Bono demográfico, una oportunidad para planificar el país ante el envejecimiento poblacional

La baja tasa de fecundidad y el aumento sostenido de la esperanza de vida marcan una transición del país hacia el envejecimiento poblacional. Hasta 2065, hay un periodo económicamente favorable en que la población activa crece más que la dependiente (infancias y personas mayores) y es momento de reconfigurar políticas públicas, sobre todo en el sector salud.

Bono demográfico, una oportunidad para planificar el país ante el envejecimiento poblacional

Hasta 2065, va a haber más población en edades potencialmente activas que dependientes económicamente. Foto: Magnific

Sociedad

Unidiversidad

Julia López

Publicado el 03 DE AGOSTO DE 2026

Un estudio de Ministerio de Salud, una agencia de ONU y el BID advierte que la transición demográfica marcha hacia un envejecimiento poblacional por dos factores: disminución de la tasa de fecundidad y aumento de la esperanza de vida. El documento no tiene un enfoque pesimista, sino que ve una oportunidad en lo que llama “bono demográfico”. Básicamente, dice que hasta 2065 hay un periodo económicamente favorable en el cual la población potencialmente activa (de 15 a 64 años) crece más rápidamente que la población potencialmente dependiente (niños, niñas y personas mayores). El bono no es bueno por sí solo, hay que saber aprovecharlo con reconfiguraciones sectoriales y políticas públicas.

El informe titulado “Análisis de Situación de la Población (ASP) con foco en salud” es un estudio estratégico elaborado conjuntamente por el Ministerio de Salud de Argentina, el Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El estudio caracteriza las principales tendencias demográficas del país y, por su foco particular, describe sus efectos actuales y proyectados sobre los perfiles epidemiológicos, para poder así aportar evidencia que sirva de insumo para la planificación y configuración del sector salud en Argentina.

Aunque existen brechas territoriales relevantes, la dinámica demográfica de nuestro país en los últimos años se caracteriza por dos fenómenos centrales: la caída de la fecundidad y el aumento sostenido de la esperanza de vida, es decir, hay menos nacimientos y las personas vivimos más. En conjunto, estos procesos están reconfigurando la estructura etaria y eso se refleja en una pirámide poblacional que se angosta abajo, en la población más joven, y se ensancha al medio, en las edades intermedias.

La tasa de fecundidad viene en descenso. Según organismos especializados, esto se debe a la disminución de la fecundidad en la adolescencia, la disminución de la fecundidad en las mujeres de nivel educativo bajo y factores económicos, sociales y culturales, como la postergación del primer hijo o hija, en un contexto de ampliación de derechos en salud sexual y reproductiva. Aunque hay matices entre las distintas jurisdicciones, para el año 2022 todas las tasas provinciales se ubicaron por debajo del nivel de reemplazo poblacional —es decir, debajo de 2,1 hijas e hijos por mujer—. 

Por su parte, la esperanza de vida al nacer permite sintetizar el nivel general de mortalidad de una población. Para el año 2023, la esperanza de vida se estimaba en los 77,8 años —80,6 años para mujeres y 74,8 años para hombres—. En Argentina, estos niveles son más altos que el promedio de América Latina y el Caribe. Y tanto nuestro país como la región han seguido un ritmo constante de aumento, solamente interrumpido por la pandemia de COVID-19, según informa la Cepal. Se espera que para 2040 la esperanza de vida alcance aproximadamente 83 años en mujeres y 78,7 años en varones, es decir que, además de crecer, va a reducir la brecha entre sexos a 4,3 años. 

 

 Pirámide de Población Argentina. Gráficos del informe “Análisis de Situación de la Población (ASP) con foco en salud”, del Ministerio de Salud de la Nación, UNFPA y el BID. Fuente: Indec

El bono demográfico

Entre la menor cantidad de nacimientos y las vidas más largas, se está modificando la estructura etaria de la población. Por un lado, se observa una clara disminución en el porcentaje de personas menores de 15 años, que pasó de ser el 25 % de la población total en 2010 al 22 % en 2022 —con una proyección que lo sitúa en el 14 % para 2040—. Paralelamente, la población en edad de trabajar —de 15 a 64 años— creció del 64 % al 66 % en el mismo período. Se espera que alcance su punto máximo (69 %) en 2034 y luego iniciaría el descenso. 

La disminución de la población infanto-juvenil y el incremento de la población en edades activas genera una ventana de oportunidad denominada “bono demográfico”. Se refiere al período económicamente favorable en que la población potencialmente activa crece más rápido que la población potencialmente dependiente (niños y personas mayores). 

