¿Transicionar a qué? Las trampas que esconde el horizonte sostenible de la agroecología
¿Cuáles son los mayores desafíos para transformar los sistemas agroalimentarios? Facundo Martín, investigador del Conicet y docente en la UNCUYO, está en Alemania y estudia cómo habilitar esa transición hacia la sustentabilidad, pero observa algunas trampas y obstáculos. Y sobre eso hablamos a la distancia.
Un desafío para la agroecología global es adaptarse a proyectos políticos divergentes. Foto: lavaca.org
Los sistemas agroalimentarios son conjuntos de actividades complejas, con factores económicos, sociales, geográficos y políticos que generan decenas de particularidades. Sin embargo, es posible hallar puntos de contacto que permiten, incluso, comparar sistemas tan distantes como el Área Metropolitana de Mendoza y la Región Metropolitana de Berlín-Brandeburgo, en Alemania. Facundo Martín, investigador del Conicet y docente de la UNCUYO, toma ese desafío y desde tierra germana estudia cómo transformarlos para alcanzar la sostenibilidad, aunque en ese camino haya varias trampas que sortear.
Martín, que es egresado de la Facultad de Agronomía de la UNCUYO, está investigando en Alemania gracias a una beca de la Fundación Alexander von Humboldt (AvH). Su mirada desde el sur global anclada temporalmente en el norte global le permite avanzar con un tema, sin lugar a dudas, desafiante.
Recientemente, en un artículo firmado junto a las investigadoras Kristina Dietz, Barbara Göbel y Bettina Engels, el cientista mendocino comparte una serie de ideas sobre cómo la transformación agroalimentaria oculta tensiones alrededor del concepto de la agroecología, que goza de una imagen positiva, un greenwahsing que habilita que esa transformación “digital y verde” esconda dimensiones estructurales de peso.
El investigador, junto a sus colegas, se pregunta: “¿transformación de qué (relaciones de producción, regímenes de propiedad, procesos laborales)? ¿A qué escala (iniciativas locales, políticas nacionales, regímenes alimentarios globales)? ¿Mediante qué estrategias? ¿Y por qué fuerzas sociales? Sin este rigor conceptual y analítico, el término transformación corre el riesgo de funcionar como un significante vago, adaptable a proyectos políticos divergentes”.
Con la intensión de allanar este complejo entramado que atraviesa el sistema agroalimentario de una región, que incluye dimensiones nutricionales, de salud pública y de planificación ambiental, desde Unidiversidad nos pusimos en contacto con Martín para profundizar sobre cómo esta complejidad impacta hoy en día y aclarar que no se trata solamente de sistemas que producen comida, sino que también reorganizan profundamente las relaciones de producción y poder.
El título de la nota que firmaron habla de ir "más allá de las promesas y “pitfalls” (trampa/engaño)” en el mundo de la agroecología. Con la mirada puesta en la región latinoamericana, ¿cuáles son hoy las mayores trampas que ves y cuál te preocupa más?
Te diría que las trampas, en esos términos, está, por un lado, el optimismo tecnológico respecto de que la tecnología o ciertos esquemas económicos pueden resolver absolutamente todo. Y, por otro lado, un poco asociado a eso, un fenómeno más reciente o una ola de un fenómeno más reciente, que es lo que podríamos identificar como cierto fascismo societal y ambiental, eso se traduce en, por ejemplo, la negación del cambio climático, del calentamiento global, que deriva en problemas como la presión extractiva sobre los recursos naturales, en impactos y daños ambientales irreversibles. Además, está la invisibilidad o la negación, incluso, de la cuestión alimentaria, entonces hay un fenómeno en Argentina y en América Latina muy extendido de inseguridad alimentaria, de obesidad, de desnutrición y malnutrición. Para ir a un caso concreto, por ejemplo, ahora el Gobierno nacional está intentando cambiar, dejar sin efecto, lo que se llamó Ley de etiquetado frontal, eso es un gran tema, una iniciativa más que termina siendo una trampa en nombre de dar mayor libertad, de hacer las cosas más eficientes, menos ambiguas, bueno, así se desmantela todo un sistema de trabajo que había sobre eso. Entonces, en términos de trampas, creo que hay una trampa ahí de relación con la naturaleza en general, que se vincula en creer que la naturaleza puede ofrecernos recursos para siempre y en forma indeterminada. Y asociado a eso, una idea de control o solucionismo tecnológico, que es falsa.
