Crónica del Four Seasons: la culpa de todo la tiene Perón

El abogado Pablo Garciarena reflexiona en torno a nostalgias dictatoriales que perduran en ciertos imaginarios. La especial relación entre estos resabios  y los espacios sunturarios de la metrópoli.  

Crónica del Four Seasons: la culpa de todo la tiene Perón

El Hotel Four Seasons

Sociedad Unidiversidad / Publicado el 21 DE MAYO 2012

Si nos puedes convencerlos, confúndelos…

 

"La caída del tirano Perón en Argentina es la mejor reparación al orgullo del Imperio y tiene para mí tanta importancia como la victoria de la Segunda Guerra mundial, y las fuerzas del Imperio Inglés no le darán tregua, cuartel ni descanso en vida, ni tampoco después de muerto".

Winston Churchill. Discurso en la Cámara de los Comunes 1955.

 

Podríamos concluir, de un tiempo a esta parte, que no resulta extraño asistir a charlas sobre terrorismo de Estado en cualquier Universidad Nacional; o escuchar en los medios públicos nutrida información sobre los avances de los juicios de lesa humanidad; tampoco nos sorprendemos cuando las marchas de cada 24 de marzo se pueblan de jóvenes nacidos en democracia; o consejos deliberantes de lejanos municipios del interior del país que ponen a sus calles o plazas los nombres de trabajadores o estudiantes víctimas del brutal genocidio iniciado allá por el 76. Incluso, numerosas editoriales –inspiradas por honestos fines de divulgación histórica u otras, tal vez,  en meros intereses comerciales-  han publicado cientos de títulos referidos a aquellos años. Así, podemos mencionar algunos ejemplos más.

Afortunadamente, nada de esto ya nos resulta novedoso. Desde el año 2003, el Estado Nacional, ha hecho propio el relato silenciado y negado que las víctimas, sobrevivientes y familiares vienen revelando desde hace tres décadas.

La reconstrucción del relato histórico repara y alivia, no solo a las víctimas directas, sino a todo el cuerpo social. Por eso hablamos,  y  allí el valor de la palabra. En las radios, en la escuela, en las Universidades, en los libros, en los estrados judiciales.

Sin embargo lo que sigue a continuación, nos provocó una grata sorpresa, a la vez que desenmascara los odios resilientes de los nostálgicos beneficiarios del genocidio.

La Canadian Bar Association (poderosa asociación de abogados canadienses) miembro, a la vez, de “The advocates society” (sociedad privada internacional de abogados) realizó en la Ciudad de Buenos Aires, desde el 19 al 27 de abril de 2012, su Conferencia Anual Internacional. El lugar elegido fue el exclusivo hotel Four Seasons, en su salón de eventos, “La Mansión” (antigua residencia de los Álzaga), allí en Barrio de la Recoleta, frente de la Embajada Francesa. Por supuesto, toda la conferencia se desarrolló en inglés.

La agenda del día 19 de abril, apertura de la conferencia, estaba nutrida. Estos eran algunos estudios jurídicos organizadores: “Osler, Hoskin & Harcourt LLP”, “Fasken Martineau Du Moulin LLP”, “Gowling LLP”, “Vitale, Manoff Feibogen”, “Manzano, López Saavedra & Ramírez Calvo”, etc.  Otro tanto, los temas abordados: “Fundamentals of Doing Business in Argentina”, “Credibility of Experts: An Empirical look at What the Courts are doing”, etc.

Sin embargo, la primer exposición de la conferencia nada tenía que ver con los negocios internacionales y su abordaje jurídico, se titulaba “The Dirty War” (La Guerra Sucia) y en la mesa estaban sentados Rosa Gómez, Antonio Savone, Lorne Waldman y el cronista de este relato.

Lorne Waldman[i], abogado especialista en derecho migratorio y refugio, fue el autor de la iniciativa. Lorne, estudioso de la evolución del derecho internacional de los Derechos Humanos, se interesó particularmente por el proceso judicial que lleva adelante el Estado argentino en el juzgamiento de los delitos de lesa humanidad. Tribunales ordinarios y naturales (los mismos que juzgan a cualquier ciudadano argentino), a diferencia de Núremberg (tribunal especial conformado por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial) o de los Tribunales Internacionales de Ruanda o la ex Yugoslavia; juicios que observaban las garantías procesales, (el debido proceso, la defensa en juicio, etc), abogados defensores públicos, alta legitimidad social, juicios públicos y orales, en fin, juzgamientos internos con el cumplimiento de los más avanzados estándares del derecho penal internacional y del derecho internacional de los derechos humanos.

A su vez, Lorne conoció a Antonio Savone, víctima y sobreviviente del D2, cuando éste se exilió en Canadá. Tanto fue su interés por los juicios de lesa humanidad en la Argentina que viajó a Mendoza, a mediados de 2011, a presenciar y acompañar a su amigo Antonio, en su declaración testimonial brindada en el primer juicio de lesa humanidad llevado a cabo en la provincia de Mendoza durante el año 2011.

