Dióxido de cloro: de los 83 estudios que circulan en redes, ninguno avala el consumo humano

El divulgador científico Diego Rodríguez revisó la lista de investigaciones y no encontró ningún estudio que aliente a consumirlo o cure alguna enfermedad.

Dióxido de cloro: de los 83 estudios que circulan en redes, ninguno avala el consumo humano

Foto: Manuel Yomal

Ciencia Unidiversidad Especial Ciencia y COVID-19 / por Unidiversidad / Publicado el 21 DE AGOSTO 2020

Las redes sociales son un ámbito en el que circula información de manera veloz. Sin embargo, en muchas ocasiones se transmiten noticias que no son verdaderas. En pleno contexto de pandemia, el dióxido de cloro saltó a la fama al atribuirle propiedades curativas en humanos. Por esta razón, el divulgador científico Diego Rodríguez publicó un artículo en “Factor 302.4: el blog de Alejandro Agostinelli” (reconocido periodista científico) en el que expresó que de los 83 estudios, ninguno es apto para el consumo humano.

“Los cultores del dióxido de cloro copian y pegan este link o los links sacados de allí para intentar convencer a los incautos de que está probado científicamente que tomar cloro cura enfermedades. Pues bien, spoiler alert: resulta que NO. Ninguno de esos estudios hablan de consumir dióxido de cloro para curar ninguna enfermedad”, indica la publicación de Rodríguez en el blog.

De esta manera, de los 83 estudios presentes en el link, que pretenden avalar el uso del dióxido de cloro como remedio casero que cura el Covid-19, 22 están repetidos. Es decir, algunos estudios tienen su link original y otro link que lo guarda en otro sitio. Incluso hay dos estudios que están repetidos tres veces.

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Al mismo tiempo, 17 no son estudios. Hay patentes (actos de registro sin comprobación científica), minutas de reunión, artículos de opinión y hasta monografías. “El colmo: uno es un folleto promocional de una empresa que produce máquinas para fabricar dióxido de cloro”, detalla Rodríguez.

Por esta razón de los 83 estudios, solo 44 son estudios científicos reales. En ese sentido, el autor de la investigación realizó una planilla a modo de análisis y descripción de los mismos.

“Nueve son sobre uso externo, 6 son sobre uso externo en forma gaseosa, 3 son sobre su uso como enjuague bucal, 6 son estudios no relacionados, 7 son sobre potabilización del agua, 1 es sobre tratamiento de aguas fecales, 1 es para su uso en procesos industriales, 1 es para su uso como desinfectante en transfusiones de glóbulos rojos, 9 se refieren a dosis de seguridad y 1 aborda el caso de las abejas longevas”, describió Rodríguez.

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Algunas investigaciones detallan la efectividad del dióxido de cloro para desinfectar habitaciones y objetos, otras ni siquiera lo mencionan. A su vez, los 9 estudios que refieren a dosis de seguridad, destacan que en humanos se probó por períodos cortos hasta 24 partes por millón (ppm), y por 12 semanas dosis de 5 ppm, y no causaron daños.

“Estos son números bajos para las dosis que suelen consumir los cloreutas. La mayoría coincide en que, en dosis mayores (a partir de 100ppm), se encuentran efectos adversos: un marcado descenso del glutatión (indicando estrés oxidativo), disminución de la hormona tiroxina (aparentemente por un mecanismo de competencia), anemia hemolítica leve, defectos en los glóbulos rojos, disminución de la síntesis de ADN en los intestinos, y espermatogenia reducida (es decir, se generan menos espermatozoides)”, expresa el artículo del blog.

 

Estudio 44: el caso de las abejas longevas 

En 1972 se hizo un experimento con abejas. Se las separó en 6 grupos, uno se dejó para control, y a los otros se les mezcló en la sucrosa que comían 1ppm, 10ppm, 100ppm, 1.000ppm, y 10.000ppm de dióxido de cloro. Si bien las que recibieron 1.000ppm y 10.000ppm murieron enseguida, el grupo de control y el de 1ppm vivieron más o menos lo mismo, pero los grupos de 10ppm y 100ppm vivieron más que los otros.

“Las abejas a las que les mezclaron dióxido de cloro en su comida tuvieron, en promedio, una vida más larga. ¿Por qué? Puede ser, por ejemplo, porque la alteración del sabor les hizo comer menos (es lo que se ve en tablas numéricas) y se sabe que mantener una dieta baja en calorías alarga la vida. Puede ser que alguna bacteria o virus en la sucrosa resulta inactivada por la desinfección del cloro, puede ser que tengan una variación en la flora intestinal de la abeja a causa del cloro, o muchos factores más. No es extrapolable a los humanos directamente”, concluye la investigación.

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