez se emocionó y emocionó al público al explicar lo que ella y su compañero consideran “la devolución” respecto al libro. Un testigo del secuestro de Graciela Geuna y del asesinato en la vía pública de su marido dio su testimonio ante la justicia, tras encontrar en el libro la escena que jamás pudo olvidar: “Solamente eso es para nosotros prueba irrefutable del valor del libro. Que encuentren entre sus páginas a sus parejas, a sus hijos, a sus padres”.

“También están aquellos que quieren atacarnos. Ha salido hace poco un señor (Ceferino Reato) que escribe libros de investigación que no le llevan seis años. Y discute temas de cifras. Nosotros no contestamos, para nosotros es lo mismo, hayan sido uno, 30 mil o 6 millones, son unos asesinos. A este señor no le contestamos porque a los asesinos de la memoria no les contestamos ni nos sentamos en sus mesas. Sí leemos lo que publican porque es preciso saber su posición. A pesar de que digan que en este país no hay libertad de expresión, sale este libro sobre La Perla y el suyo está en todas las librerías”, dijo Mariani, que concluyó, entre flores y aplausos, con dos ejemplos.

Por un lado, la historia de Luis Alberto Quijano, hijo de un represor de La Perla, obligado por su padre a hacer el trabajo sucio de la destrucción de documentos y logística en el campo de concentración, entre sus 15 y 17 años de edad. En diciembre del 2011 acudió a Fiscalía y narró el horror. Dijo Mariani: “Este también es uno de los efectos de lo que hemos vivido en Argentina. El hijo de Quijano, hoy sentado en el banquillo de los acusados por asesino y ladrón, es también una víctima de lo que su padre le hizo hacer”. Por otra parte, manifestó su “orgullo” por el Equipo Argentino de Antropología Forense, “el más importante de los equipos, porque nos devuelve los nombres y los cuerpos”.

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