Pandemia: “Esta es una crisis de época”

Así lo aseguró la socióloga y profesora de la UNCUYO Patricia Collado. La necesidad de buscar respuestas colectivas y de cambiar todo lo que venimos haciendo.

Pandemia: "Esta es una crisis de época"

La socióloga dijo que la pandemia de la COVID-19 será solo la primera si no cambiamos la formas de producir, de consumir y de relacionarnos. Foto: Unidiversidad

Sociedad Unidiversidad Efecto pandemia / por Verónica Gordillo / Publicado el 19 DE MARZO 2021

Serruchamos la rama del árbol en la que está sentada la humanidad. ¿Seguimos serruchando? O lo que es lo mismo: produciendo igual, consumiendo igual, depredando igual, usando el agua y la tierra igual. Para la socióloga y profesora de la UNCUYO Patricia Collado, esa es una de las preguntas que se abren a partir de la crisis de época que produjo la pandemia de la COVID-19 y para la cual cree que no hay una respuesta unívoca, ni individual, sino transversal y colectiva.

La investigadora de Conicet y directora de la maestría en Estudios Latinoamericanos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCUYO dice a Unidiversidad que llegamos al límite, un límite que creamos no como individuos, sino como sistema capitalista. Explica que la imposición de las reglas del mercado y el individualismo tienen un efecto y que esta pandemia es solo una muestra, la primera, porque cree que no será la última si seguimos serruchando el árbol, si repetimos las mismas conductas que profundizan desigualdades.

Pese a su visión de que la pandemia de la COVID-19 es solo la primera, Collado se define como una optimista; de lo contrario –explica– se dedicaría a otra cosa, nunca a la sociología. Está convencida de que los seres humanos –en especial los latinoamericanos–cuentan con un bagaje que posibilitará emprender un camino distinto: una comunidad que resiste, una enorme capacidad de reinvención y de creatividad, una voz que reclama derechos, que pone límites.

Desde el pequeño y colorido patio de su casa, que es una especie de homenaje a su amada Frida Kahlo, Collado analiza los impactos de la pandemia, los debates y las oportunidades que se abren. Aquí, parte de la charla con la profesional.

 

La humanidad en el mismo barco

¿Cuáles son los debates sociológicos, las preguntas que se abren a partir de la pandemia?

Creo que si una ciencia está viva, tiene que interrogarse a la par de los procesos sociales, entonces me parece que a todas las disciplinas nos ha puesto en crisis y eso es absolutamente necesario. En cuanto a la sociología, creo que no abre un solo interrogante, porque como en toda gran crisis epocal, abre una multitud de debates.

¿Cuáles son esos debates y los impactos de la pandemia?

El impacto de la pandemia lo analizo en tres niveles. Un nivel de la totalidad, porque me parece que es la primera vez que tenemos la certeza de que estamos interconectados. Esto la sociología lo viene pensando hace mucho, pero ahora la persona común se ha dado cuenta de que un estornudo en China conmueve al mundo. Entonces me da la impresión que esa primera idea del mundo como nave que nos lleva a todos, donde las relaciones que establecemos influyen de un modo u otro, creo que es el primer aprendizaje de la pandemia.

¿Cuál es el segundo?

El segundo nivel me parece que es el aprendizaje más local, podemos llamarle lo sociocomunitario, y ahí el impacto es muy fuerte. En esto me voy a detener en las dos disciplinas más conmovidas, no como disciplinas en sí, sino porque es la primera vez que tenemos un problema médico que se resuelve socialmente. Esto te pone en crisis, porque repone el lugar de lo social en la medicina y la medicina como una disciplina social.

No se resuelve solo con una vacuna…

No, la vacuna es el elemento de protección personal, pero todo lo otro que tenemos que hacer es gregario, es colectivo, y nos damos cuenta de las múltiples influencias de las prácticas sociales, cómo condicionan no solamente lo que hacemos como individuos sino lo que hacemos como conjunto. Por ejemplo, esta primera persona que no se cuidó y contagió a otros: ves el impacto de esas prácticas sociales, no pensar en el otro, no ser empático. La irresponsabilidad de lo social en un individuo nos puso en otro lugar, en otro plano de la reflexión, y eso podemos decir que es el segundo gran impacto fuerte. Hemos estado dando respuestas como sociedad individualmente y con especialistas, y esto ni es respuesta individual ni solo con especialistas sino que nos salvamos con un pensamiento transversal que pueda dialogar con múltiples saberes, desde la nutrición hasta la inmunología y las conductas sociales. Ahí está la agenda de estudio para todos los que hacemos ciencia, porque no hay una respuesta unívoca ni monodisciplinar o unidisciplinar, las respuestas tienen que ser complejas, transversales y transdisciplinares. Entonces se abre una nueva etapa de conocimientos y de saberes que, si la sabemos aprovechar, puede ser uno de los grandes aprendizajes de la pandemia.

