¿Ya nos acostumbramos a vivir en la cultura de la inmediatez y la brevedad?

A partir de la irrupción masiva de las redes sociales, los modos de comunicación, información o entretenimiento vienen en cápsulas pequeñas. Memes, "reels" o tuits ganaron terreno y asumen un carácter efímero y veloz. ¿Dónde queda la elaboración del pensamiento? ¿Es tarde para ponerse a reflexionar?

¿Ya nos acostumbramos a vivir en la cultura de la inmediatez y la brevedad?

Imagen: pixabay.com

Sociedad

Redes sociales

Unidiversidad

Soledad Maturano

Publicado el 10 DE MAYO DE 2022

Memes, tiktoks, reels, tuits, son todas formas de comunicarnos, informarnos o entretenernos a través de las redes sociales, y esto es a escala mundial. Esos contenidos tienen características interesantes para detenerse a pensar en ellos: breves, fragmentados, vertiginosos, efímeros. En contraposición, los contenidos más extensos o bien que exigen mayor concentración, son fácilmente descartados.

En ese contexto, el teórico de la comunicación Carlos Scolari explica que esas características son propias de una “cultura snack: “La explosión de la cultura snack podría considerarse el caldo de cultivo de una forma cultural 'original' que emerge de la nueva ecología mediática. La fragmentación y velocidad del videoclip, que tanto sorprendía a analistas e intelectuales en las últimas décadas del siglo XX, era solo la antesala de una textualidad que está llevando el culto de la brevedad hasta sus últimas consecuencias”.

¿Cuáles son las consecuencias y por qué tienen tanto éxito estas formas de la cultura snack? Para acercarnos a una explicación, dialogamos con Bettina Martino, docente de la UNCUYO, diplomada en Ciencias Sociales con mención en Sociología de Flacso y es doctora en Ciencias Sociales con mención en Comunicación de la FCPyS.

 

Lo que se pone en juego

Una de las primeras cosas que se ponen en juego en este escenario es nuestra atención. En las redes sociales, la oferta y la demanda son gigantes. Por lo tanto, existe una disputa constante por la dirección de nuestras miradas y concentración. “El éxito del contenido breve tiene que ver con la economía de la atención. En un universo tan poblado de estímulos, en los medios y en las redes sociales, es necesario competir por la atención de quien está del otro lado. Por ende, el producto tiene que ser llamativo, dinámico, corto, con mucho movimiento”, explicó Martino.

Señaló que otro elemento importante para comprender tal éxito es el “capitalismo de las emociones”, que facilita y “hace que los contenidos tengan que funcionar así: apelar a las emociones, opuesta a la idea de sentimientos”.

Mientras que los sentimientos se refieren a la historia de los y las sujetas, son narrables e identificables –continuó Martino–, la emoción “no es perdurable, no engarza con la historia del individuo. Por lo tanto, se puede pasar de una emoción a otra, de un contenido a otro sin quedar anclado. Genera, también, una disposición o un estado a consumir”.

A su vez, la cientista social indicó que esta forma de comunicación tiene que ver con el contexto histórico: “Un contexto de época que se empieza a amasar a partir de la posmodernidad y que también se va 'perfeccionando' de la mano de las innovaciones tecnológicas”. Agregó que algunas perspectivas indican que el mercado necesita una comunicación inmediata, fragmentada y efímera “porque lo que requiere es un tipo de comunicación que no obstaculice la circulación de la mercancía”.  

En síntesis, “los contenidos se adaptan a un ambiente infocomunicacional donde primam la velocidad, la vertiginosidad, lo fragmentado, una dinámica que permita superar inmediatamente una cosa por otra”. A su vez, agregó la docente de la UNCUYO, existe una figura clave en este contexto: la del “prosumidor”. Prosumidores, de alguna manera, lo somos todos y todas. El término se refiere a las personas que consumen y crean contenidos, en este caso, en la red. “Las fuentes de producción de cualquier tipo de contenido se multiplican en tantas personas como usuarios de redes hay”, explicó.

Qué pasa con los contenidos extensos y complejos

Martino dijo que el tipo de comunicación breve y efímera que podemos observar con mayor claridad en las redes sociales –pero que gana también lugar en el mundo análogo– “compite y gana por goleada frente a informaciones y contenidos que requieren tiempo, que requieren pensar, que requieren razonar, que requieren argumentar”.

De este modo –continuó–, las tecnologías tienen un carácter “prescriptivo”. “¿Cuánto dura una historia o cuántas palabras te entran en tuit?”. Para comprender esta idea, Martino ilustró: “Un posteo largo lo vas a tener que desplegar a partir del 'leer más', como si escribir largo se entendiera como un exceso”.

Ahora bien, para la doctora en Ciencias  Sociales, lo cierto es que las democracias necesitan de aquello que hoy sufre resistencia: pensamiento, razonamiento, intercambios, reflexiones. “Las democracias requieren de la posibilidad de informaciones fehacientes, de distintas fuentes de información; requieren de la posibilidad de debatir, de deliberar, de argumentar, de comprender los procesos en los que estamos inmersos”, aseguró.

Nos encontramos ante un tipo de comunicación que “invade todo”. Es decir, la inmediatez, la escasez de tiempo, lo fragmentado, pequeño y veloz –propio de una “cultura snack”– también se encuentran en el ámbito de lo cotidiano. “Por ejemplo, tenemos instancias en la misma universidad, en la misma facultad, que son –por esencia– deliberativas, y la gente está apurada porque las cosas se resuelvan o se voten”, detalló.

Se trata de una comunicación “impaciente, que no da lugar al pensar, al razonar, al debatir, al disentir, al acordar”. Es decir, esa comunicación e información fehaciente, reflexiva, que demanda tiempo, de alguna manera es contraria a la lógica de redes sociales: “Son contrarias porque, además, medios y redes sociales necesitan monetizar, no que la gente razone, piense y discuta”.

Martino advirtió que ese panorama no anula la posibilidad de otras formas en el ámbito de las redes sociales. Por ejemplo, el ciberactivismo es “una posibilidad para que, tácticamente, las comunidades, las organizaciones o personas nucleadas en torno a un problema puedan usar las redes para favorecer procesos de transformación, de protestas, de movilización. Hay muchos ejemplos de eso. Entonces, siempre está la posibilidad de esas tácticas”.

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