Volvamos al Four Season: Lorne inició la conferencia contando su experiencia personal, su mujer, familiar  de detenido-desaparecido, su amistad con Antonio y su reconocimiento al valor de Rosa Gómez, otra víctima del D2, de la cual ya referiremos.

Continuó aclarando un poco aquel término -que para nosotros hacía bastante ruido- de “la guerra sucia”. La traducción del inglés no es rigurosa, claro está, pero básicamente expuso que con el término “Guerra Sucia” se designa internacionalmente al régimen de violencia indiscriminada, persecuciones, represión ilegal, tortura sistematizada, desaparición forzada de personas, manipulación de la información y terrorismo de Estado que caracterizó a la dictadura militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional, la cual gobernó al país entre los años 1976 y 1983.

La denominación alude al carácter informal e ilegal del ataque del poder militar contra la misma población civil.

El uso sistemático de la violencia y su extensión contra objetivos civiles en el marco de la toma del poder político y burocrático por las Fuerzas Armadas, determinó la inmediata suspensión de los derechos y garantías constitucionales y propició la aplicación de tácticas y procedimientos bélicos ilegales a toda la población.

No obstante, la denominación como "guerra" es duramente criticada por organizaciones políticas, de derechos humanos y actualmente por los distintos poderes del Estado de Derecho, sosteniendo, entre otros, que se trata de un argumento esgrimido originariamente por la dictadura militar para justificar la represión. La moderna jurisprudencia argentina e internacional la ha definido como "genocidio".

Concluida la intervención de Lorne, llegó  el turno de Rosa y Antonio, ambos, como dijimos, victimas, sobrevivientes y testigos del histórico juicio realizado en Mendoza en 2011 en el cual se condenaron a cinco represores (cuatro de ellos a prisión perpetua y uno a doce años de prisión).

Antonio, estuvo detenido desaparecido desde el 14 de junio de 1976 hasta  noviembre de 1977,  padeció 112 días en una celda del D2, tenía 27 años, un hijo de un año y medio y su mujer embarazada (su segundo hijo nació mientras estuvo detenido desaparecido).

Antonio sufrió la brutalidad de la tortura en cada rincón de su cuerpo. En cada milímetro de su humanidad hay una herida. Le fue arrebatada su vida, su familia, sus bienes, su historia. Antonio, al relatar su historia, se quebró. Dicen que el recuerdo de la alegría no es alegría, el recuerdo del dolor es siempre dolor.

Siguió Rosa, en un silencio insoportable. Rosa fue detenida también en junio de 1976, estuvo detenida más de cuatro años. Poco meses antes de su detención había sido madre, al recuperar la libertad su hijo no pudo reconocerla. Sus verdugos del D2 abusaron de ella durante ocho meses, todos los días, varias veces por día. Rosa  relató estos hechos, en carne viva, durante el juicio,  reconoció a los responsables y hoy los genocidas están detenidos. Desde entonces, la Justicia Federal mendocina se encuentra a la vanguardia del juzgamiento de los delitos sexuales cometidos a las detenidas durante el terrorismo de Estado. Rosa concluyó preguntando a los asistentes: “¿Ustedes perdonarían?, solo quiero justicia”.

Dimos fin a la ponencia con una frase de Yosef Hayim Yerushalmi: “Es posible que el antónimo de “el olvido” no sea “la memoria”, sino la Justicia”?.

El aplauso fue cerrado y duró varios minutos, la mayoría de los asistentes, abogados canadienses, se acercaron a Rosa y Antonio, en silencio para abrazarlos.

Retomada la actividad, sobre la tarde, al culminar una exposición, un participante canadiense realizó finalmente la pregunta que rondó desde la mañana entre los ilustres visitantes extranjeros: ¿“Cómo es posible que en Argentina, con la enorme cultura y educación que tienen, con lo avanzado que están en la regulación de los negocios internacionales, con la fortaleza  y reconocimiento internacional que tiene el Estado de Derecho, hayan ocurridos, con la complicidad civil, hechos tan espantosos como los que escuchamos esta mañana?”.

El abogado argentino, claramente molesto y con una actitud soberbia e irrespetuosa contestó: “Se lo puedo responder con una sola palabra, Peronismo”.

Margareth Thatcher  había dicho a sus colaboradores el 2 de abril de 1982 : "La culpa de todo esto la tiene Perón".

Allí donde aún se esconden y repliegan, donde continúan haciendo gigantescos negocios millonarios, hablando en inglés y mostrando lo mejor de la arquitectura europea de la ciudad. Allí, en su casa, anfitriones en el elegante Four Seasons, donde creían estar  a salvo, sus socios canadienses  les recordaron quiénes eran.

Lo que ocurre en la Argentina desde hace casi 10 años nos sigue sorprendiendo. El pueblo argentino ha vuelto a tomar la pluma de la historia y la escribimos en cada rincón, también en el Four Seasons.

 


[i] Abogado especialista en derecho migratorio, refugio y derechos humanos desde 1979. Representante del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados ante la Corte Suprema de Justicia de Canadá, Abogado asesor del Ministerio de Justicia canadiense, Presidente de la “Canadian Refugee Lawyers Association” desde setiembre de 2011.

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