¿Y el tercer nivel de impacto?

El tercer nivel es el subjetivo. Todos estamos acusando recibo de la pandemia, no solamente de lo que provocó en sí como enfermedad, como muerte, como riesgo, como vulnerabilidad, aunque la vulnerabilidad se distribuye socialmente de una forma desigual, porque había conductas que podíamos seguir algunos, como lavarnos las manos, mientras otros no tenían agua, como los vecinos de La Favorita. Aún así, la pandemia nos puso –y voy a usar esta palabra, aunque está un poco cuestionada– en riesgo a todos, el country no nos salvó del riesgo y nos puso en un desigual riesgo. La disponibilidad de agua, de alimentos, impactó de forma desigual a nivel de clases, de estratos, de segmentos y de edades, porque hubo edades ni pensadas por las políticas públicas, como la niñez o la adolescencia. La necesidad de pensar de conjunto, pero a la vez heterogéneamente, es otra de las respuestas que tenemos que dar frente a esta situación compleja en la que nos puso la pandemia. Por otro lado, hay muchas gente que quiere el individualismo, el neoliberalismo como pauta de conducta, es decir, yo me cuido, me salvo, estoy bien alimentada, tengo obra social; sin embargo, esa forma de salvarse solo no sirve, es imposible.

Vamos en el mismo barco.

Exacto. La humanidad no puede resolver sin lazos de solidaridad, sin el otro, sin el colectivo al que pertenece. Hemos llegado al límite, como dijo Franz Hinkelammert, uno de los filósofos latinoamericanos más importantes, al límite donde el capitalismo está cortando la rama del árbol en la cual está sentado. Entonces nosotros estamos serruchando el medio ambiente, la tierra, los recursos, que tiene mucho que ver con la producción del virus en escala planetaria, con las pocas barreras que tenemos entre especies. Estamos serruchando la rama del árbol en la cual estamos sentados como humanidad, nos caemos todos juntos. Entonces, claro que se abren muchos interrogantes.

 

La fuerza de lo colectivo

¿Cuál es la mirada a futuro?

Como científica social, no puedo hacer futurología. Veo presente y desafíos del presente, puedo ver el escenario de partida y con qué contamos para poder proyectar, pero las proyecciones deben ser colectivas; por lo menos desde mi punto de vista, no son individuales.

¿Y con qué contamos?

Contamos con muchísimas cosas: con una comunidad que ha resistido, con un sistema de salud pública que reacciona. Acá, uno cae al hospital público y te salva, no te mata; contamos con resistencias, con movimientos sociales, con la capacidad de decir no, es decir, el límite; me parece una capacidad absolutamente fabulosa de toda la región latinoamericana. Nosotros tenemos esa capacidad de reinventarnos aún después de haber estado de rodillas, la creatividad. Lo hicimos después de la hiperinflación, lo hicimos después de la dictadura. Hay una capacidad de reinvención, de ser colectivos, de avivarnos de nuestras propias cenizas que es fabulosa. A esto se suma que siempre es una utopía colectiva querer estar mejor, para mí eso no es menor, la posibilidad de jugar, de cantar, de bailar que tenemos como latinoamericanos, no es menor para levantarnos de lo que sea. Ahora, dicho esto que parece muy optimista, voy a decir todo lo que no tenemos: han calado muy profundamente el individualismo, la sospecha, el control y el disciplinamiento social, y tenemos que tratar de recusarlo. Necesito mayor capacidad de debate y de recusación, no que me ahoguen la voz, entonces la pandemia permitió el ahogamiento de las voces colectivas. Eso es peligroso, así como la uniformidad de esas voces, porque algunos tenían posibilidad de salir en los medios y otros no. Hablo, por ejemplo, de la gente que trabajó muchísimo, como los cartoneros, los deliveries, la gente que produce en la economía social y solidaria, los horticultores, los fruticultores, muchísima gente; o los docentes, que entre todos levantamos el sistema de educación. Lo que se demostró en pandemia es que el neoliberalismo se equivoca: no es tu capacidad, no es la meritocracia lo que ayuda a remar. Solo no llegás a ningún lado porque, de partida, el bote y los remos los construye otro.

 

De límites y costos

¿Este momento significa un quiebre?

