Superaron la violencia de género y hoy practican defensa personal

Son mujeres que soportaron años de abusos y violencia machista. Actualmente encuentran en la autodefensa una herramienta de empoderamiento para mejorar sus vidas. Unidiversidad cuenta sus historias.

Superaron la violencia de género y hoy practican defensa personal

Foto: Gabriel Quinteros, profesor de Artes Marciales Mixtas.

Sociedad Unidiversidad Violencia de género / por Unidiversidad / Ernesto Gutiérrez / Publicado el 26 DE MARZO 2021

“Viví violencia por mucho tiempo. Sé que debería haberme dado cuenta pero cuando formás parte de la situación, es fácil perder la perspectiva", afirma Julieta, una mujer trans, a quien daremos un nombre ficticio para preservar su integridad física. Ella asiste a clases de defensa personal junto a 9 compañeras en un salón de actos múltiples en Villa Nueva, Guaymallén.

Julieta, como tantas otras, busca técnicas para hacer frente a las agresiones machistas y los datos le dan la razón: cada día, en la Argentina, un hecho de violencia de género, femicidio, travesticidio o transfemicidio ocupa al menos un titular en los medios de comunicación. Cientos de mujeres, adolescentes y personas trans se enfrentan a diario a una situación contra la que muchas luchan en solitario ante la falta de respuesta por parte de las instituciones. A esto hay que sumarle que, según un informe de la organización MuMalá -Mujeres de la Matria Latinoamericana-, el país registra el repudiable saldo de una mujer asesinada cada 29 horas por violencia de género y sigue la escalada de agresiones en los hogares y acoso en las calles.

Para hacer frente a esta espiral de ataques, muchas adolescentes, mujeres cis y mujeres trans han optado por aprender técnicas de autodefensa. En un salón de actos múltiples en el que se practica danzas y Artes Marciales Mixtas (MMA), al cual asiste Julieta, imparte clases Gabriel Quinteros, quien desde hace tres años instruye a mujeres interesadas en la autodefensa. Luego de un breve calentamiento, estas se disponen en parejas de manera que una representa el papel de agresor mientras la otra aplica técnicas de autoprotección.

Es la trigésima cuarta clase a la que asiste Julieta para aprender  técnicas de autodefensa  desde el travesticidio de Melody Barrera. “Mi vida no fue fácil, siempre fue un paso hacia adelante y tres para atrás. Desde pequeña fui centro de muchas burlas y agresiones por mi condición, pasando por mi padre, hermanos, familiares cercanos y amigos. La única ayuda incondicional que recibí  fue la de mi madre. Es a ella a la que le debo todo lo que soy, su amor, apoyo, dejar de vivir su vida por ayudarme, le debo todo. Pero sin ella ya no fue lo mismo, luego de su muerte deambulé de aquí para allá sin rumbo”.

“Con mi pareja creí haber encontrado ese ser, ese ser como mi madre pero me equivoqué. Él solo me usó, incluso llegó a agredirme psicológica y físicamente. Vagué un tiempo sola conociendo a chicas con mi misma condición, que me arrimaron el hombro, de casa en casa. Estuve un tiempo en varias partes del país, cuando regresé a la provincia me enteré de la muerte de Melody, a quien conocía hace mucho tiempo. Su muerte me hizo pensar si eso era lo que quería para mí. Gracias a una amiga, a Gabriel (profesor de Artes Marciales Mixtas) y a su mujer pude salir adelante. Ya no permitiré que nadie me pise, me utilice o me agreda. Ahora puedo defenderme sola. Además tengo amigos con los que puedo contar. Ya no estoy sola. Hoy tengo un trabajo digno. Me puedo mantener por sí sola y totalmente alejada de la vida que tenía y, no solo eso, practicando defensa personal”, completó muy animada Julieta.

A las clases de Gabriel también asisten Mariana (45) y su hija Sofía (17). Ambas encuentran en esta práctica una forma de defenderse ante cualquier situación. “Quiero aprender a defenderme. Esto lo hago por mí y por ella. Quiero que mi hija se sepa proteger”, comenta Mariana, quien sufrió agresiones físicas por parte de su expareja por más de un año. 

En las clases busca prepararse física y mentalmente y darle un ejemplo de fortaleza y superación a su hija. “Estaré arrepentida toda la vida por lo que le hice vivir a mi hija. Ella vio los golpes que recibía por parte de mi expareja. No quisiera que le pase lo mismo, por eso hago esto. Hoy me sentiría más preparada si me volviese a ocurrir. Estas clases son un crecimiento personal, no solo para mi sino también para mi hija”, detalló Mariana.

En el caso de Yolanda (44), mamá de dos nenes de 7 y 10 años, su historia va mucho más allá de una simple agresión. La violencia hacia ella comenzó con insultos y se fue acrecentando como una bola de nieve. “Conocía a mi pareja desde hacía 20 años, y era una buena persona. Empezó a cambiar en 2015. Tras la muerte de su madre se volvió más agresivo, no solo conmigo sino con mis hijos. Para él, yo no hacía nada bien”.

“Una noche, la violencia se volvió física. Estábamos conversando y, en un momento dado, el tono subió y le pedí que parara. Me acerqué a la puerta, la abrí para gritar por si las cosas subían de tono. Esto lo enojó y me agarró de la remera, me sacó por la puerta, se me echó encima y empezó a asfixiarme. Luego me soltó, me golpeó en el rosto y dijo: ‘Mira lo que me has obligado a hacer’. Desde ese día no lo he vuelto a ver. Así fue como comencé mi vida sola con mis dos hijos. Desde entonces fue vivir con miedo durante estos últimos 5 años. Viví mucho tiempo cayendo en la autocompasión, pero es porque dependí de otros. ¿Cómo salí de todo esto, me preguntás? Bueno, fue gracias a una amiga que estuvo siempre a mi lado. Gracias a ella pude conocer a Gabriel y lo que hace por las mujeres. Juntas asistimos a práctica de defensa personal. Hoy soy otra mujer, sin miedos, con ganas de salir adelante”.

