Cardozo en Mendoza: el inglés que dejó atrás las diferencias bélicas

Enterró a soldados argentinos caídos en la Guerra de Malvinas de 1982 y fue nominado, junto al excombatiente argentino Julio Aro, al Premio Nobel de la Paz.

Cardozo en Mendoza: el inglés que dejó atrás las diferencias bélicas

Geoffrey Cardozo disertó en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCUYO junto a Julio Aro. Foto del coronel británico en la época de la guerra publicada en ritmoparana.com.

Sociedad

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Unidiversidad

Milagros Martín Varela

Publicado el 17 DE AGOSTO DE 2018

Durante su visita a Mendoza, Geoffrey Cardozo, coronel británico que armó el Cementerio de Darwin en Malvinas, dialogó con Unidiversidad acerca de la nominación al Premio Nobel de la Paz. Fue propuesto junto a Julio Aro, excombatiente argentino en Malvinas, por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Tanto Cardozo como Aro aseguraron que el premio mayor lo tuvieron cuando vieron a las madres de los caídos en combate poder sentarse junto a las tumbas de sus hijos, con sus nombres colocados en las placas.

Es que ambos soldados –británico y argentino– fueron quienes tuvieron la iniciativa de exhumar y reconocer los cuerpos enterrados en el Cementerio de Darwin para identificar las tumbas. Por este motivo, fueron postulados por la UNLP para el Premio Nobel de la Paz. A pesar de que los dos consideran que se trata de un enorme gesto, también coincidieron en que el premio más grande ya lo ganaron.

“El premio más fuerte e importante de mi vida fue ver aparecer una sonrisa en el rostro de una madre con lágrimas, que yo podía secar con mis mejillas un poco mojadas también”, expresó conmovido Cardozo. “Este, para mí, es el premio más grande de mi vida. Esta idea de un premio Nobel es importante, pero creo que es la postulación más importante que la nominación. Hay personas que han hecho cosas mucho más importantes cuando hay terremotos, guerras civiles. Hay niños que sufren de hambre. Tenemos que tener en cuenta el contexto mundial”, remarcó.

 

Enterrar los cuerpos

El coronel británico fue quien, con 32 años, fue enviado a Malvinas en 1982 con el deber de “la disciplina de los soldados” compatriotas que habían sobrevivido a la guerra. Es decir, debía ayudarlos a evitar problemas psicológicos, que cayeran en adicciones como el alcohol; entre otras cosas, pero en determinado momento lo llamaron porque los soldados ingleses habían encontrado un cuerpo de uno de los caídos argentinos y no sabían qué hacer con él.

Cardozo no encontró la chapa del soldado caído en combate, en la que debía estar, al menos, su tipo de sangre y su número militar. El coronel, según recuerda, pensó en la madre de ese hombre que yacía ante él y en cómo la suya lo había besado y abrazado antes de viajar de Londres a Malvinas.

A partir de ese momento, a Cardozo le encargaron la tarea de los cuerpos. Fue así como, después de varios meses (el último cuerpo argentino lo encontró el 11 de noviembre de 1982) terminó por crear tumbas para los soldados argentinos caídos en combate en lo que ahora es el Cementerio de Darwin. Años después, en 2008, conoció a Julio Aro, a quien le entregó un sobre con toda la información que había podido rescatar de los hombres a los que había enterrado como si fueran sus propios hijos. “Ustedes van a saber qué hacer con esto”, le dijo a Aro.

Es así como, a mediados del año pasado y por iniciativa de ambos, se pudo concretar las tareas de exhumación y reconocimiento de cuerpos. Ahora, de 121 “soldados conocidos sólo por Dios”, ya hay 97 tumbas que tienen placas con nombres y apellidos. Por su parte, Julio Aro, junto a la Fundación No Me Olvides, sigue buscando a familiares de caídos en Malvinas para poder seguir cotejando ADN e identificando restos. Tienen esperanzas y expectativas en que, a fin de año, ya sean 100 los caídos que tengan una tumba con su nombre.

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