Vía Blanca, la fiesta nocturna del pueblo

Aunque hubo inconvenientes, como una fuerte lluvia y algunas demoras, cientos de mendocinos y muchos turistas disfrutaron de la tradicional noche vendimial. Fuerte reclamo de las reinas por justicia en el caso de Marina y María José. Los carros, más precarios que nunca, hicieron lo posible para contagiar alegría.

Vía Blanca, la fiesta nocturna del pueblo

Los carros alegraron la noche mendocina. Foto: Axel Lloret.

Sociedad

Vendimia

Unidiversidad

por Unidiversidad/ Rodrigo Armiento

Publicado el 05 DE MARZO DE 2016

Una multitud de personas se reunió en el corazón del centro mendocino para celebrar, como cada año, una fiesta llena de colores, alegría, música, baile, comida y muchos regalos arrojados desde los creativos carros vendimiales. Por supuesto, no nos olvidemos de las reinas, quienes desde lo más alto del carruaje, acompañadas de su corte real, hicieron de la fiesta un mundo mágico digno de un cuento de hadas. Aunque al cuento de hadas podríamos agregarle una pizca de realidad: demoras, impaciencia, nerviosismo, lluvia y algún que otro empujoncito, entre otras minucias. Sin embargo, el ánimo no decayó en ningún momento y muchas fueron las satisfacciones.

La Vía Blanca de las Reinas comenzó una hora y cuarto más tarde de lo anunciado, con la música de la Banda de la Policía de Mendoza, desde la calle José Vicente Zapata, por San Martín. El panorama habló a las claras: mucha gente a ambos lados de la principal arteria de Capital, y no disminuía en cantidad sino hasta llegar a calle Chile, ya cerca del final del recorrido. A la hora de ubicarse para poder ver los carros al pasar, todo pequeño rincón sirvió, por más incómodo que pareciera. Jóvenes, adultos, niños/as, ya sea en familia o con amigos; cientos de personas disfrutaron del tradicional festejo. Durante la espera, no faltaron los aplausos espontáneos para pedir la presencia de las reinas y sus coches decorados. 

“Mirá, allá, allá”, exclamó emocionada una niña a su madre cuando el primer carro, el que representó a Malargüe, dio inicio a la presentación del resto de los departamentos. La niña tenía sobre su cabeza una corona y sobre su espalda, una capa. “Acá, reina, acá”, le gritó a Paula Coronado mientras daba pequeños saltos. Coronado envió sus saludos y, a través de un micrófono, invitó a conocer la belleza del sur de la provincia. El carro estaba decorado con una comida típica: el chivo.

En las veredas, los restaurantes y bares colocaron sus mesas, y poco lugar hubo para quienes no pudieron realizar reservas con antelación. Agustina, encargada de un conocido local de comidas sobre la calle San Martín, contó que todas las mesas estaban reservadas con un año de anticipación por aquellos aficionados a la Vendimia. ¿El menú? Costaba $ 144 por persona el plato de spaghetti más un postre, sin incluir bebidas. Otra opción era trucha, a $ 165 por persona. No muy lejos de allí, el encargado de otro local de comidas, Mauro Rodríguez, explicó que los precios para la cena arrancaban en $ 250, sin incluir bebidas o ensaladas. Omar Carrizo, encargado de otro restaurante, dijo que el lugar ofrecía pollo con champiñones, empanadas y helado a un precio de $ 250. ¿Las bebidas? Muchos aseguraron que los precios que manejaban eran los de un día normal, $ 20, dependiendo de lo que se pidiera. Sin embargo, una pizarra de uno de los negocios anunciaba a $ 50 una copa grande de gaseosa cola.

Para quienes optaran por comer algo más simple en el cordón de la vereda, las “empanadas con el toque de amor de la Tía Canela” se vendían por doquier. María, una vendedora ambulante, las ofrecía a $ 70 la docena.

Pocos problemas tuvieron las personas que se encontraban sentadas, cenando, con respecto a su privilegiada vista de la Vía Blanca. Y es que se contrató a personal privado de seguridad, más la colaboración de la policía de Mendoza, para que no hubiese quien se interpusiera entre los carros y los clientes de los distintos locales de comida. Claro que hubo algunas situaciones de enojo por ese motivo, aunque se resolvieron sin inconvenientes.

Maipú dejó su marca al ritmo de la conocida melodía de “Póngale por las hileras”, y con su brillante vestido rojo, Mariana Encina saludó al público. Como compañía de los carros, los gauchos pusieron en alto sus pañuelos. Dos pequeños niños conmovieron al público al pasar montados sobre un enorme caballo de pelaje marrón.

Los carros vendimiales reflejaron, de alguna manera, la situación económica (en muchos casos precaria) de cada departamento. Godoy Cruz fue, sin dudas, el carruaje que más aplausos se llevó, pues hasta el camión estuvo incluido en la decoración. Se trató de un tren que cargaba con el vino de las bodegas, y sobre él, un gran espectáculo de bailarines. Además, la corte de la reina Celeste López portaba cintas negras en homenaje a Marina y María José (las mendocinas asesinadas en Ecuador).

Le siguieron Las Heras, con un homenaje al bicentenario de la independencia (1816), y Rivadavia, con un homenaje a la fallecida Francisca Jahan, reina de aquel departamento en 1952.

La Paz, con toda la corte sentada en racimos de uva, con un carro decorado con una gran guitarra y con su reina vestida de blanco, mostró un gran esfuerzo artístico. Siguió Santa Rosa con uno de los carruajes más austeros de la noche. Su reina, Florencia José, realizó también un pedido de justicia por Marina y María José y por el fin a la violencia de género.

Entre carro y carro, las cosas se volvieron a poner lerdas y las demoras pusieron a la gente impaciente. Cerca de las 23.30 se desató la lluvia y el público corrió despavorido a refugiarse bajo algún techo cercano. A raíz de esto, los carros comenzaron a pasar velozmente.     

Tunuyán, al ritmo de la cumbia, homenajeó a los productores de la región. Las chicas de San Rafael pasaron cubiertas por pilotos amarillos para no arruinar sus vestidos. Julieta Avedaño, la reina de Junín, arrojó besos y saludos en todas direcciones. El carro de Lavalle desató la locura por sus melones, y entre empujones y tironeos, más de uno quedó adolorido. Guaymallén, también con un carro austero, hecho de materiales reciclables, brilló alegremente. Tupungato, cuya reina se cubrió con un paraguas, lució un carruaje sencillo aunque colorido. La reina de San Carlos, Mariquena Rizzato, también hizo hincapié en la lucha contra la violencia de género. Alvear dejó su marca al pasar con una banda musical y Luján de Cuyo lució uno de los más grandes carros y, también, uno de los más aplaudidos por el público. Música, malbec, y una reina vestida de azul bailando sin cesar. Finalmente, la presentación de San Martín cerró la noche.

Amelia Troitiño y Dolores, dos turistas españolas, salían contentas después del espectáculo. “Muy lindo, muy lindo todo”, señalaron las mujeres, quienes aprovecharon para agregar que “fue una lástima que los carros estuviesen tan espaciados unos de otros”, y que los micrófonos no se escucharon bien, por lo que se perdieron algunas palabras de las soberanas.

Por otro lado, Fernando, Graciela y María Belén, una familia de Bahía Blanca, expresaron que la Vía Blanca fue maravillosa y disfrutaron mucho del espectáculo. También opinaron que es bueno que las reinas promuevan el mensaje de la no violencia contra la mujer. “Lamentablemente, están pasando cosas muy malas en todo el país, y en el mundo, y hay que defender lo propio”, dijo Fernando.       

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