Nuevos enfoques médicos y mayor concientización ayudan a diagnosticar mejor los casos de TDAH
Hay más diagnósticos del Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad, pero eso no significa que haya más casos. Un especialista de la UNCUYO aporta claves para comprender el origen del trastorno, la atención dividida que demandan los tiempos actuales y la importancia de contar con herramientas personalizadas.
El TDA-H gana visibilidad en Argentina, con más diagnósticos y debate sobre su impacto. Foto Freepik.
En los últimos diez años, el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) ganó visibilidad en Argentina. El aumento de diagnósticos en niños, niñas y adolescentes ha generado interrogantes y debates en la ámbito educativo, familiar y médico: ¿hay más casos que antes o se detectan mejor?, ¿qué rol juega la cultura digital?, ¿cuáles son los síntomas a los que hay que prestar atención? Comprender el origen del trastorno y los cambios en los criterios de detección resulta clave para abordarlo con información, con herramientas personalizadas y sin estigmatizarción.
Lo cierto es que también en este tiempo, el TDAH ha dejado de ser exclusivo de la infancia. Especialistas afirman que cada vez más personas adultas llegan a un diagnóstico tardío, muchas veces luego de años de malestar emocional, dificultades laborales o sensación persistente de fracaso. Para quienes lo descubren en la adultez, ponerle nombre a lo que les ocurre suele ser un punto de inflexión: no como una etiqueta limitante, sino como una herramienta para comprender su propio funcionamiento y acceder a apoyos adecuados.
El TDAH gana visibilidad en Argentina: crecen los diagnósticos y el debate sobre sus causas, síntomas e impacto a lo largo de la vida. Foto Freepik.
Por qué hoy se detectan más casos TDAH
“Lo primero que hay que tener presente es que cuando hablamos de cualquiera de los dos —el Trastorno por Déficit de Atención o el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad— estamos hablando siempre de un trastorno del neurodesarrollo. Esto ya nos ubica en una perspectiva clara respecto de cuál es el origen que da lugar a la aparición. Entonces, podemos decir que se trata de un trastorno de base neurobiológica”, explicó a Unidiversidad Nicolás Quintana Valenzuela, profesor terapeuta del Servicio de Rehabilitación del Hospital Universitario de la UNCUYO.
Ante el crecimiento estadístico de los diagnósticos, el especialista señaló que existen preguntas recurrentes en la sociedad. “Cuando nos preguntamos qué es lo que sucede para que en los últimos años, o en la última década, haya habido un incremento en el diagnóstico, creo que una de las inquietudes más frecuentes como comunidad es si la cultura digital está jugando un papel importante en el desencadenamiento de estos procesos o trastornos del neurodesarrollo”. Pero también hizo una aclaración importante: el incremento de diagnósticos no implica necesariamente que haya más casos, sino que ahora existe una mayor visibilidad y sensibilización sobre el tema.
En ese proceso, la escuela cumple un rol central. “Por ejemplo, hoy nos encontramos con docentes que cuentan con una base de conocimiento sobre este trastorno y con pautas de alarma que les permiten reconocer, visibilizar y estar más atentos a la aparición de síntomas que podrían ser compatibles con este diagnóstico”. Y agrega: “Aquí aparece un primer comportamiento social, que tomo como ejemplo el de los docentes, aunque no son los únicos. También los padres tienen hoy más información al respecto y pueden estar más atentos”.
A esto se suman los cambios en los parámetros médicos. “Como ocurre con cualquier otra entidad nosológica —es la parte de la medicina que se encarga de describir, diferenciar y clasificar las enfermedades y procesos patológicos—, la Organización Mundial de la Salud y distintos organismos internacionales van actualizando los criterios diagnósticos”. Según el especialista, “estos cambios en los criterios, que son cada vez más precisos, mejor especificados y con descripciones más claras de aquello que define la presencia o no de un trastorno, permiten que ese mayor nivel de sensibilidad y precisión facilite diagnósticos más oportunos y también más tempranos”.
En síntesis: “Todos estos elementos, junto con los mecanismos de evaluación y diagnóstico, nos dan una idea clara de por qué hoy, estadísticamente, podemos decir que hay más personas diagnosticadas con déficit de atención, con o sin hiperactividad. Esto no significa necesariamente que haya más casos que antes, sino que está mejor trabajado el método para detectarlos”.
La escuela y la familia cumplen un rol clave en la detección temprana de señales compatibles con el TDAH. Foto: Freepik.
Cultura digital y hábitos atencionales
Uno de los temas más debatidos es el impacto de la cultura digital. Quintana Valenzuela distinguió con claridad entre causa y contexto. El especialista describió un cambio profundo en la forma de atender. “Hoy vemos que existe cada vez más una demanda de atención dividida y alternada en simultáneo, lo que comúnmente llamamos multitasking. Las personas atienden a diversas fuentes de información al mismo tiempo. Hoy un niño no tiene las mismas demandas de atención que tenía un niño de su misma edad en épocas anteriores”. Y agregó: “El cambio más significativo es que hemos dejado de demandar atención focal y sostenida, es decir, esa atención profunda que comúnmente asociamos con la concentración. Esa forma de atención fue desplazada por demandas atencionales cada vez más breves, porque la información cambia constantemente”.
