Resistencia en blanco y negro: la producción de fanzines en Mendoza durante los años 90

Comunicación urgente, herramienta de difusión, elección estética. El fanzine fue y es un modo de poner en marcha una idea de cultura igualitaria y liberada, al alcance de las manos.

Resistencia en blanco y negro: la producción de fanzines en Mendoza durante los años 90

Sociedad Unidiversidad Revistas culturales / por Nazareno Bravo INCIHUSA-CONICET / Publicado el 16 DE AGOSTO 2019

La necesidad de comunicarse, de expresar, de tomar posición, de difundir, ha sido el motor principal de la producción de fanzines, un tipo de auto publicación por lo general fotocopiada y hecha por sus propios autores, ya sean individuales o colectivos. 

El poder asumir el control de la totalidad del proceso creativo, de la producción y de la circulación de contenidos, le sigue ganando pequeñas batallas a la virtualidad en línea, a los productos en serie y al adormecimiento cotidiano.

En Mendoza, como ocurrió en otras provincias, la palabra “fanzine” comenzó a circular subterráneamente  entre los primeros punks durante los años 80 aunque hay que considerar que, en tanto auto publicación, existen numerosos antecedentes de creaciones similares pero con otras denominaciones: folletos, boletines, revistas independientes. 

A mediados de los neoliberales 90 la crisis económica incrementó el surgimiento de publicaciones por fuera del ámbito comercial, en especial entre ilustradores, historietistas y escritores. La vertiente de fanzines vinculada al punk y al hardcore, también colaboró fuertemente en la consolidación de esa práctica cultural autogestiva que se sostiene hasta la actualidad. 

Sacá la Basura!, El Monstruo del Gabinete, Liberando años de Silencio, Disturbio Kallejero, Fuera de Sector, No hay futuro, Reivindicar, Patea el Slogan, Golpe Violento Antifascista, Skill Zine y Cabeza Hueca son algunas de las publicaciones artesanales de esa época que terminó en estallido. Tanto a nivel de la estética como de los contenidos, los fanzines mencionados formaron parte de una red musical y cultural dinamizada en distintas provincias por jóvenes que habían quedado atrapadxs entre el rechazo hacia “los políticos” y la reiteración constante de injusticias, planes de ajuste e imposiciones. Nociones como autogestión, horizontalidad e independencia empezaron a darle un sentido a las muy diversas maneras de resistir o, simplemente, de no conformarse con la situación. 

Las estrategias para hacer circular fanzines se vincularon por lo general con el mano en mano concretado en ferias y recitales, eventos muchas veces organizados también de manera independiente por los propios hacedores. En menor medida funcionaron algunos espacios como puntos de venta, por ejemplo el bar Juguete Rabioso, la Escuela Popular de Teatro o el local Supersónico en la Galería Caracol. Pero en los 90 aún era central  el intercambio (por correo postal) de materiales, cassettes, notas y coberturas con fanzinerxs de otras latitudes. 

 

Una cuestión interesante que surge de una lectura actual de aquellos fanzines es la gran cantidad de temas y consignas que hoy resuenan con mucha más fuerza y legitimidad que entonces: derecho al aborto, veganismo, ecologismo, violencia policial y diversidad sexual, sólo para señalar los más destacados. También la apelación a un lenguaje más inclusivo, a partir del uso de la letra x o del entonces novedoso @, sirven como ejemplo de discursos que anticiparon lo que vendría.  Esos tópicos convivían con reseñas de discos, manifiestos, collages, filosofía e historia, crónicas de recitales, información internacional, denuncias, entrevistas a bandas y dibujos. 

Un desborde de información plasmado en todas las tipografías posibles, con comentarios manuscritos en los márgenes, imágenes en bajísima resolución y la tan saludable como política certeza de que eso lo podría hacer cualquiera. 

En un contexto que favorecía la salida individual y la competencia, la auto publicación cobró importancia en tanto práctica divergente, a contramarcha de lo que la realidad señalaba como posible. Porque el fanzine resultó una acción, una manera de organizarse y tener voz propia, de estrechar lazos y participar sin más requisitos que las ganas de hacer. Una posibilidad que siempre existirá mientras haya gente inquieta.

Comunicación urgente, herramienta de difusión, elección estética. El fanzine, en definitiva, fue y es, un modo de poner en marcha una idea de cultura igualitaria y liberada, al alcance de las manos.