Sobrevivientes dicen que ayuda a cerrar una etapa que Corradi muriera condenado

Así lo expresaron Paola González y Ariel Lizarraga, mamá y papá de exestudiantes del Próvolo. Se lamentaron de que la Iglesia no le hubiera quitado su investidura sacerdotal. La opinión de Daniel Sgardellis, exalumno de La Plata.

Sobrevivientes dicen que ayuda a cerrar una etapa que Corradi muriera condenado

El abrazo de tres sobrevivientes del Próvolo luego de escuchar la condena a 42 años contra el sacerdote Nicola Corradi: Foto: Unidiversidad

Sociedad

Abusos en el Instituto Próvolo

Unidiversidad

Verónica Gordillo

Publicado el 15 DE JULIO DE 2021

Las familias de sobrevivientes de abusos en el Instituto Antonio Próvolo hicieron notar que el sacerdote Nicola Corradi murió condenado y que eso ayuda a cerrar en parte una etapa de dolor. Así lo expresaron Paola González y Ariel Lizarraga, madre y padres de exalumnos.

Para ambos familiares, el gran dolor es que el cura condenado a 42 años de prisión por los abusos que cometió contra niñas y niños sordos seguía siendo sacerdote al momento de su muerte.

El cura italiano murió ayer a los 85 años, mientras cumplía su condena en modalidad domiciliaria debido a su edad y a sus problemas de salud. Así lo confirmaron desde la oficina de Prensa del Poder Judicial.

 

El cierre de una etapa 

González dijo a Unidiversidad que nadie desea la muerte de una persona, pero subrayó que, en este caso, el fallecimiento de Corradi significa el fin de la corrupción que permitió que vejara a exestudiantes en Verona, en La Plata y en Mendoza, con la complicidad de autoridades.

“Fue fuerte saber que ya no está alguien que hizo tanto daño a nuestros hijos. Cuando se lo conté a mi hija, su cara cambió, fue como de una paz muy grande”, expresó la mujer.

Ariel Lizarraga, papá de una sobreviviente, dijo que la muerte de Corradi les permitirá superar en parte una experiencia tan dolorosa, pero dijo que jamás se cerrarán las cicatrices de los chicos y chicas a quienes causó tanto daño. González y Lizarraga coincidieron en asegurar que ahora será la “justicia divina” la que se encargará de juzgar al sacerdote.

En comunicación con Unidiversidad, Daniel Sgardellis, que denunció ante la Justicia que Corradi abusó de él cuando vivía en la sede de La Plata, escribió en un mensaje de texto: “Espero que Corradi nunca descanse en paz por todo el daño que hizo”.

El exalumno aseguró que la Iglesia sigue sin escuchar y dijo que descree de que existan cambios reales. Escribió que continúan con los “secretos” y que “la iglesia antigua es igual que la moderna” en cuanto a la prevención de los abusos sexuales cometidos por religiosos.

 

Un proceso tardío

González explicó que uno de los grandes dolores para cada sobreviviente y su familia fue que Corradi nunca dejó de ser sacerdote, ya que, si bien fue suspendido en sus funciones, aún sigue en marcha la investigación canónica que realiza la Iglesia Católica. La mujer subrayó que, luego de la condena judicial, esperaban que la Iglesia lo despojara de su investidura sacerdotal, pero que esto no sucedió, lo que causó dolor entre los familiares.  

 

De Italia a Mendoza

Corradi, que era italiano, comenzó su ministerio en el Instituto Próvolo de Verona, en Italia, desde donde fue trasladado a Argentina luego de las primeras advertencias de exestudiantes sobre los abusos. El sacerdote dirigió durante años la sede de la institución en La Plata y desde ahí fue trasladado nuevamente, esta vez a Mendoza.

Corradi fue uno de los cuatro condenados por la Justicia mendocina. En septiembre de 2018, Jorge Bordón aceptó su culpabilidad y fue sentenciado a 10 años de prisión, mientras que los sacerdotes Corradi y Horacio Corbacho y el jardinero Armando Gómez recibieron condenadas de 42, 45 y 18 años respectivamente al finalizar el primer juicio, el 25 de noviembre de 2019.

Actualmente se está desarrollando el segundo juicio por los abusos en el Instituto Próvolo. En este proceso, están imputadas nueve mujeres: las religiosas Kumiko Kosaka (46) y Asunción Martínez (53), y las exdirectivas y trabajadoras del instituto Graciela Pascual Ivars (65), Gladys Edith Pinacca Andrade (66), Cristina Fabiana Leguiza Funes (50), Valeska Elizabeth Quintana Valenzuela (48), Laura Alejandra Gaetan Sicardi (60), Cecilia Alejandra Raffo Andreotti (43) y Noemí del Carmen Paz Torrez (63).

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