“Los ríos atmosféricos juegan un rol fundamental porque son el combustible para la ocurrencia de lluvias y nevadas"
Maximiliano Viale se encarga de estudiar estos corredores de vapor que viajan por la atmósfera y que, en zonas cordilleranas como Mendoza, cumplen un papel clave en el equilibrio hidrológico: aportan humedad para las lluvias y nevadas intensas. El cambio climático está alterando la frecuencia con la que se presentan.
Maximiliano Viale, investigador del Instituto de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla- Conicet)
Hay fenómenos meteorológicos que no se ven, pero condicionan de manera decisiva la vida en una provincia. En Mendoza, uno de ellos viaja miles de kilómetros por la atmósfera, transporta humedad desde zonas tropicales y, cuando encuentra la cordillera de los Andes, puede convertirse en lluvias, nevadas intensas e, incluso, provocar crecidas de ríos e inundaciones. Se trata de los ríos atmosféricos, largos corredores de vapor de agua que cumplen un papel central en el equilibrio hídrico de Cuyo y de buena parte del sur de Sudamérica.
El investigador del Conicet Maximiliano Viale, del Instituto de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (Ianigla), los define como estructuras dinámicas, transitorias y decisivas para entender por qué hay años de abundancia y otros de fuerte escasez de agua. “Los ríos atmosféricos juegan un rol fundamental en la cordillera porque son el combustible para la ocurrencia de las lluvias y nevadas más intensas, son los principales reguladores de los recursos hídricos en el sur de Sudamérica”, explica el especialista que lleva más de una década estudiando estos fenómenos y desarrolló un algoritmo específico para reconocer ríos atmosféricos en el Pacífico sur.
La definición ayuda a dimensionar los ríos atmosféricos. Son corredores largos y estrechos de vapor de agua que recorren la atmósfera, sobre todo sobre los océanos, y que pueden alcanzar hasta 5000 kilómetros de longitud y unos 500 kilómetros de ancho. No son permanentes ni fluyen siempre por el mismo lugar; aparecen durante períodos breves, generalmente de dos o tres días, y funcionan como verdaderas cintas transportadoras de humedad desde los trópicos hacia latitudes medias y altas.

Ríos invisibles en el cielo, el fenómeno que define el ciclo del agua en Mendoza. Foto: Twitter Maximiliano Viale
El motor oculto de la nieve y el agua en Cuyo
En términos meteorológicos, el proceso es tan complejo como decisivo. Cuando esos flujos cargados de humedad provenientes del Pacífico impactan contra la cordillera, el relieve obliga al aire a ascender. Al subir, se enfría, el vapor se condensa y termina transformándose en lluvia o nieve, según la altura y la temperatura. “En otras palabras, los ríos atmosféricos son como un chorro fuerte de vapor de agua que impacta contra la cordillera y se ve obligado a ascender sobre la ladera chilena”, describe Viale.
En una provincia árida, como Mendoza, donde gran parte del agua que alimenta ríos, diques y sistemas de riego depende del deshielo cordillerano, los ríos atmosféricos son mucho más que una curiosidad científica: son una pieza estructural del sistema hídrico. Según el investigador, entre tres y cinco eventos por invierno pueden explicar hasta el 75 % de la nieve acumulada en toda una temporada. En otras palabras, buena parte del agua disponible durante el año puede depender de apenas unos pocos episodios intensos de este fenómeno.
Los ríos atmosféricos también ayudan a comprender otro fenómeno común en la provincia, el viento zonda. Aunque suele percibirse como un evento aislado, en muchos casos está vinculado al mismo mecanismo que los largos corredores de vapor de agua. Cuando el aire húmedo ya descargó su contenido del lado chileno o en alta montaña y desciende hacia el Este, se transforma en un viento cálido y seco. “Lo que vemos como zonda en Mendoza es, en realidad, la transformación de un río atmosférico que ya descargó su humedad del lado chileno o en la alta montaña”, explicó Viale.
Por eso, hablar de ríos atmosféricos es hablar de nieve, de agua para el riego y la población, de reservas hídricas y también de condiciones climáticas cotidianas que atraviesan a la provincia. Su presencia o ausencia puede definir temporadas completas con abundante o escaso recurso hídrico.
Los ríos atmosféricos alimentan nieve, ríos y reservas hídricas. Foto: Twitter Maximiliano Viale.
