La cosa se pone salada

La instalación de la megaferia comercial en Guaymallén genera polémica al interior de la conservadora Federación Económica de Mendoza. Los porqués de este fenómeno que se extiende a lo largo y ancho del país.

La cosa se pone salada

La versión mendocina de La Salada genera polémica y poco debate al interior del modelo productivo "nacional y popular". Fotos web.

Sociedad Unidiversidad por Federico Lorite / Publicado el 24 DE AGOSTO 2012

En estos últimos días muchas voces se alzaron en contra de la creación de una versión mendocina del mercado de La Salada. Varios coros de pequeños actores, pasando desde la Federación Económica de Mendoza (FEM) hasta puesteros del mercado persa, se niegan a que la tradicional feria se instale en Guaymallén. En tanto, algunos municipios ya se postulan para que la misma sea un paseo de compra en sus territorios.  

La Salada no es un simple paseo de compra, es un microuniverso donde se entretejen relaciones, donde los "truchos" están entre pares y pueden comprar lo que ven. 

Los buenos empresarios de la conservadora FEM se quejan por la evasión impositiva y otros delitos que pervierten la lógica mercantil, sin embargo acuden al universo de la precariedad para bajar costos y flexibilizar sus empresas. Además de ser ellos mismos grandes evasores del fisco. Manifiestan su oposición a las “artimañas legales de éste tipo de ferias e indican que, si se instala en la provincia, deberán cumplir con todos los requisitos legales e impositivos".

La mayoría coincide en que el "Mega Polo" que el polémico, Jorge Castillo, quiere ubicar en un predio del Mercado Cooperativo Acceso Este, perjudicará sus ventas y prácticamente dejará sin trabajo a decenas de familias que hoy viven de estos negocios.

Red transversal

La fabricación y el comercio ilegal de productos y servicios han dejado de ser un fenómeno marginal. Lo “trucho” se legitima en el universo de un capitalismo que arrasa toda conformación autogestiva. La informalidad es, a esta altura, una red transversal sin centro que sirve de soporte a nuestras vidas e impide, en muchos casos, la caída al foso de la inexistencia.

¿Cómo se regulan este tipo de emprendimientos en tales condiciones? Por un lado, las autoridades procuran el mayor “blanqueo” posible de iniciativas informales, ya sea persuadiendo a los emprendedores mediante el alivio de las obligaciones fiscales, o bien ejerciendo su capacidad represiva para liquidar mecanismos ilícitos. Sin embargo, con eso no alcanza. Ni siquiera para empezar a hablar.

El comercio informal constituye actualmente un dinamismo productivo irrefrenable, que nos recuerda la persistencia de la fractura social producida por el neoliberalismo.

Desde las entrañas mismas de los territorios de la exclusión, donde a razón de factores diversos fueron depositados ingentes racimos de población sobrante, emergió un nuevo principio económico. Allí se cuece a fuego lento lo que no pudo ser “incluido” en los términos del actual modelo. Es el extraordinario reino de lo trucho. La parte baja, flexible y monstruosa del tan festejado boom del consumo. Y sólo un cinismo generalizado alienta el tono de repulsa, cuando orientamos hacia allí nuestra atención.

Con la apertura de innumerables verdulerías, supermercados chinos, puestos de manteros y “las saladitas” en los territorios de clase media alta, este modo de producción precario que originalmente era exclusivo de las periferias, ha logrado infiltrarse en los barrios céntricos y en las principales vidrieras comerciales. Lo que antes era sinónimo de gueto y excepción, hoy posiblemente, constituya el sistema nervioso de la producción nacional.

En definitiva, de lo que se trata es de comprender este fenómeno, ser capaces de distinguir, en su interior, las dinámicas de creación y justicia de aquellas lógicas de muerte que fortalecen el confinamiento y la "guetificación". 

Y la Feria seguirá existiendo en las calles

Director: Julián d’Angiolillo

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Fuente: Revista Crisis