Sí, llegamos al límite que hicimos nosotros mismos, no como individuos, sino como sistema capitalista, es decir, más mercado, más consumo: produzcamos más cosas que no necesitamos, comamos más la naturaleza, usemos el agua que no queremos, tiremos el agua, y el otro no tiene. La desigualdad; bueno, este es el efecto. ¿Qué pensaban, que no tenía efecto? Es decir: construyamos edificios, depredemos el piedemonte, pongamos palmeras en vez de algarrobos, porque cuando vamos hacia el sur, vemos una construcción que parece Miami y creemos que eso no tiene precio, y sí tiene precio, tiene un costo ambiental que lo vamos a pagar todo. O los hermosos barrios en Los Corralitos, en todas las zonas productivas: ahora nos damos cuenta de qué importantes son las frutas y verduras de estación, el oasis irrigado, qué lástima que lo estamos llenando de proyectos inmobiliarios. Bueno, eso tiene un costo y lo estamos pagando.

El sociólogo brasilero De Sousa Santos dijo, en una entrevista que concedió a Télam, que vislumbra tres caminos que plantean desde distintos sectores: volver a la etapa prepandemia, cambiar algunas cosas para que nada cambie o tomar a este momento como una oportunidad para impulsar cambios verdaderos. ¿Cuál es su visión?

No sé para dónde va, no puedo vislumbrarlo. Desearía que fuera la tercera, hacia un desafío civilizatorio de conjunto colectivo. Lo que dice De Sousa Santos es un diagrama, una simplificación. Creo que tenemos que transformar todo porque, de lo contrario, esa gran casa que es el mundo va a durar muy poco. Hay otros que ya están explorando otros mundos porque les parece que este ya está vacío y vaciado, lo que es preocupante porque van a depredar a otro lado, lo van a seguir haciendo. Como humanidad, como sociedad en su conjunto, tenemos que construir una salida colectiva que va a tener múltiples caminos, pero podríamos construir un mundo donde valga la pena vivir. Sí creo en esa gran oportunidad, pero está jaqueada por los intereses del mercado. Lo vimos en la Patagonia con las quemas brutales de los lugares más bellos de la Argentina, porque hay mucho negocio de todo tipo, desde petrolero hasta inmobiliario, megaminería, etcétera. Seguimos irrespetando la nave, y con la nave, nuestra propia naturaleza, porque hemos naturalizado la cantidad de muertos. Decimos: "Cuatro muertos en Mendoza", pero ¿quiénes son, cuántos hijos, qué familia, qué hacían? ¿Cuántos más se tienen que morir? Entonces no respetamos la naturaleza externa, no respetamos la naturaleza humana, no respetamos el cuerpo humano, y esto parece escindido de lo que hacemos, de lo que comemos, de lo que producimos, y no está divorciado. Como te dije al principio, es una red de relaciones de interdependencias.

¿Por dónde se empieza a cambiar?

Creo que, en la historia, la gran organización colectiva es la que ha dado vuelta todo: desde el sufragio y el cuidado del medio ambiente hasta la visibilización de los pueblos originarios 500 años después, y todo el feminismo y las juventudes, a las que lamentablemente se demoniza. Confiaría en esa historia de lucha de las sociedades latinoamericanas y en ese impulso que tenemos las argentinas y los argentinos de recusar algo que no corresponde, de demandar por nuestros derechos, de no quedarnos callados. Ahora, el grito no puede quedar en grito, tiene que ser movimiento, organización, y creo que por ahí empieza. Hoy la COVID-19 nos ha puesto a pensar de otra manera nuestro cuerpo, la inmunidad, las formas de cuidado, ha visibilizado todo lo que hacen las mujeres, esas tareas no remuneradas de cuidado y la cantidad de horas que llevan. Hoy es posible pensar que todo eso es valioso, que es posible producir saber y conocimiento desde otro lugar, y eso es un gran cambio.

Pese a esta posibilidad de pensar distinto, no se visualizan cambios en las estructuras de poder. Solo por dar un ejemplo, los países más ricos compraron dos y tres veces la cantidad de vacunas que necesitan de acuerdo a su población.

La pandemia no cambió el sistema, es cierto: ni el sistema mundial, ni los sistemas del Estado Nación, ni los sistemas de potencias centrales y países "periféricos". ¿Cambió la dominación? No, es como decir que la pandemia cambió el patriarcado; por el contrario, en algunos casos lo exacerbó porque nos recluyó a las mujeres en la vida doméstica, donde las violencias se multiplican de una manera geométrica. Ahora, que tenemos una ocasión, tenemos una ocasión, porque ha sido vista la desigualdad. La dominación, el patriarcado, el feminicidio han sido puestos sobre la mesa, y también que el cuerpo es el límite. Todo eso se puso sobre la mesa. ¿Qué vamos a hacer con eso como humanidad? Esa es una gran pregunta.