La cultura de la vacunación en Argentina, más arraigada que el movimiento antivacunas

Especialistas señalaron que los calendarios de inmunizaciones y los programas de salud escolar convirtieron a esta práctica en una "rutina que no suele cuestionarse".

La cultura de la vacunación en Argentina, más arraigada que el movimiento antivacunas

Foto: Prensa Gobierno de Mendoza

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Unidiversidad / Fuentes: Télam/Ana María Woites

Publicado el 23 DE AGOSTO DE 2021

Según especialistas, la gran adhesión en Argentina a la vacuna contra la COVID-19 se debe a que el país, en las últimas décadas, forjó una cultura de la vacunación en la que los calendarios y los programas de salud escolar lograron que esa práctica sea "una rutina que no suele cuestionarse". Sobre las razones de la minoría que no se vacuna, explicaron que las causas son la desinformación y el miedo.

La presidenta de la Sociedad Argentina de Inmunología (SAI), Mariana Maccioni, aseguró: "La Argentina tiene arraigada una cultura de la vacunación. El tener vacunatorios gratuitos a lo largo y a lo ancho de todo nuestro país es una prueba de ello".

Al respecto, la médica cordobesa recordó que, en su niñez, la vacunación se realizaba casa por casa. "Toda esa cultura de la vacunación hace que los argentinos tengan una gran adhesión a las vacunas", aseguró.

La infectóloga Analía Urueña, de la Sociedad Argentina de Vacunología y Epidemiología (SAVE), afirmó que esta confianza, "tanto en la Argentina como en casi toda Latinoamérica", está asociada también desde hace muchos años "a un fuerte trabajo del programa ampliado de inmunizaciones de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), que mostró sus logros en la reducción de enfermedades graves, como la polio o el sarampión, en las Américas". Agregó: "Los programas de salud escolar también ayudaron a incorporar a la vacunación como una rutina que no suele cuestionarse".

 

La importancia del calendario de vacunación en Argentina

La Argentina tiene un calendario de inmunización modelo, con 18 vacunas para todas las poblaciones que deben colocarse entre los primeros días de vida y la adultez. Se trata del listado oficial del Ministerio de Salud, que las otorga en forma gratuita en centros de salud y hospitales públicos.

La presidenta de la SAI precisó que, gracias a la vacunación, la viruela se consideró erradicada del mundo desde 1977. "En la Argentina, el último caso de polio es de 1984, el de sarampión es de 2000, el de difteria es de 2006, el último grave de tétanos neonatal es de 2007 y el de rubéola es de 2009. Además, desde 2005, bajó más del 90 % la incidencia de hepatitis A y ya no hay trasplantes de hígado vinculados con esta enfermedad", detalló. Maccioni describió que, "hasta 2003, el calendario argentino contaba con 8 vacunas obligatorias, que en la actualidad son 18".

Para que los programas de vacunación sean exitosos, expresó Urueña, no solo es necesario la disponibilidad de inmunizantes en el vacunatorio, sino también que ese lugar funcione con un horario amplio, que se sostengan acciones para quienes no llegan al vacunatorio, fomentar la vacunación escolar, y monitorear la cobertura y promoción de la vacunación.

"Las vacunas son un derecho de la ciudadanía. Así como hoy hay una gran demanda del inmunizante para COVID-19, debemos generar esa preocupación y demanda por todas las del calendario", dijo la infectóloga.

 

Reticencias a las vacunas contra el coronavirus

Respecto a la minoría de personas argentinas que siguen reticente a la vacunación, los y las especialistas adjudicaron esa postura a varias causas, pero la desinformación y el miedo ocupan los primeros lugares.

"En realidad, no tenemos información de por qué aquí no hay tantos 'antivacunas' como en otros países", confesó el bioquímico e inmunólogo Guillermo Docena, para quien una parte de estas personas son "los clásicos y ortodoxos de siempre, que no tienen cómo fundamentar o argumentar por qué una vacuna no sirve o es peligrosa".

En el caso de los inmunizantes para la COVID-19, el investigador del Conicet afirmó: "Probablemente, mucha gente desconoce cómo es el proceso para elaborar una vacuna y oyó que lleva muchos años, por lo que no entiende por qué en este caso se generaron varias vacunas en 9 meses. Esto tiene que ver con la maduración de la comunidad científica y de lo que hemos aprendido".

En estos casos, Docena no los llamaría 'antivacunas", sino "personas que no están convencidas de vacunarse, por falta de información o por desinformación de algunos sectores que lo que quieren es confundir". De ahí que el investigador consideró "no estar de acuerdo con que las vacunas sean obligatorias".

"Deberían ser opcionales, porque eso es un argumento para los antivacunas que no quieren recibirlas y dicen que simplemente la gente se vacuna porque es obligatorio. En el caso de vacunas contra COVID-19, no pueden ser obligatorias porque no están aprobadas, solo están autorizadas para uso de emergencia", añadió.

Para Maccioni, la reticencia a la vacunación tiene que ver con la falta de información, los prejuicios y el miedo a recibir "algo extraño".

"Las vacunas son un medicamento que se aplica a personas que están sanas, a diferencia de los medicamentos habituales que estamos acostumbrados a consumir cuando nos sentimos mal o estamos enfermos. Las vacunas se aplican en personas sanas para prevenir una enfermedad, y eso muchas veces conduce a que alguien sano tenga reticencia, miedo o inseguridad porque está aplicándose algo sin sentirse mal", apuntó.

En tanto, Urueña consideró que, actualmente, el mayor problema respecto de las personas que no logran vacunarse tiene que ver más con una cuestión de acceso que de falta de confianza. "Cuando estas personas se acercan a consultar, se conversa y se despejan estas dudas, comprenden la importancia de la vacunación y la aceptan", explicó.

Los y las especialistas coincidieron en destacar que las vacunas logran erradicar o eliminar enfermedades al tener "toda una comunidad inmunizada", lo que en general se alcanza cuando más del 70 % de la población fue inoculada para "poder alcanzar la inmunidad de rebaño y frenar o evita la transmisión de los agentes infecciosos". El vacunarse es un "acto colectivo y solidario" porque de esa manera se protege a aquellos que por alguna causa no se pueden inmunizar, describieron. Al disminuir la trasmisión y la diseminación del patógeno infeccioso, se genera una especie de escudo protector que hace que las personas susceptibles tengan menos chance de encontrarse con él y enfermarse.

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