El Nobel de Medicina explicado por científicos y científicas de Conicet

Las investigaciones premiadas tienen importantes aplicaciones en el tratamiento del dolor crónico y de muchas enfermedades, y se vinculan con trabajos del equipo científico argentino.

El Nobel de Medicina explicado por científicos y científicas de Conicet

Foto: Academia de Ciencias de Suecia

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Publicado el 04 DE OCTUBRE DE 2021

El premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2021 se otorgó este lunes a los científicos estadounidenses David Julius y Ardem Patapoutian por “su descubrimiento de los receptores de la temperatura y el tacto”.

Los hallazgos de los dos premiados “han permitido entender cómo el calor, el frío y la fuerza mecánica pueden generar impulsos nerviosos que nos permiten percibir el mundo en torno a nosotros y adaptarnos a él”, señala el comunicado de la Academia de Ciencias de Suecia. Sus investigaciones tienen importantes aplicaciones en el tratamiento del dolor crónico y de muchas enfermedades, y se vinculan con trabajos de científicos y científicas del Conicet.

David Julius, fisiólogo de la Universidad de California de 66 años, identificó años atrás el sensor de las terminaciones nerviosas en la piel que responden al calor utilizando capsaicina, un compuesto de los pimientos picantes. Por su parte, Ardem Patapoutian, un biólogo y neurocientífico armenio de 45 años que se crio en Líbano y actualmente tiene nacionalidad estadounidense, descubrió los sensores celulares de la piel y también de los órganos internos que responden a la presión.

“Conocí a David Julius durante un curso en 1998 que vino a dar a Buenos Aires invitado por científicos y científicas del Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular (Ingebi, Conicet)”, recordó Cristian Acosta, investigador del Conicet en el Instituto de Histología y Embriología de Mendoza (IHEM), cuyos estudios buscan mejorar el tratamiento del dolor crónico o patológico.

Foto: David Julius y Ardem Patapoutian, premios Nobel de Fisiología o Medicina de 2021

“Su grupo descubrió la molécula que detecta los estímulos que vienen desde afuera o desde adentro, que tienen que ver con el dolor –continuó la investigadora–. Fue un descubrimiento científico clave para comprender el funcionamiento de las neuronas sensoriales. Patapoutian, por su parte, que escribió hace varios años una pieza para la Asociación Argentina de Estudios del Dolor, descubrió los canales que responden a la deformación mecánica de la membrana celular, fundamentales para otorgar sensibilidad mecánica, como el tacto. Los estudios de ambos científicos fueron clave para lograr avances en el estudio del dolor”, aseguró.

Acosta señaló: “El premio Nobel nunca alcanza a distinguir a todos los que hicieron aportes significativos en un campo. Con este premio, quedaron investigadores muy importantes afuera, pero el comité se centró en quienes hicieron la contribución inicial al proceso, y desde ese punto de vista, me parece justo que los distingan: Julius abrió la caja de Pandora de los receptores de potencial transitorio; Patapoutian abrió esta cuestión de saber que existen canales asociados realmente y proteínas involucrados en la detección de la deformación mecánica y muchas otras funciones”.

Florencia Coronel es investigadora del Conicet y directora del Laboratorio del Dolor en Cáncer del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (IIMT, Conicet-Universidad Austral) y recibió con “mucha emoción” la noticia de que el máximo galardón del área de Medicina había sido otorgado a estos científicos.

“Son dos figuras importantísimas en los congresos de dolor: los que trabajamos en este campo nos pasamos la vida leyendo sus publicaciones. Yo doy clases periódicamente en cursos de dolor y siempre los nombro. Me puso muy contenta que los destacaran por su trabajo, que es absolutamente relevante porque abrieron la posibilidad de desarrollar terapias que apuntan a los receptores periféricos para el tratamiento de dolor crónico”, afirmó Coronel.

Tal como explica, “los receptores que descubrieron hace doce años detectan tanto estímulos inocuos como nocivos. Los receptores que ellos descubrieron en las neuronas detectan estímulos como el calor nocivo –temperaturas mayores a 43 grados centígrados, que también se activan cuando comemos comida picante–. Otros receptores que descubrieron son los que detectan estímulos táctiles, otra sensación de frescor, o el dolor inducido por estímulos mecánicos. Es decir, son los receptores que nos permiten tejer, agarrar una lapicera, caminar, pero también median el dolor en situaciones patológicas, como en los pacientes con diabetes: a los pacientes con diabetes, su condición puede producirles que sientan dolor al contacto con una sábana, por ejemplo. En esos casos, están estos receptores involucrados, y la evolución de esta temática podría llevar alivio a este tipo de pacientes si logramos desarrollar terapias para mitigar estos receptores en condiciones patológicas”.

Coronel recuerda que en 2010 asistió a la presentación del descubrimiento de Patapoutian en un congreso del dolor: "Fue sumamente emocionante: hasta ese entonces, todavía no se había logrado hallar el mediador encargado de detectar este tipo de estímulos”. Para la cientìfica, “el hecho de que se haya otorgado este premio a estos descubrimientos, dejando de lado el desarrollo de las vacunas contra el coronavirus, muestra la relevancia que tienen sus investigaciones, aún en contexto de pandemia”.

Por su parte, el investigador del Conicet Jorge Gurlekian, responsable del Laboratorio de Investigaciones Sensoriales (LIS), opinó: “Definitivamente, Julius y Patapoutian confirmaron dos sentidos que se agregan a los cinco más populares, con las características de detectar información del medio interno y externo, y con los atributos semejantes a los sentidos más conocidos: detección y discriminación. Hoy podemos decir que hay siete sentidos, y seguramente muchos más, como el sentido del equilibrio, que afecta cada vez más a los adultos mayores. El sentido de la temperatura afecta al del gusto, y el de la presión, al de la audición”.

Fuente: Prensa Conicet

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