Pablo García, el cafetero fiel que sabe escuchar a sus clientes

Es parte del paisaje del campus. El homenaje de Unidiversidad en el Día del Trabajador.

Pablo García, el cafetero fiel que sabe escuchar a sus clientes

Todos los días desde las 6 de la mañana, Pablo García está en la rotonda de la entrada de la UNCUYO para vender café a quienes pasen (Foto: Ariella Pientro / Unidiversidad).

Sociedad

Día del Trabajador y la Trabajadora

Unidiversidad

Mariano Rivas

Publicado el 30 DE ABRIL DE 2019

Provee el desayuno y, a veces, ayuda a hacer catarsis a las personas que pasan por la rotonda de la calle Orzali, la que está en la entrada de la UNCUYO. Hace tres años que Pablo García (44) está instalado en ese lugar clave con su puesto de café y tortitas, pero por el trato y la confianza que tiene con la clientela pareciera que está desde siempre.

En una mañana lluviosa y en no más de 20 minutos de charla con él (sin contar a aquellas que compraron “al paso”), tres personas se quedaron en distintos momentos a tomar su café con la mano apoyada en la barra para hablar de cómo estaba el tiempo, de la actualidad y de otros temas variados con el cafetero de la rotonda de la Universidad. Uno de ellos, incluso, fue invitado a pasar a sentarse al lado de él.

Este trato amistoso es para Pablo lo que complementa el producto que ofrece. “A veces uno es como un cable a tierra”, acepta el vendedor. Y él, que no consume medios de comunicación, usa esas charlas para informarse de las últimas noticias a través de las experiencias cotidianas que le comparten sus clientes.

Foto: Ariella Pientro / Unidiversidad

Después de tres años ya puede detectar un cambio en los semblantes de las personas que se acercan a comprarle. “Lo que me entero es por mis clientes que manifiestan su inconformidad con la situación del país, y algunos incluso hasta desesperación. Pero hay otras personas que no sé si lo viven pasivamente o no lo ven. Yo gracias a Dios me mantengo igual que cuando arranqué”, confiesa.

“No tengo para tirar manteca al techo, pero me alcanza para vivir. Para la previsión se complica. Me refiero a que no me da para juntar dinero por si surge algún accidente, si se rompe el vehículo o por cualquier otro gasto extraordinario”, reflexiona.

Pablo mantiene sus ventas, aunque ha tenido que actualizar los precios. Su método es muy práctico: simplemente copia los valores de los productos de sus competidores. “Los que se han partido la cabeza han sido mis colegas”, dice entre risas.

Foto: Ariella Pientro / Unidiversidad

 

Un servicio a la comunidad

En lo que sí se encarga de diferenciarse este cafetero de otros y otras es en la constancia, la que toma muy en serio: “Sé de colegas que venden mucho un día y al siguiente no van a trabajar. Para mí no hay seriedad en lo que ellos ofrecen. Acá hay gente que sale de su casa sin desayunar y cuenta con que vos estés acá y les puedas dar el desayuno. Hubo días en los que, por equis motivo, sea por un desperfecto en un vehículo o porque 'se durmió el gallo', no he podido venir y me he sentido muy mal por no haber cumplido con mi parte”.

Pablo, que llegó a su actual lugar de trabajo cuando reemplazó a unos amigos que iniciaron el negocio allí, vende sus desayunos a estudiantes, docentes, personal no docente y otras personas que hacen trasbordo en la parada de micros de la rotonda. La mayoría lo trata bien, aunque sí hay gente “difícil” con la que dice que hay que saber lidiar.

Al final de la conversación se acercó Aníbal, un hombre que es cliente habitual y que, luego de hacer su pedido, informó al cafetero del inminente aumento de las naftas. Mientras se devora su café con tortas, junto al vendedor y otro cliente, delibera sobre las consecuencias que tendrá la suba de los precios de los combustibles en los rubros que tienen gastos de transporte. Así es uno de los tantos días de trabajo de Pablo en un puesto de café en el que se gana a la gente con mucho más que un desayuno.

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