Las redes sociales y los consumos digitales refuerzan este patrón. “Los dibujos animados que ven hoy los niños, por ejemplo, presentan escenas que duran apenas fragmentos de segundos y cambian rápidamente. Todo el patrón de comportamiento vinculado al uso de redes sociales va en esa misma dirección”.
Acá hizo una aclaración importante: “No es que nuestra cultura actual produzca más niños con déficit de atención y que esa sea la causa del aumento estadístico. Tampoco es así. Sin lugar a duda, el comportamiento cultural tiene incidencia en cómo las personas con déficit de atención participan del tejido social. Eso es indiscutible. Pero eso no significa que estos comportamientos sean la causa del trastorno”.
La cultura digital modifica los hábitos de atención, pero no es la causa del trastorno. Foto Freepik.
Cuáles son los principales síntomas a los que prestar atención
Para orientar a las familias y a la comunidad educativa, el especialista propone una guía clara:
“Nosotros solemos hablar de una tríada fundamental, que resulta muy didáctica para que las personas puedan estar atentas a comportamientos que se presentan de manera persistente o que aparecen como cambios conductuales, fundamentalmente en los niños. Esta tríada está compuesta por una dificultad para prestar atención, una dificultad para controlar e inhibir impulsos y una dificultad en la regulación de las emociones y de la conducta en general. Estas tres categorías nos permiten tener en claro a qué debemos prestar atención”, indicó.
Según explicó, estos indicadores permiten detectar posibles señales de alerta. “Es decir, nos ayudan a identificar si un niño, una niña o un adolescente cercano a nuestro entorno podría ser sospechoso de presentar un trastorno por déficit de atención propiamente dicho”.
La tríada de inatención, impulsividad y desregulación emocional son posibles señales de alerta. Foto: Freepik.
El TDAH en la adultez: una realidad cada vez más visible
“Durante muchos años se creyó que el Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad (TDAH) era un problema exclusivo de la infancia. Hoy sabemos que esto no es así. En una proporción significativa de personas, el TDAH continúa en la adultez, aunque sus manifestaciones cambian y muchas veces se vuelven menos visibles para el entorno, pero no menos impactantes para quien las vive”, detalló el especialista.
Explicó que en la adultez, los síntomas suelen transformarse más que desaparecer. La hiperactividad motora típica de la infancia, el ‘no poder quedarse quieto’, tiende a disminuir y se convierte en inquietud interna, sensación de urgencia constante, pensamientos acelerados o dificultad para relajarse.
La inatención suele persistir y expresarse como:
- Dificultades para organizar tareas;
- Olvidos frecuentes;
- Problemas para sostener la concentración;
- Procrastinación;
- Sensación de agotamiento mental.
Quintana Valenzuela entiende que también pueden intensificarse aspectos emocionales: baja tolerancia a la frustración, impulsividad verbal o emocional y una autocrítica elevada producto de años de sentirse ‘distinto’ o ‘insuficiente’.
El impacto en el mundo laboral es significativo. El mundo laboral exige organización, planificación, cumplimiento de tiempos y regulación emocional; áreas que suelen estar comprometidas en el TDAH. Por eso, muchas personas adultas experimentan:
- Dificultad para gestionar múltiples tareas;
- Desorganización del tiempo;
- Problemas para sostener la atención en tareas largas o rutinarias;
- Sensación de sobreesfuerzo constante para rendir como los demás;
- Fatiga mental y emocional.
En la adultez, el TDAH suele expresarse con inatención persistente, desorganización y agotamiento mental. Foto Freepik.
El diagnóstico como herramienta y no como etiqueta
Para Valenzuela son cada vez más las personas adultas que llegan a un diagnóstico luego de años de malestar difuso: ansiedad, burnout, baja autoestima, sensación de fracaso reiterado o dificultad para sostener proyectos.
Cuando no está acompañado, el impacto puede ser profundo. “Cuando no está identificado o acompañado, el TDAH puede afectar la autoestima, la identidad y la salud mental. Son frecuentes la ansiedad, los estados depresivos reactivos y el agotamiento emocional. No por el TDAH en sí, sino por el esfuerzo constante de adaptarse a entornos que no siempre contemplan la diversidad neurocognitiva”.
“Hablar de TDA-H en la adultez es hablar de derechos, de salud mental y de inclusión. No se trata de ‘corregir’ a la persona, sino de construir contextos donde pueda desplegar sus capacidades sin quedar atrapada en la exigencia permanente de encajar”.
Por eso, el diagnóstico cumple un rol central. Al igual que en los casos de niños, niñas y adolescentes, en personas adultas, el diagnóstico —aunque tardío— no es una etiqueta, sino una herramienta. Permite:
- Comprender el propio funcionamiento;
- Acceder a estrategias personalizadas;
- Reducir la autoexigencia y la culpa;
- Fortalecer la autonomía.
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