Aborto legal: ¿hay debate posible?

Distintas personas expusieron esta semana ante el plenario de comisiones de la Cámara de diputadas y diputados a favor y en contra de la legalización del aborto. ¿Cuál es el debate posible entre dos posturas que parecen irreconciliables? Diálogo con Alejandra Ciriza.

Aborto legal: ¿hay debate posible?

Foto: Facebook de Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito

Sociedad Especiales IVE 2020 / por Unidiversidad / Julia López / Publicado el 04 DE DICIEMBRE 2020

Entre el 1.º y el 3 de diciembre, 70 especialistas explicaron a integrantes de comisiones legislativas sus argumentos para legalizar o no la interrupción voluntaria del embarazo. El plenario de comisiones comenzó con las exposiciones de la secretaria Legal y Técnica, Vilma Ibarra; el ministro de Salud, Ginés González García, y la ministra de Mujeres, Géneros y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta. 

Esta semana –al igual que durante los largos meses de 2018– dio muestra de una democracia consolidada. Participaron expertos y expertas de distintas disciplinas: medicina, ciencias jurídicas, salud y políticas públicas, filosofía, sociología, religión. Más allá de los tópicos expuestos, parece haber un diálogo imposible. 

¿Cuál es el debate posible entre dos posturas que parecen irreconciliables? Por un lado, los feminismos con su argumentación sobre la autonomía de los cuerpos y, por otro lado, los fundamentalismos religiosos con sus ideas acerca de Dios y la concepción. Sobre esto, desde Unidiversidad dialogamos con Alejandra Ciriza, activa militante feminista, investigadora de Conicet y docente de Filosofía.

“Cuando los términos están tan polarizados, no hay manera de entablar diálogo. En realidad, el debate es imposible porque esto no es un problema de malentendidos. Es decir, no es un problema simplemente de que el otro escuchó mal o interpretó una palabra en un sentido diferente. Es como dice Rancière, no es un problema de malentendido sino que es un problema de desacuerdo”, introdujo Alejandra Ciriza.

Algunas exposiciones en contra de la sanción de la ley de interrupción voluntaria del embarazo han sido muy elocuentes respecto del posicionamiento religioso. Osvaldo Carnival, pastor evangélico, sostuvo en su discurso: “la vida le pertenece a Dios. Dios determina la hora de nacer y la hora de morir”. Además, tuvieron sus siete minutos ante las comisiones otro pastor, un cura, un rabino y el presidente del Centro Islámico de la República Argentina.

Aborto legal: comienza la semana con el debate de 50 expositores

La Cámara de Diputados abrirá el debate en comisiones del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) con la presencia de funcionarios del Poder Ejecutivo Nacional y la exposición de unos 50 referentes, 25 a favor y 25 en contra. Luego buscará emitir dictamen de la iniciativa el viernes 4 de diciembre.

Al respecto, la docente de Filosofía explicó su posición: “Me parece que esa exhibición de la confesionalidad es la naturalización de que esa es la verdad suprema. ¿Por qué lo disimularían? Si en realidad lo pervertido para elles es que las personas que no somos creyentes reclamemos nuestro derecho a la aconfesionalidad, el derecho a la laicidad”.

Ante esta situación, el aporte de la docente sigue anclado en la epistemología: “Lo que te diría Kuhn es: estás ante un problema de inconmensurabilidad. Es decir, allí donde un fundamentalista ve una recipienta, nosotras vemos una ser humana, un ser humane con autonomía, una vida, unos proyectos, una corporalidad. Mientras para elles las personas gestantes son vasijas, para nosotres, las personas gestantes y las mujeres somos seres con una vida, con un cuerpo”.

En este escenario de desacuerdos, lo que hay son personas que viven, habitan y piensan mundos culturales distintos. Son concepciones del mundo radicalmente diferentes, explica Alejandra Ciriza.

Día por día: cómo será el debate sobre el aborto legal en Diputados

La Cámara de Diputados abrirá el debate en comisiones del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) con la presencia de funcionarios del Poder Ejecutivo Nacional y la exposición de unos 50 referentes, 25 a favor y 25 en contra, tras lo cual buscará emitir dictamen de la iniciativa el viernes 4 de diciembre.