En la presentación del informe estuvieron presentes el ministro de Salud de la Nación y representantes de UNFPA y el BID. Foto: UNFPA

Si bien el país aún se encuentra en una etapa en la que la estructura etaria ofrece oportunidades de desarrollo, el bono demográfico es un fenómeno de duración limitada. Lo que dice el estudio del Ministerio de Salud, UNFPA y el BID es que estas oportunidades no llegan solas, sino que deben ser aprovechadas mediante reconfiguraciones sectoriales y políticas públicas consistentes con las tendencias demográficas esperadas. Hay que actuar con inteligencia demográfica, afirma el informe, en todos los sectores.

Esta oportunidad potencial requiere que el aumento de la población económicamente activa ocupada se traduzca en empleo formal, una condición necesaria para generar los recursos que financian los sistemas de salud y de protección social. Sin procesos de formalización, no hay forma de que el crecimiento de la población económicamente activa se traduzca en los aportes requeridos para sostener —en el mediano y largo plazo— el financiamiento del sistema frente al aumento de la población potencialmente dependiente. 

Se estima que el bono demográfico finalizará alrededor de 2065, cuando la relación de dependencia llegue a 65, es decir, 65 personas potencialmente dependientes por cada 100 en edades activas, y empiece a superar el máximo histórico alcanzado a finales de la década de 1980, pero esta vez por el peso creciente de la población mayor. 

La oportunidad

En este contexto, presentan al "Análisis de Situación Poblacional" como una herramienta clave para generar evidencia orientada a la planificación y configuración del sector salud. El informe pone de relieve desafíos en todo el territorio nacional, particularmente en la necesidad de adecuar la oferta de servicios a esta transición demográfica. Por ejemplo, hay una discordancia estructural en la composición del personal de salud: incluso en las jurisdicciones más envejecidas, la disponibilidad de pediatras supera ampliamente a la de geriatras, lo que pone de manifiesto tensiones entre la organización histórica del sistema y las necesidades sanitarias actuales y futuras de nuestra población. 

El envejecimiento poblacional no conlleva necesariamente un aumento elevado del gasto en salud”, sostienen en el estudio. En los costos del aumento de la esperanza de vida resultan más determinantes factores como la organización del sistema sanitario, el nivel de ingresos, los precios de los servicios y la complejidad del envejecimiento —especialmente la carga de enfermedad—. Las condiciones sociales, económicas y sanitarias acumuladas a lo largo del curso de vida son determinantes clave de la salud y la equidad en la vejez

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Por eso resulta clave poner el foco en la calidad del envejecimiento, es decir, promover y sostener las capacidades funcionales que hacen posible el bienestar en las edades avanzadas. Aprovechar la ventana del bono demográfico exige no solo adaptar los sistemas al envejecimiento poblacional, sino también intervenir tempranamente en las trayectorias vitales. 

Por el contrario, no invertir en promoción y prevención puede resultar especialmente costoso. Si las prevalencias de condiciones crónicas por edad no se reducen, el envejecimiento poblacional derivará en aumentos significativos de personas con obesidad y sobrepeso, hipertensión, hipercolesterolemia, diabetes, discapacidad. La inacción en etapas tempranas se traduce en mayores costos sanitarios y sociales en el futuro.

Brechas territoriales en la transición demográfica

Habitualmente, la descentralización de los sistemas de salud —la autonomía de las provincias y municipios en la gestión de recursos, prestaciones, financiamiento y regulación— es vista como una herramienta idónea para mejorar la gestión de los recursos a nivel local. Sin embargo, su implementación en Argentina combinada con una rectoría nacional débil desde la década del 90 ha contribuido a profundizar las desigualdades interjurisdiccionales.

Diversas trayectorias implican agendas sanitarias diferenciadas, explica el estudio. Las jurisdicciones más envejecidas (CABA) enfrentarán presiones crecientes sobre cuidados de larga duración y atención de enfermedades crónicas; las jurisdicciones jóvenes (NOA, NEA y Sur del país) deberán aún sostener mayores inversiones en salud materno-infantil y adolescencia sin perder de vista el envejecimiento incipiente. Mendoza, con las provincias del centro, está en un grupo de provincias en etapa de transición intermedia.

Esto significa que cada provincia necesita diagnósticos adaptados a su situación, más precisos, relevantes y oportunos. Es la única manera de favorecer la microplanificación, es decir, el diseño de estrategias más pertinentes, cercanas y consistentes con las necesidades locales.

 

Fuente: UNFPA, Ministerio de Salud, BID

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