En el Gran Mendoza se consumen frutas frescas de su cinturón verde, algo que no ocurre en otras regiones. Foto: Prensa Gobierno de Mendoza
Hablan de la necesidad de volver a poner el foco en las relaciones de clase, en la mediación del Estado y en las dinámicas estructurales del capitalismo agrario, ¿creés que el debate agroecológico se ha "despolitizado/desmovilizado" en los últimos años?
Es variable si pensamos a nivel regional de Latinoamérica o a nivel de Argentina, donde, por cierto, hay contrastes, entonces, más allá de la diversidad y la heterogeneidad de situaciones y de trayectorias que hay a nivel regional, si lo pensamos desde Argentina, diría que en realidad hay una desmovilización asociada al proceso político general a nivel nacional. Político y social a nivel de debilitamiento del Estado de derecho, de las políticas públicas y de toda una institucionalidad muy precaria que se había construido en el ciclo político anterior, entonces podríamos hablar de una desmovilización. En tanto, los movimientos de productores, de redes de alimentación y las cooperativas atraviesan una situación de crisis y recomposición, como toda la sociedad, pero en particular ellos porque son como la base de la pirámide social, sobre todo si pensamos en las organizaciones de productores más vulnerables que estaban comenzando a desarrollar redes de producción agroecológicas, entonces desde ese punto de vista, se puede entender una desmovilización. Pero también diría que, a partir de esta crisis, de este shock político, económico y social, está emergiendo un proceso de politización, justamente a raíz de los retrocesos. Y cuando hablo de politización o despolitización me refiero a relaciones de poder o de fuerzas, no a relaciones entre partidos políticos estrictamente, entonces si bien hay un proceso de desmovilización, a la vez hay cierta maduración en términos de evaluar qué fue lo que se pudo hacer, lo que no se pudo hacer, qué se hizo mal y qué se hizo bien. Yo en realidad tengo la convicción de que es necesario tender puentes, construir nuevos o recrear esos puentes entre distintos sectores para construir un sistema agroalimentario más justo y más sostenible.
Llevás un tiempo investigando en Alemania, ¿cómo está Argentina en ese mapa global de la transformación agroecológica?
Investigar en Alemania me permitió una mirada compleja o situada de lo que está pasando en Argentina. En un caso contrastante, como es el de Alemania y en particular el sistema agroalimentario que yo estudié, que es el de Berlín-Brandenburgo, se pueden ver fortalezas y debilidades de los dos grandes sistemas. Pensemos en el de Argentina, desde un punto de vista histórico y nacional hay mayor soberanía en términos de que los alimentos que se comen provienen en su amplia mayoría de la propia Argentina. En ese caso es muy contrastante, porque Alemania históricamente renunció a eso, a pesar de tener un sistema alimentario muy diversificado y globalizado, sobre todo en ciudades globales, en metrópolis como Berlín, que importa más del 80 % de sus alimentos e importa históricamente tanto desde Europa como desde América Latina, desde África, eso representa una dependencia; a pesar de que la logística está muy consolidada, los precios son accesibles, la calidad es buena, es un sistema dependiente de la provisión extranjera. Por su parte, Argentina tiene una fortaleza en términos de diversidad. La diferencia es que es un sistema agroalimentario absolutamente concentrado y se ha acelerado esa concentración en los últimos 20 años en lo que se llama la gran distribución minorista de las grandes cadenas de supermercados o hipermercados, entonces, eso es algo en que sí hay que trabajar. En Alemania las redes de comercialización, aunque naturalmente hay cadenas de supermercado, están bastante más territorializadas, regionalizadas y diversificadas. Un tema importante que también me llamó la atención es el activo que tenemos en Mendoza, por ejemplo, respecto de lo que llamamos verdulerías. Eso en Alemania no existe de esa manera. Hay lugares donde uno puede conseguir verdura, pero la mayoría de la gente la compra en los supermercados. En Mendoza tenemos una gran oferta de verduras y frutas frescas locales, accesibles. Eso es un activo muy importante que habría que cuidar y consolidar.
