"Bondi" solidario: compartir la Red Bus vuelve a ser tendencia entre los mendocinos

Luego del caso “Stibel”, detenida por haber abonado su pasaje con una tarjeta prestada, los usuarios de transporte público comenzaron a temer ser aprehendidos por repetir tal conducta. Ahora, dicen que los controles disminuyeron, y la práctica vuelve a cobrar vigencia.

"Bondi" solidario: compartir la Red Bus vuelve a ser tendencia entre los mendocinos

Sociedad Unidiversidad / Publicado el 12 DE MARZO 2018

El 16 de agosto de 2017 Patrica Stibel se convirtió en la protagonista de una de esas historias que terminan ganando la atención de todos. Subió al colectivo a las 8.30 para ir a trabajar, sin saldo en la Red Bus pero con suficiente efectivo como para pedirle a alguien que le prestara la tarjeta a cambio del dinero. Cosa que hizo. Nunca habría imaginado, antes de aquel día, que unas cuadras más adelante la policía iba a detener el 67 sobre el cual se trasladaba para aplicar el artículo 111 de la Justicia de Faltas de Mendoza y la apresaría en un calabozo con olor a amoníaco, junto a otras quince personas más, por no poder comprobar su pago.

A partir de entonces Stibel se convirtió en un drástico ejemplo de lo que podría pasarle a cualquier mendocino que eligiera apelar a la solidaridad de otros pasajeros por no haber cargado su propia Red Bus a tiempo.

Durante los días que siguieron los controles aumentaron. Inspectores acompañados de cuadrillas policiales comenzaron a apostarte en los puntos neurálgicos de la red de transporte y las multas por casos similares al de Stibel se multiplicaron de manera notable.

Ni la prensa ni el público en general dejaron pasar estos hechos y la tensión entre la ciudadanía y el poder político creció a tal punto que incluso el mismo gobernador Alfredo Cornejo salió al cruce de los periodistas y los acusó de pretender “que la gente no pague el pasaje”.

Ahora, siete meses después, toda aquella disputa parece haber quedado en el olvido. Los controles siguen, pero “no se sienten”, y la vieja práctica de prestar el abono bajo la consigna de “hoy por vos, mañana por mí” vuelve a ser una costumbre habitual.

 

Todavía hay gente solidaria

“Acá el problema es la recarga de la Red Bus, porque hay pocas bocas de expendio, o están muy distanciadas, o los fines de semana cuesta conseguir, y así a la gente a veces no le queda tiempo para pagar su abono”, explica Alejandro, chofer de uno de los colectivos del grupo 3.

Alejandro descree que los operativos de inspección hayan surtido gran efecto en lo que cambiar la costumbre de compartir las tarjetas respecta. “Al principio se dejó de hacer, pero después siempre llega un pasajero que sube al colectivo y recién ahí se da cuenta de que no tiene carga su tarjeta”, dice y subraya, además, que “hay mucha gente solidaria dispuesta a pagar el pasaje”.

Matías, un pasajero del grupo 5, es un ejemplo de lo que cuenta Alejandro. Él dice que en numerosas oportunidades se encontró en la situación de decidir ayudar o no a un usuario sin saldo. “Me ha pasado varias veces”, dice. “Y siempre pido que después, cuando vean a otra persona en su misma situación, también compartan un pasaje”, agregó.

Sin embargo, la práctica no es recomendable. “El problema está cuando la persona que prestó el abono se baja y la persona a la que ayudó queda arriba del colectivo y sin comprobante”, dice Alejandro. Por ahora, no hay posibilidad de contar con un boleto papel para certificar el pago y, hasta donde se sabe, el Gobierno tampoco tiene intenciones de implementarlo nuevamente.

Por ello, cuando vuelven a reproducirse situaciones como la de Stibel, el riesgo de ser aleccionado con el rigor del artículo 111 todavía persiste. “Queda todo a criterio del inspector”, explica Alejandro. “El pasajero va a decirle al que revisa los boletos que otra persona le pagó pero ya se bajó y el inspector me va a venir a preguntar a mí. Si es cierto, le voy a decir lo mismo, y ahí el decide si lo deja pasar o no”, señaló.

Pocos puntos de carga. Un problema admitido

La crítica de Alejandro al sistema de carga de la tarjeta Red Bus no es ignorada. Desde el mismo Gobierno admiten que los puntos de venta y carga de Red Bus siguen siendo pocos, a pesar de haber realizado acciones para modificar tal realidad.

“Es un problema que sigue presente, falta todavía. Sabemos que no todo el mundo puede cargar la Red Bus con facilidad”, reconoce Natalio Mema, secretario de Servicios Públicos. “Sin embargo”, aclara, “se ha ampliado considerablemente la posibilidad de cargar la Red Bus, no solamente en los quioscos, que pasaron de ser 390 a 450 lugares, sino también con los 22 tótems de autocarga, mas homebanking, mas los cajeros automáticos".

En rigor, hoy cualquier usuario que no pueda acceder a un puesto físico de recarga de abono tiene la opción de realizar la operación virtualmente, ya sea por homebanking, cajeros automáticos o desde la aplicación movil Mi Recorrido, donde además se pueden conocer los desvíos de colectivos vigentes en el Gran Mendoza, el saldo de la tarjeta y los recorridos de las distintas lineas. Además, la recarga sirve para abonos de tipo Primario, Secundario, Universitario, Jubilados, y no solamente para el abono Personal.

"La novedad de esta iniciativa es la posibilidad que tiene el usuario de acreditar de manera inmediata esa recarga presentando su red bus en cualquier terminal de autocarga, eligiendo la opción que aparecerá en la pantalla 'aplicar carga virtual'. El beneficio se aplica de igual manera a las tarjetas comunes. Caso contrario, el saldo se acreditará a las 48 horas de efectuada la carga y se verá reflejado una vez que el pasajero presenta la tarjeta en la máquina que cobra el boleto", explican desde Servicios Públicos.

Sin embargo, la mayoría de los usuarios aún encuentra la recarga de su tarjeta más como un obstáculo que como una operación sencilla de realizar. Quiza por ello prefieren apelar a los viejos modos, y exponerse a ser inspeccionados y encontrados "in fraganti". Las penas por hacer uso del servicio de transporte público sin efectuar el pago como es debido, pueden ser de hasta 30 días de prisión. Aún así, las "razias" de agosto del año pasado ya no se ven con frecuencia. Si bien las inspecciones siguen vigentes -y en aumento- es indudable que ahora se abocan otra cosa. El Código de Faltas todavía existe, pero parece que ya tanto usuarios como jueces comienzan a ignorarlo nuevamente. Vuelven las viejas costumbres.