Qué ofrece la UNCUYO a estudiantes que están en riesgo de perder su carrera

Hay señales de alarma que se activan cuando los o las estudiantes tienen dificultades para seguir con su carrera y la universidad acciona distintos tipos de becas, programas de tutorías y seguimiento para acompañar sus trayectorias académicas. La UNCUYO mantiene una tasa de retención del 85 %.

Qué ofrece la UNCUYO a estudiantes que están en riesgo de perder su carrera

Cuando quedarse en la universidad se complica: qué herramientas hay en la UNCUYO para sostener las trayectorias estudiantiles. Foto: Imagen generada por la IA.

Sociedad

Unidiversidad

Ernesto Gutiérrez

Publicado el 09 DE MARZO DE 2026

Ariel tiene 36 años y una rutina que se parece poco a la que imaginó cuando empezó a estudiar Comunicación Social en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO). No pudo terminar la carrera. Hoy vende manzanas y naranjas en los semáforos para sostener a su familia. Su historia, lejos de ser una excepción, sirve para mirar una realidad silenciosa: la de quienes frenan, pausan o abandonan la universidad por razones económicas, laborales o personales. 

En la UNCUYO, ese universo existe, pero no domina la escena. Según datos institucionales, el 85 % de estudiantes que cursan un año se reinscriben al siguiente, un porcentaje de retención alto en relación con otras universidades públicas del país. La contracara es el 15 % que no continúa con su recorrido “regular”. Detrás de ese porcentaje hay escenarios muy distintos: quienes se cambian de carrera, quienes entran a trabajar y no pueden sostener horarios, quienes quedan trabados por materias y quienes, como Ariel, se alejan cuando el día a día aprieta más fuerte que cualquier posibilidad de continuar con un plan de estudio.

Para conocer qué herramientas ofrece la universidad cuando la continuidad se vuelve cuesta arriba, Unidiversidad dialogó con Julio Aguirre, secretario académico de la UNCUYO, y con Mariana Azcárate, directora de Acción Social. Ambos describieron un mapa de programas que se apoyan en dos pilares: sostén económico y acompañamiento académico para lograr que el estudiantado se quede dentro del sistema educativo y consiga su título.

La UNCUYO refuerza becas y tutorías para evitar que se frenen trayectorias estudiantiles. Foto: UNCUYO.

Todo depende de las carreras

Aguirre plantea primero un panorama general: “La universidad tiene un nivel bajo de abandono, pues la tasa de retención es del 85 % en promedio en los últimos años”. Esa cifra, explicó, significa que ese universo de chicos y chicas que estaban cursando el año pasado se reinscribieron para cursar este año.

Pero no todas las carreras se comportan igual. El secretario académico marcó contrastes que ayudan a leer el dato: “Las carreras de salud son las que menos deserción tienen, alrededor del 95 % de tasa de retención”. Ahí, dijo, influye un punto clave: el título es habilitante y necesario para ejercer.

En cambio, cuando el título no es requisito inmediato para empezar a trabajar, la retención suele ser más baja. “Esto te pasa mucho en las carreras sociales”, aportó Aguirre y agregó: “La lógica es conocida, si ya podés insertarte laboralmente mientras estudiás, el costo de sostener la cursada completa —en tiempo, transporte y energía— se vuelve más pesado”.

A ese mapa se suma el factor económico, que aunque no frena la reinscripción, el anotado, sí debilita la trayectoria universitaria. “Por ahí dejan de cursar o vienen mucho menos o se empiezan a atrasar mucho, pero no dejan de reinscribirse”. La intención de seguir, dijo, está, pero se alarga el tiempo de la carrera.

“Si vos trabajás muchas horas a la semana, es muy difícil hacer una carrera universitaria. Si vos no disponés de al menos de 20 horas semanales para poder dedicarte a ella, se complica”, describió. En contextos de crisis, agregó, se profundiza un mecanismo que se repite en miles de hogares: jóvenes que salen a trabajar de lo que sea para sostener gastos propios o familiares.

Con retención del 85 %, la UNCUYO sostiene recorridos académicos mediante apoyo económico y seguimiento constante. Foto: UNCUYO.

Alertas tempranas

Cuando alguien cuenta que abandonó la universidad, las personas suelen imaginarse una salida abrupta. La universidad, sin embargo, intenta leer señales de alarma, que van indicando que el o la estudiante presenta dificultades para seguir en el camino universitario. Aguirre detalló que existen distintos niveles de “alerta”, desde los más evidentes, como no reinscribirse, hasta los más sutiles.

El primer detector es administrativo: “El estudiante que no se reinscribe lo informa el sistema SIU Guaraní”. Ante esa ausencia, señaló, las facultades suelen contactar al alumno o a la alumna para descartar que haya habido un problema técnico o algún olvido.