¿Hay futuro agroecológico?
En el artículo de Martín, Dietz, Göbel y Engels surgen varias preguntas y una serie de incógnitas sobre cómo se puede dar la transformación de los sistemas agroalimentarios. El autor y las autoras destacan que los debates de Berlín sugieren que la transformación no es un proyecto unificado ni un bien evidente. En cambio, indican que se trata de un terreno de disputa donde confluyen visiones contrapuestas. En ese marco, afirman que surgen cinco retos de investigación: la precisión conceptual, la recomposición de clases, las políticas rurales y urbanas a diferentes escalas, la relación entre tierra y datos, y la mediación institucional del conocimiento y las políticas. Esta “agenda nueva”, sostienen, aporta a generar contenidos que presten atención a las relaciones materiales, a las asimetrías de poder y la fragmentación geopolítica.
Martín es egresado de la UNCUYO, donde también es docente de la carrera del Geografía. Foto: Prensa FFyL/UNCUYO
En base a estas conclusiones, volvemos al intercambio directo con el investigador mendocino para saber cómo ve el futuro próximo de las ciencias en torno a la agroecología.
¿Cómo creés que tiene que cambiar la investigación científica para acompañar transformaciones que son, al mismo tiempo, técnicas, políticas y culturales?
Bueno, como dijimos, la cuestión agroalimentaria no es una temática sectorial, sino que atraviesa cuestiones económicas, nutricionales, de salud pública, de ordenamiento y planificación ambiental. Tiene una cantidad de dimensiones atravesadas que hacen que el impacto de colocar a la cuestión agroalimentaria en el centro de las agendas de investigación sea relevante. Obviamente, esto tiene que hacerse desde una perspectiva interdisciplinaria, no solo nutricional, básicamente hay que volver a hacer diagnósticos robustos sobre cómo está la cuestión alimentaria o agroalimentaria en nuestra región, a nivel nacional e, incluso, en la provincia. Creo que hay que rediseñar los sistemas hacia lo que se ha llamado la relocalización de los sistemas agroalimentarios, hay que aterrizarlos, hay que situarlos en torno a las grandes ciudades o hay que diseñar formas donde el acceso a los alimentos sea de cercanía y no de grandes distancias, que haya relaciones entre productores y consumidores mucho más cercanas, eso haría que tuviéramos sistemas agroalimentarios no solo más sostenibles desde el punto ambiental, sino fundamentalmente más justos en términos económicos, sociales y territoriales.
¿Y cuál es el mayor obstáculo que ves de acá a diez años para que la transformación agroecológica sea real y no solo retórica?
No hay un solo obstáculo, pero terminaría como empezamos, con la pregunta de las trampas. La trampa principal es la forma en cómo la sociedad se relaciona con la política y, en particular, en lo que respecta al sistema agroalimentario y a su sustentabilidad, su dimensión de justicia. Me parece que el gran problema hoy es el desmantelamiento acelerado del Estado, lo que se está haciendo de las políticas públicas, la educación, la ciencia. Así también, la contracara, toda la apertura, la liberalización, la territorialización de proyectos extractivos o dañinos con el ambiente o insustentables, lo que genera problemas irreversibles, si eso se consolida, es muy difícil que la agroecología pueda prosperar, porque es un paradigma que busca recomponer las relaciones entre la sociedad, la alimentación, el ambiente, los conocimientos, el territorio, entonces el principal obstáculo es recuperar un sentido de lo público, del conocimiento, del bienestar y cómo la alimentación puede estar en el centro para recomponer un tejido social y ambiental.
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