Mucho más que alivio hídrico
Pero no todo en estos eventos son beneficios. Según el especialista, la misma fuerza que permite recargar la cordillera puede ,bajo ciertas condiciones, transformarse en un factor de alto riesgo. Cuanto más intenso es el transporte de vapor de agua y más tiempo dura el episodio, mayor es su capacidad para generar lluvias abundantes, crecidas, desbordes de ríos e inundaciones.
Los antecedentes recientes en la región muestran esa doble cara. En junio de 2023, un río atmosférico intenso provocó fuertes lluvias en la región chilena del Maule, mientras que del lado argentino, el río Neuquén superó los 10.000 metros cúbicos de agua por segundo, el mayor caudal registrado en más de un siglo. En Mendoza, otro episodio de gran magnitud ocurrió en agosto de 2023, cuando un evento excepcional dejó nevadas históricas en el sur provincial. La estación de Malargüe registró valores récord de precipitación nívea; de hecho, el fenómeno afectó a puesteros y ganado del lugar.
Incluso en verano pueden aparecer situaciones atípicas. El 31 de enero de 2021, otro río atmosférico generó nevadas extraordinarias por encima de los 4000 metros en alta montaña. El impacto fue acotado por el bajo movimiento de personas en plena pandemia, pero los especialistas explicaron que, en condiciones normales, un episodio de ese tipo podría haber implicado riesgos serios para montañistas y visitantes.
La paradoja es clara: el mismo mecanismo que garantiza parte del agua que necesita Mendoza también puede desencadenar eventos extremos. La diferencia no está en la naturaleza del fenómeno, sino en su intensidad, duración y contexto.

En Mendoza, el zonda y las nevadas intensas pueden tener un origen común: los ríos atmosféricos. Foto: Gendarmería Nacional
Ciencia, pronóstico y cambio climático: una llave para entender el futuro
El estudio de los ríos atmosféricos es relativamente reciente. Viale recuerda que su descubrimiento se fue dando en etapas: primero, a partir de modelos numérico-físicos en los años noventa, y luego, mediante imágenes satelitales capaces de estimar el contenido de vapor de agua en toda la columna atmosférica. Recién en 2017, la comunidad científica logró consensuar una definición formal dentro del glosario de la Sociedad Americana de Meteorología, un dato que refleja cuán nuevo es este campo de investigación.
Desde entonces, uno de los grandes desafíos ha sido detectarlos de forma consistente. Por su comportamiento transitorio y dinámico, no siempre es sencillo identificarlos bajo un mismo criterio. En ese marco, Viale participa del Atmospheric River Tracking Method Intercomparison Project, una iniciativa internacional que compara metodologías de detección. Además, desarrolló un algoritmo específico para reconocer ríos atmosféricos en el Pacífico sur que llegan a la costa de Chile y a los Andes.
Ese conocimiento no se queda solo en el plano académico. En Ianigla también se desarrolló un sitio web con pronósticos de ríos atmosféricos para Sudamérica, pensado como una herramienta útil para los servicios meteorológicos de Argentina y Chile, y para otras instituciones vinculadas a la gestión del riesgo. Aunque Viale aclara que este fenómeno no se puede predecir con exactitud más allá de una semana, contar con monitoreo y proyecciones de hasta diez días permite anticipar eventos intensos y mejorar la preparación.
En este escenario, el cambio climático agrega una capa adicional de complejidad. Una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua, lo que abre la posibilidad de ríos atmosféricos más cargados y, por lo tanto, potencialmente más intensos. Al mismo tiempo, algunos estudios sugieren que, en las latitudes de Mendoza, estos eventos podrían volverse menos frecuentes pero más intensos en el futuro.
Ese diagnóstico ayuda a explicar la larga megasequía que afecta a la región desde aproximadamente 2010. Si llegan menos eventos o si llegan debilitados, la consecuencia directa es una menor acumulación de nieve y, por ende, menos agua disponible para el año siguiente. En 2025, por ejemplo, se registraron apenas tres eventos, todos de baja intensidad, lo que derivó en una temporada pobre en términos hídricos. En contraste, 2023 fue un año mucho más favorable por la cantidad e intensidad de los episodios.
Investigar y comprender los ríos atmosféricos, entonces, no es solo una cuestión científica. En una provincia como Mendoza, aclara el especialista, significa entender de qué depende el agua, por qué ciertos inviernos son decisivos y cómo puede cambiar ese equilibrio en un contexto de creciente variabilidad climática. Invisibles a simple vista, estos corredores de vapor cargan mucho más que humedad: cargan buena parte del futuro hídrico de la región, y, como advirtió Viale, si los ríos atmosféricos no llegan, estamos en problemas.
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