Luego aparecen las alertas ligadas al rendimiento. “Si de repente ves que un estudiante no rinde ninguna materia a lo largo del año, ahí ya te aparece lo que se llama rendimiento académico negativo”, explicó Aguirre. Y sumó un umbral concreto: “Cuando el estudiante rinde menos de dos materias, eso activa también la alerta en el sistema”. Una tercera alarma es cualitativa: estudiantes que rinden, pero con resultados muy bajos, que es lo que en el ámbito educativo se denomina trayectoria educativa debilitada.

Ese seguimiento se canaliza en programas de trayectorias estudiantiles (Tracer), con variantes por unidad académica. “Cada facultad tiene su propio proyecto de permanencia y nosotros centralmente brindamos financiamiento y capacitación”, afirmó. En muchas, una herramienta clave es la red de tutores: estudiantes avanzados con un estipendio para acompañar a quienes están en riesgo. Aguirre lo dijo sin vueltas: “A veces, el par, el compañero, logra una conexión más efectiva que una estructura formal, como la del docente”.

¿Y qué pasa con quienes ya se fueron? Aguirre aclaró que no existe un único “plan de retorno”, sino acciones segmentadas según el motivo y el punto de la carrera. “Los programas también involucran lo que es la reincorporación y lo que es ir a buscar a personas”, señaló. Hay iniciativas para quienes están a poco de recibirse —una o dos materias, o la tesis—, en las que se arma un recorrido de apoyo adaptado a horarios de trabajo y disponibilidad real. “Se hacen programas de acompañamiento con tutores para que los ayuden en el desarrollo de la tesis”, ejemplificó.

Estas medidas, sin embargo, no matizan el problema: hay casos fáciles de empujar y otros muy difíciles de sostener. “Lo importante es mantenerlos vinculados con la institución”, sostuvo Aguirre, sobre todo cuando la vida obliga a las personas a entrar y salir del estudio por cuestiones laborales o familiares.

Becas, residencia y tutores, parte de las herramientas que ofrece la UNCUYO para que estudiantes lleguen al título. Foto: UNCUYO.

Becas, residencia, comedor y servicios

Si Aguirre describió la arquitectura académica, Mariana Azcárate bajó el dato al terreno. Su área define la asistencia material: cupos, montos y condiciones en función de la pauta anual. “Cada año evaluamos el presupuesto y ahí definimos la cantidad de becas”, explicó. Y detalló un número que grafica cómo la complejidad actual afecta al estudiantado: “Hay un montón de becas que se vienen arrastrando, hablamos de unas 1000 becas de años anteriores”.

A esa base se suman las becas nuevas: “Nosotros damos unas 2000 becas anuales”, contó, y describió el sistema de renovación y liberación de cupos a medida que los y las estudiantes se reciben. En las becas de continuidad, la universidad pide avances mínimos: para tecnicaturas cortas, un 20 % de avance académico; para carreras de grado, un 10 %, que en la práctica suele equivaler a cuatro o cinco materias según el plan.

La pregunta clave en el caso de Ariel es si alguien que abandonó, puede volver a pedir ayuda. Azcárate respondió que sí, con una condición: reinscribirse. “Los estudiantes que han abandonado pueden presentarse, pero tienen que hacer la reinscripción a las carreras”. Y agrega un punto relevante: “Los evaluamos de la misma manera”.

La beca más masiva es la ayuda económica. Azcárate la cuantificó: “La ayuda económica general es de aproximadamente de unos 50.000 pesos”. Y aportó un dato de la demanda. Dijo que el año pasado entregaron 800 becas de ayuda económica. Para 2026, la convocatoria cerró con un volumen que marca la situación social: “Tenemos 3480 estudiantes que se presentaron y los estamos evaluando caso por caso”.

Pero no todo es dinero directo. Hay becas-servicio que, en la vida universitaria, pueden valer igual o más que las económicas, como ayuda para el comedor, las bibliotecas, el transporte, la conectividad, espacios de estudio, y un recurso estratégico en una provincia extensa: la residencia universitaria. Azcárate la describió como “sumamente valiosa” para quienes viven lejos y tienen que cursar en el Gran Mendoza. Además, la residencia se articula con el comedor y una ayuda económica equivalente a la general.

Esa beca, sin embargo, tiene requisitos estrictos: no ser mayor de 25 años y tener domicilio a más de 50 kilómetros del lugar de cursado. Hay demanda y pocos lugares, pero el resultado, según la directora, es contundente: “Es la beca de mejor inversión de la universidad, porque está comprobado que el rendimiento y la permanencia mejoran de forma visible”.

De todas formas, Azcárate sostuvo que las becas no hacen magia, pero compran algo escaso: tiempo. “Aquellos chicos que seguramente hubieran abandonado si no tenían algún recurso de respaldo, logran quedarse en el proyecto universitario mucho más tiempo”, afirmó y sumó: “La universidad ajusta criterios y montos para priorizar a quienes más lo necesitan y para que el recurso llegue donde verdaderamente cambia el recorrido”.

 

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