Por otra parte, Agustina tiene 17 años y estudia a la tarde en una escuela secundaria. Dice que le intentaron robar dos veces a la salida del colegio. A pesar de que en su mochila siempre lleva gas pimienta para reducir a un ocasional agresor, no se quedó tranquila y por eso decidió tomar clases de defensa personal. “Está bueno tener alguna técnica de defensa y ataque para atravesar un momento de inseguridad y saber cómo actuar”, señaló.

Más allá de los golpes

Durante uno de los ejercicios que componen la sesión, Gabriel Quinteros (47), profesor de Artes Marciales Mixtas por más de 20 años, enseña a sus alumnas a esquivar al agresor que intenta invadir su espacio. Sin embargo, sus indicaciones no se limitan a los movimientos: “No puede haber defensa real si no entendemos nuestras emociones. La primera defensa es tener una actitud firme que impida que el agresor se sitúe demasiado cerca”, explicó.

Este profesor, experto en MMA, da clases de defensa personal a personas de todas las edades pero en este último tiempo se ha enfocado en este grupo de siete mujeres jóvenes y adultas. “Todos podemos ser víctimas de un ataque, y para ello no hay mejor solución que estar preparado ante lo que pueda venir. Sin embargo, tradicionalmente asociamos la defensa personal con los hombres y esto no es así. Este deporte lo puede practicar quien sea: niños, niñas, adolescentes, mamás, papás, abuelos, abuelas, personas trans. No hay distinción de género, color o religión en el deporte. Lamentablemente, la violencia [machista] ha generado que sean las mujeres, chicas adolescentes y trans las que demandan más esta práctica”, afirmó Gabriel.

Para este entrenador, la defensa personal tiene su origen en la mezcla de diferentes tipos de artes marciales. “A diferencia de estas, su esencia no está en el ataque sino en la mejor forma de evitarlo. Por ello, las clases suelen tener un ritmo muy suave, que no implica grandes esfuerzos físicos”, expresó Quinteros y sumó: “Lo que se busca aquí es explicar y practicar cómo actuar en situaciones  de robo o agresión, aprender medidas básicas de prevención y a racionalizar ante situaciones de riesgo. Las técnicas van orientadas a convertir el ataque de un enemigo en un golpe para él, a escapar en caso de que nos tengan aprisionados y a esquivar posibles golpes”.

La primera clase que impartió fue en el 2018 y, a medida que ha pasado el tiempo, las peticiones de asistencia no han parado de crecer, especialmente en los últimos dos años. Con alumnas que van de los 17 a 45 años, Quinteros sostiene que las mujeres han encontrado una herramienta en la defensa personal ante la falta de acompañamiento y protección por parte del Estado. “No hago esto por distinción (...) Hago esto por ellas, no por mí, porque sé que hay cientos y miles de personas como yo que ven que esto [la violencia de género] se está saliendo de control. Cada vez son más las mujeres y pibas jóvenes que se deciden a tomar clases de defensa personal para estar mejor preparadas ante los ataques que sufren a diario. Muchas de ellas llegan pidiendo ayuda, incluso yo mismo las he llevado con mi pareja a realizar la denuncia por agresión”, puntualizó Quinteros.

“Yo vi sufrir a mi madre violencia de género por parte de mi padre. Tengo hijas jóvenes y no quiero que les pase lo mismo. Hay que cambiar esta mentalidad violenta que se vive. Si no es la justicia, por lo menos que se sepan defender de la violencia que ejercen sobre ellas. Ojo, no es apología de la violencia lo que quiero, sino que ya que no tienen un Estado presente, por lo menos que sepan defenderse”, remarcó el experto en Artes Marciales Mixtas.

Acción y reacción inmediata

Quinteros razona que ante cualquier hecho que tome de sorpresa a una persona, como lo es un ataque en la calle o en el hogar, nunca se sabe cómo va a ser la reacción: eso dependerá de muchas cuestiones y el nivel de capacidad de respuesta que cada uno pueda ofrecer. “Enfrentar una situación de peligro no es fácil, hay que evaluar las situaciones. Por eso, las clases de defensa personal se basan mucho en la repetición de técnicas. La idea es que las asimilemos, que las interioricemos hasta tal punto que en caso de agresión podamos aplicarlas instintivamente, sin que tengamos que pararnos a pensar. Acción y reacción inmediata”, expresó el entrenador.

Y sumó: “Con estas enseñanzas de defensa personal  lo que también se busca es conocer la propia agresividad, manejar las emociones en momentos de estrés, recreando situaciones de peligro que pueden ocurrir en la calle, en tu casa, con un desconocido o pariente cercano. De esta manera se entrenan los reflejos y se aprende a estar alerta al entorno, ya que la prevención es el 90%”

Para completar, este profesor aseguró que en tres o cuatro meses, con una clase semanal de dos horas, una mujer puede interiorizar las técnicas, tiene más capacidad y conocimiento e, insiste, "mayor autoestima". Y es que el cambio psicológico, destaca -a falta del cambio estructural-, es el gran beneficio de la defensa personal, que además sirve para superar el estrés postraumático causado por una situación vivida y recuperar la confianza. O, simplemente, para sentirse mejor.