En un mundo de reacción conservadora y patriarcal, los feminismos salen a la calle

El contexto expone una avanzada antifeminista: en redes sociales, manosfera, incels, tradwives; en la vida analógica, desfinanciamiento de las políticas de género, negación de las desigualdades, discursos de odio. Para reclamar por las demandas históricas y por las coyunturales, los feminismos sostienen la estrategia de la movilización social.

En un mundo de reacción conservadora y patriarcal, los feminismos salen a la calle

La movilización colectiva y masiva fue la marca distintiva de los reclamos feministas del siglo XXI. Foto: Unidiversidad

Sociedad

Unidiversidad

Julia López

Publicado el 05 DE MARZO DE 2026

Como cada 8 de marzo, miles de mujeres, diversidades y colectivos feministas saldrán a las calles para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras. Sin embargo, el escenario social y político que convoca a esta movilización no es el mismo de años pasados: por un lado, hay conquistas que marcaron hitos históricos; por otro, existen fuerzas reaccionarias, culturales, digitales y políticas que condicionan esos avances.

El feminismo global ha transitado un largo camino desde sus primeras olas organizadas por el derecho al voto y la participación política. Ya en el siglo XXI, la agenda feminista abarca igualdad salarial —hoy, la brecha en Argentina es del 26,7 %—, derechos sexuales y reproductivos —como la implementación de la educación sexual integral y el aborto legal—, políticas contra la violencia de género —en nuestro país hay un femicidio cada 34 horas—, herramientas para la distribución de las tareas de cuidado —las mujeres dedican a ellas más del doble de tiempo que los varones— y la ampliación de derechos para personas trans y no binarias —cuya discriminación resulta en que su expectativa de vida promedio no supere los 40 años—.

En Argentina, la lucha cobró especial visibilidad con el movimiento Ni Una Menos (2015), que puso en el centro de la agenda pública la violencia machista y los femicidios. En 2020, tras años de activismo, debates y movilizaciones, el país logró la legalización del aborto, una conquista histórica para América Latina, seguida por la implementación de protocolos de salud y con el refuerzo de la educación sexual integral en diversas jurisdicciones, promovida por una ley de 2005.

 Las movilizaciones feministas de la última década han sido masivas. Foto: Unidiversidad

En Mendoza, las marchas del 8M, del 3 de junio y por la legalización del aborto se consolidaron como expresiones multitudinarias. Fueron miles en las calles, integrando columnas que reclaman medidas concretas frente a la violencia machista, presupuesto para políticas de género, ampliación de derechos laborales y sociales, políticas para combatir la feminización de la pobreza y la desigual distribución de los cuidados.

“La década entre 2010 y 2020 fue una etapa de enorme movilización social en la que el feminismo logra instalar temas que antes no estaban en el centro de la agenda pública”, sostuvo la integrante de Ni Una Menos Mendoza Laura Maya Rossini. “Lo que estamos viendo hoy es una reacción frente a esos avances y una disputa por el sentido de esos cambios”, agregó.

La reacción

Junto a esas conquistas, en los últimos años emergieron contracorrientes culturales que desafían las narrativas feministas. No se trata únicamente de debates académicos, sino de fenómenos sociales con impacto real en la cultura y el discurso público. Se posicionan contra los feminismos no de manera pasiva, sino que arremeten contra ellos, niegan las desigualdades, se ubican en el lugar de víctimas y refuerzan los conceptos morales de Dios, patria y familia.

En el plano virtual, comunidades y tendencias como la manosfera —que reúne a grupos de hombres que reaccionan contra los discursos feministas—, los incels —involuntariamente célibes, hombres que promueven discursos de victimización hacia ellos y hostilidad hacia las mujeres—, y el movimiento Men Going Their Own Way (MGTOW) se expandieron en redes y foros, con visiones que rechazan la perspectiva de igualdad de género.

Al mismo tiempo, surgieron figuras y narrativas dirigidas a mujeres que abrazan modelos tradicionales de género. Las llamadas tradwives o “mujeres de alto valor” promueven estilos de vida centrados en la domesticidad, la dedicación al marido y la familia tradicional como respuesta aparente a la emancipación femenina. Muchas veces presentadas con estética aspiracional en plataformas digitales, en realidad, estas tendencias son leídas como parte de una reacción —no siempre explícita— al feminismo y a la ampliación de roles sociales para las mujeres.

Rossini destaca que esos fenómenos de reacción cultural en redes y todas las narrativas que promueven modelos tradicionales de género son parte de un discurso mayor que busca cuestionar o deslegitimar el feminismo y que forman parte de un clima cultural más amplio de incertidumbre política, económica y social.

“No me quiero olvidar de los discursos de odio del presidente (Javier Milei), más allá de lo que pasa en las redes sociales. Es casi una violencia institucional, una violencia simbólica ejercida desde el Estado hacia las mujeres, y me parece que es importante destacarlo porque muchos de los condimentos de las redes sociales tienen que ver con esa misoginia”.

Sin embargo, la negación de las desigualdades no queda solo en el plano virtual, sino que impacta directamente en el retroceso en políticas de equidad de género. Por eso, explica la militante de Ni Una Menos, a las reivindicaciones históricas del movimiento feminista —la lucha por las desigualdades estructurales, la violencia machista, las brechas salariales, la precarización laboral, la desigual distribución de las tareas de cuidado— aparecen demandas vinculadas al contexto actual —como la defensa de las políticas de género, la necesidad de sostener los derechos conquistados, el reclamo por la “casi disolución” del área de género de la provincia de Mendoza—. “No vemos que se haya avanzado en este gobierno de Milei en ninguna, solamente ha habido retrocesos”, remarcó Rossini.

Argentina es parte de un contexto mundial en el que, a pesar de los avances de la agenda feminista en legislación y políticas públicas, también se desplegaron voces que cuestionan estas conquistas como “ideología de género” o exceso de políticas estatales.

La convocatoria en Mendoza

Laura Maya Rossini sostuvo que los retrocesos son, justamente, el motor para sostener la estrategia de movilización en el marco del 8M, porque los logros son producto de la demanda colectiva: “Es momento clave para visibilizar las desigualdades y para recordar que los avances logrados fueron producto de nosotras en la calle”, remarcó la activista.

En Mendoza, la convocatoria no fue el mismo 8, sino que se articuló —como el año pasado— con el contracarrusel del 7 de marzo, un espacio donde confluyen distintos movimientos sociales, colectivos ambientales, territoriales, sindicales, feministas, estudiantiles. La asamblea que organizó la movilización tomó esta decisión en el entendimiento de que las demandas y las necesidades de las mujeres no son aisladas, sino transversales.

“Hay un punto en la lucha unida de todos los sectores sociales mendocinos que me parece sumamente interesante, y desde Ni Una Menos lo reivindicamos”, indicó la militante. Es un reclamo vinculado a la histórica demanda por autonomía de los cuerpos e igualdad de derechos; por la falta de trabajo que afecta particularmente a las mujeres; en defensa del agua; por las consecuencias en los cuerpos y en los territorios de los pasivos ambientales que dejan los proyectos de megaminería; en repudio al gobernador, Cornejo, y al comisario, Mario Riili, por la represión y criminalización de la protesta social en distintas marchas, mediante operativos que hicieron uso excesivo de la fuerza y detuvieron manifestantes.

8m, marzo, mujeres, ,