Más que fútbol, una herramienta de inclusión social

Dos veces a la semana, 140 chicos que viven en barrios del Oeste participan en las actividades de la Escuela Socio deportiva Fundación Real Madrid-UNCUYO.

Más que fútbol, una herramienta de inclusión social

Lo que más les gusta a los chicos es jugar a la pelota en la enorme cancha profesional, ubicada en el club de la UNCUYO. Foto: Ariella Pientra.

Sociedad

Unidiversidad

Verónica Gordillo

Publicado el 21 DE NOVIEMBRE DE 2018

Los martes y jueves son sagrados. Esos días los chicos y chicas se levantan temprano y se visten a las apuradas para esperar a Sixta y Cristian, que los pasan a buscar por sus casas en dos micros. A las 9 en punto llegan al Club de la UNCUYO, y después de desayunar debajo de los árboles, se dividen en tres grupos y empiezan las actividades en la enorme cancha de fútbol, bajo la mira de los profes. No es sólo jugar a la pelota, también es aprender valores y -sobre todo- hacer nuevos amigos.

Los martes y jueves son sagrados. Esos días, 140 chicos de 6 a 17 años que viven en los barrios Flores Oeste, Flores Sur, Olivares, San Martín, Sargento Cabral, Favorita, Infanta y  Jardín Aeroparque, participan de las actividades de la Escuela Socio deportiva Fundación Real Madrid-UNCUYO, impulsada por la Secretaría de Bienestar de nuestra Casa de Estudios.

La iniciativa arrancó en abril, luego de la firma de un convenio entre la Fundación del club español, la UNCUYO y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El objetivo central es mejorar la calidad de vida de los pequeños, fortalecer sus competencias personas y sociales, así como prevenir cualquier tipo de violencia.

Antes de entrenar, desayuno debajo de los árboles. Foto Ariella Pientro. 

Hay equipo

Los niños y niñas trabajan bajo la mirada atenta de un grupo interdisciplinario de profesionales: 8 profesores de educación física (capacitados por la Fundación del Real Madrid), una trabajadora social, dos estudiantes avanzados de Sociología y Ciencias Políticas y los choferes que realizan los recorridos. A ellos se suman dos actores clave: los referentes barriales, cuya misión central fue invitar a los vecinos a participar y priorizar la idea del deporte social, no competitivo, ya que se pone el acento en el desarrollo de valores y habilidades sociales.

Una de esas referentes es Sixta Subia, quien destacó que la iniciativa permite romper tabúes y barreras impuestas socialmente. Y dijo que también posibilitó que se vincularan chicos de distintos barrios, entre los cuales históricamente había “pica”.

Justamente, la trabajadora social Laura Pascualetti, resaltó la importancia de los referentes barriales. Contó que muchas familias se enteraron de la iniciativa gracias a los impulsores del club Asociación de Fútbol Infantil (AFI), del barrio La Favorita, y que en algunas ocasiones son quienes les marcan problemáticas específicas por las que pasan algunos chicos, para que puedan contenerlos.

La coordinadora deportiva de la escuela, Celeste Álvarez, deja claro que el objetivo no es buscar talentos futbolísticos, sino utilizar al deporte como una herramienta para enseñar valores y para que los pequeños desarrollen habilidades personales y sociales.

Facundo Sánchez, estudiante avanzado de Sociología, explicó que poco después de comenzar el proyecto le imprimieron algunos cambios, luego de obtener el visto bueno de la Fundación, que monitorea la iniciativa. Por ejemplo, incluyeron el desayuno y el transporte, porque a muchas familias se les hacía difícil llegar hasta el predio. Además, a los chicos les hacen un control de salud y fichas donde constan todos sus datos personales.

Todos los que participan deben cumplir con una condición ineludible: asistir a la escuela a contra turno. Es decir, que terminan la práctica a las 11.30, llegan a su casa cerca del mediodía, almuerzan y parten al colegio.

Brisa Herrera, en pleno entrenamiento. Foto: Ariella Pientro.

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A la cancha

Los chicos disfrutan de jugar en la enorme cancha profesional de fútbol sintético. Ahí, divididos en tres grupos por edad, siguen las instrucciones de los profesores, que mezclan en sus charlas enseñanzas tácticas y educativas.

En esta mañana de martes, ninguno parece sentir el peso de los 30 grados. Brisa Herrera (9) viene corriendo a contar que siempre jugó al fútbol, que antes no dominaba la pelota, pero que ahora está mejorando. Y dice que lo mejor de la escuela es que conoció nuevos amigos.

Después, llegan corriendo Uriel González (12), Isaías Rojas (8), Fabricio Gaitano (13 años), Facundo Echeverría (11) y Juan Vidal (10), Michael Leites (8), Alex Miczko (11). Ellos, que siempre jugaron a la pelota en sus barrios, dicen que está buenísimo hacerlo en una cancha profesional y conocer chicos y chicas de otros lugares.

Después de sus breves y apuradas declaraciones, corren de nuevo a la cancha, donde los espera una de sus profesoras, Dana Quiroga. Ella contó que se sumó a la idea por los objetivos sociales que plantea, y porque entiende al deporte como una herramienta fundamental para incentivar los hábitos saludables, los valores como el compañerismo y sobre todo la importancia de lo colectivo y comunitario, por sobre lo individual.

Para la profesora también es muy positivo que los pequeños y sus familias se vinculen con la UNCUYO, con sus docentes  y que disfruten de las instalaciones del club.

Desde lejos, un grupo de mamás sigue el entrenamiento. Más allá de los cambios positivos que notaron en sus hijos, las mujeres comentaron que se generó algo muy lindo entre los adultos, porque los que pueden asistir a las clases, vigilan y cuidan a los pequeños de sus vecinos y están atentos a sus necesidades.

Conocer amigos: para los chicos y chicas esa es uno de los aspectos más positivos de asistir a la escuela. Foto: Ariela Pientro. 

Silvina Moscoso contó que su hijo Felipe, de 7 años, está entusiasmado, y que ella está conforme porque en el barrio La Favorita hay actividades deportivas en la tarde, pero que es difícil encontrar alguna en mañana.

Beatriz Vilca, mamá de Jonathan de 8 años, notó un cambio significativo en su hijo, que antes no hacía ninguna actividad física y tenía problemas de sobrepeso, lo que fue superando. Además, explicó que las actividades lo ayudaron a socializar y a tener nuevas amistades.

Cristian Leites, papá de Michael de 8 años, contó que su hijo está muy entusiasmado, que siempre jugó al fútbol en el club AFI del barrio La Favorita y que fue en ese lugar donde le contaron que podía participar en la iniciativa.

Los martes y jueves son sagrados. Esos días los chicos y chicas se levantan temprano y se visten a las apuradas. Quieren llegar al club, desayunar debajo de los árboles y empezar, lo antes posible, las actividades en esa enorme cancha de fútbol.

 

*Los niños y niñas que aparecen en las imagenes, así como los adultos responsables, dieron su consentimiento para ser fotografiados.

 

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