Autismo, tan variable como el espectro del arco iris

La integración en todos los contextos y su correcto abordaje serán los temas centrales de un congreso internacional que se realizará el viernes y el sábado en el Auditorio Ángel Bustelo. Se estima que, a nivel mundial, una de cada 59 personas nace con esta característica.

Autismo, tan variable como el espectro del arco iris

Foto: Picdeer.com

Sociedad Unidiversidad por Zulema Usach / Publicado el 11 DE MARZO 2019

Sus explicaciones comienzan aclarando que el autismo, lejos de ser una enfermedad, es una condición del desarrollo. Explica el especialista que, de hecho, en estos casos, el desarrollo subjetivo de las personas se manifiesta a través de otras vías. “Hay personas diversas en las que los síntomas del autismo se manifiestan de formas diferentes y su evolución sigue distintas trayectorias”, destaca a Unidiversidad el doctor en psicología e investigador en la temática, Daniel Valdez, que visitará Mendoza en el marco del Congreso Internacional sobre Autismo, que se realizará los días 15 y 16 de marzo en el Auditorio Ángel Bustelo de Ciudad.

Valdez es palabra autorizada al referirse a la necesidad de propiciar espacios de inclusión y trabajo conjunto para multiplicar el potencial de las personas con autismo y lograr así una proyección adecuada para sus vidas.

Es director superior del posgrado que aborda la temática en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y docente de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires.

Aclara el profesional que, si bien el autismo es un síndrome que afecta a la comunicación, las relaciones sociales y la flexibilidad de las personas, esto se da en diferente grado. Por eso, justamente explica que el término correcto es “espectro autista”. “Podemos pensar en un espectro de colores, como si fuese un arco iris en sus diferentes tonalidades”, detalla, y explica que por eso, en la actualidad de habla de “neurodiversidad”, en alusión a que todas las personas son diferentes.

Si bien el autismo es una condición con la que nace quien la tiene, Valdez agrega que las primeras manifestaciones suelen aparecer entre los 12 y los 18 meses. Entre los indicadores que pueden ser señal de autismo, surgen, por ejemplo, usar la mirada con una función social, señalar las cosas para mostrar algo o jugar simulando que hay cosas que en realidad no están. “Si esos indicadores de riesgo están presentes, es importante hacer un seguimiento y una evaluación del desarrollo, ya que la intervención temprana mejora el pronóstico y las posibilidades de inclusión en la comunidad”, profundiza Valdez.

Si bien el especialista aclara que en América Latina no hay datos sobre la cantidad de personas que viven con autismo, detalla que se estima que, a nivel mundial, hay un caso cada 59 nacimientos.

En ese sentido, Valdez señala que el objetivo del congreso internacional es centrar la temática en los contextos y los diferentes modos de apoyo que se podrían propiciar para lograr la inclusión. “Es importante valorar el potencial de cada persona y, a partir de allí, brindar los dispositivos de apoyo necesarios para su aprendizaje y desarrollo”, desliza Valdez, y destaca: “Es nuestra responsabilidad crear oportunidades y dispositivos de apoyo para el aprendizaje, la participación y la comunicación”.

Así, se plantean como herramientas clave las nuevas tecnologías, los apoyos visuales, las aplicaciones y los sistemas aumentativos de la comunicación, entre otras opciones. “Con los apoyos necesarios, muchas personas con espectro autista pueden comunicarse, hablar, vincularse con los demás y alcanzar grados crecientes de autonomía”, considera el profesional.

 

Enfoque integral

Valdez destaca que otras herramientas fundamentales para abordar el espectro autista consisten en siempre tener en cuenta la mirada interdisciplinaria y un trabajo colaborativo en equipo que se base en las fortalezas de cada niño, joven o adulto, y respetando su singularidad. El diálogo permanente con las familias, compartiendo sus experiencias, brindando orientación y respondiendo a sus inquietudes, son, según Valdez, condiciones fundamentales para mejorar la calidad del acompañamiento.

Así, la detección y la intervención tempranas mejoran el pronóstico de desarrollo de cada persona con autismo. “Nunca hay que ponerle techos al desarrollo ni estigmatizar, es necesario centrarse en las personas, más allá de las etiquetas”, recalca Valdez, que propone tener en cuenta el enfoque Codda, cuyo acento está puesto en los contextos, el desarrollo y la dimensionalidad para crear los apoyos centrados en necesidades y potencial de cada persona.

 

El papel de la escuela

El especialista sostiene que, lejos de limitarse a uno u otro espacio, la integración debe estar presente en todos los ámbitos donde las personas con autismo desarrollan sus vidas. En la infancia y la adolescencia, la escuela cumple un papel fundamental en este sentido. La mirada, explica Valdez, debe estar puesta en valorar las diferencias como una oportunidad de aprendizaje y enriquecimiento de todos.

Así, el desafío no es menor, ya que “el movimiento hacia la educación inclusiva exige una serie de cambios metodológicos y organizativos que incluyen la formación de los propios docentes para la atención de la diversidad”, explica Valdez, y postula que también es necesario reorganizar las instituciones educativas para garantizar una enseñanza de calidad.

“Con los apoyos necesarios brindados a tiempo, se multiplican las posibilidades de inclusión en los diversos contextos, tales como la familia, el barrio, el club, la escuela, el trabajo y la comunidad en general”, sostiene el psicólogo, y agrega que las numerosas experiencias exitosas en este sentido son una prueba de ello.

Así, desde su punto de vista, es fundamental aumentar las oportunidades de inclusión para las personas con autismo y sus familias, de manera que sea posible mejorar su calidad de vida y bienestar emocional. En ese sentido, las políticas de Estado recobran un papel fundamental para favorecer la detección e intervención temprana, la cobertura de salud y la educación adecuadas, recalca el especialista, y reflexiona: “Construir una sociedad más inclusiva es un desafío para todos y un derecho para las personas con espectro autista”.

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