Los derechos de las mujeres: una larga marcha

La autora es doctora en Ciencias Sociales, docente-investigadora, secretaria general del Instituto de Estudios de Género y Mujeres de la UNCUYO.

Los derechos de las mujeres: una larga marcha

Foto: Axel Lloret

Sociedad Edición U #17 - El año de la matria / por Eva Rodríguez Agüero / Publicado el 18 DE DICIEMBRE 2016

Vivimos un momento paradojal en cuanto a los derechos de las mujeres. Siguiendo la metáfora de las olas, que refiere al movimiento pendular de avances y retrocesos que caracteriza a las conquistas femeninas, la coyuntura nos habla de la coexistencia de una serie de logros y de algunas deudas. Tal es el caso de las dificultades que tiene una mujer para acceder en condiciones igualitarias a los espacios de poder para ejercer plenamente los derechos sexuales y reproductivos o al hallarse expuesta a la violencia de género.

En Mendoza hubo 17 femicidios en 2016. A la vez que creció la visibilidad de esta problemática y proliferaron las denuncias, los asesinatos se caracterizaron por una crueldad inusitada. Fueron crímenes que confirmaban el poder de unos para disponer de los cuerpos de otras y que en muchos casos fueron espectacularizados por la lente mediática, pero a los cuales hoy gran parte de la sociedad se atreve a llamar por su nombre.

Si bien la Argentina cuenta con la Ley de Protección Integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia de género (26485), y ésta incluye entre los tipos de violencia a la simbólica (miradas simplificadas que tienden a justificar la dominación, la desigualdad y la discriminación hacia las mujeres), durante el año que está terminando algunos personajes que ostentan lugares de privilegio vertieron comentarios que incurrieron en este tipo de prácticas. Por nombrar sólo dos ejemplos, podemos mencionar al músico de rock que realizó una explícita apología de la violación y al empresario mendocino que estigmatizó a mujeres adolescentes con el fin de cuestionar la Asignación Universal por Hijo.

Al tratarse de figuras públicas, sus intervenciones alcanzaron notoriedad y, en líneas generales, cosecharon repudio. Sin embargo, existen golpes que no terminan en asesinato, acosos sexuales y ofensas sexistas que tienen lugar en la vida cotidiana. Son tan sutiles que muchas veces pasan inadvertidas, puesto que no cuentan con la difusión de la caja de resonancia de los medios de comunicación.

Luis Bonino Méndez los llama micromachismos y son prácticas de violencia que perpetúan la desigualdad entre mujeres y varones. A diferencia de otras violencias denunciadas y condenadas, éstas están legitimadas socialmente y constituyen la base sobre la cual se construye el edificio de las demás formas de violencia hacia las mujeres. Edificio que sólo podremos derrumbar si transformamos las estructuras más profundas del orden social y si los diferentes poderes del Estado logran ejecutar políticas eficaces que apunten a una sociedad más justa.

Un aspecto a destacar sobre el epílogo de este complejo año es que, mientras éste avanzaba, el movimiento de mujeres de la Argentina también lo hacía, más empoderado y movilizado que nunca. Miles de mujeres, y también varones, colmaron las calles de distintas ciudades, convocadas/os tras los lemas “Ni una menos” y “Vivas nos queremos”, y realizaron el primer Paro Nacional de Mujeres. Estas experiencias incluso se replicaron en otros lugares del mundo.

Lo que se tejió y se teje allí es una trama potente que no se detendrá hasta lograr que ser mujer deje de significar “pertenecer a un grupo de riesgo” y hasta hacer realidad el derecho de todas y todos a vivir una vida libre de violencia.

En este proceso, las universidades públicas cumplimos un rol fundamental, puesto que muchos/as de nuestros/as docentes e investigadores/as producen abordajes que buscan echar luz sobre estas problemáticas.

 

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