“Cuando alguien dice ‘el niño por nacer’, no hay una traducción para nosotras (...)  Para nosotras, un aborto no es un niño por nacer —ejemplifica la activista feminista—. También ponemos en cuestión que se hable de mortalidad materna porque la mayor parte de las mujeres que mueren en eventos gestacionales es debido a su voluntad de no ser madres. Entonces, para nosotras es un crimen de clase lo que para ellos es defensa de la vida”.

Los ejemplos sobran. Profesionales de la medicina a favor de la ley refieren el hecho de que los abortos existen y la legalización ayudaría a lograr una atención temprana de las mujeres y de toda persona con capacidad de gestar que quiere acceder a un aborto. Eso reduciría las complicaciones por abortos inseguros –a los que se someten sobre todo las más vulnerables–, las interrupciones a una edad gestacional avanzada y los riesgos de la clandestinidad.

Comisiones de Diputados postergaron la firma del dictamen sobre IVE para el miércoles

Los presidentes de bloques e interbloques de la Cámara de Diputados llegaron a un principio de acuerdo para que los proyectos de Interrupción Voluntaria del Embarazo y del Plan de los 1000 Días tengan dictamen el miércoles de la semana próxima, con el objetivo de debatirlos un día después en un recinto con mayoría de legisladores presenciales.

La contraparte, médicos y médicas en contra de la ley, hace hincapié en la existencia de la vida humana desde la fecundación –o concepción–, es decir, desde el encuentro del ovocito con el espermatozoide. Esta vida humana sería equiparable a una persona y, aseguran, tienen tanto deber de proteger al embrión como a la persona gestante.

Si bien son argumentos con una profunda base religiosa, “en los últimos años han hecho unos cuantos esfuerzos para disimular porque han buscado revestir sus argumentos de cientificidad”, asegura Ciriza. ¿Cómo? “Por ejemplo, aprovechándose de nuevas técnicas de diagnóstico de embarazo para argumentar en favor de ese otro ser que para elles tiene mucha más dignidad que las mujeres”.

Con el campo de las ciencias jurídicas sucede el mismo fenómeno. Quienes están a favor de la legalización del aborto recurren a fallos, tratados, códigos que demandarían la necesidad de contar con una ley que garantice el acceso seguro a la interrupción voluntaria del embarazo. Quienes están en contra recogen jurisprudencia según la cual la vida humana existe desde la concepción y el producto de ese hecho tendría tantos derechos como una persona nacida. “Se han visto forzados a buscar una gama más amplia de argumentos —sostiene la feminista—, pero no pueden soslayar al cura ni al pastor, porque ese es verdaderamente el portador de la palabra divina”.

“En el fondo de la prohibición del derecho a abortar, lo que hay es la voluntad de ejercer poder, dominación y explotación sobre otras personas con vistas a la reproducción. Del otro lado, estamos quienes defendemos esa dignidad de los cuerpos de las mujeres y personas gestantes”, sostuvo Alejandra Ciriza.

Continuando con el análisis sobre las exposiciones ante el plenario de comisiones, también cabe cuestionarse si es equitativa la división del total de declaraciones en mitades, 35 personas a favor de la ley de interrupción voluntaria del embarazo y 35 personas en contra. La premisa es pensar que la base de poder de la que parten las religiones no es la de los feminismos. 

“Las feministas no somos poderosas. La iglesia católica es muy poderosa. Todavía no hemos logrado la laicidad. (...) Las instituciones u organismos ‘mujer’ o ‘diversidad’ dentro del Estado tienen una enorme vulnerabilidad, una enorme variabilidad en razón del signo político del gobierno de turno, no es política de Estado. La defensa de la confesionalidad, en cambio, sí es política de Estado en la Argentina”.

Pero no solo es una diferencia de poder, también es una diferencia de paradigmas. “Hay necesidad de montar un escenario democrático para legitimar la legalización y está bien porque son las reglas del juego (...) Como ritual de la democracia, con todos sus problemas, es comprensible. Pero como espacio de debate —de debate político, de construcción verdadera de consensos— no tiene sentido”, concluyó Ciriza.