Un equipo de investigadoras lleva la arqueología por los barrios

Profesoras y estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCUYO utilizan el juego para que la comunidad comprenda la importancia de preservar el patrimonio cultural y natural. Van a escuelas, a centros barriales y a parques donde invitan a experimentar.

Un equipo de investigadoras lleva la arqueología por los barrios

Lucía Yebra comenta a los y las adolescentes qué labores realiza una arqueóloga. Foto: Unidiversidad

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Verónica Gordillo

Publicado el 21 DE MAYO DE 2026

Aquí, en la galería de la escuela Inmaculado Corazón de María, ubicada en el barrio Cipolleti de La Favorita, se cierra un círculo perfecto. Comienza con autoridades y profesoras que reciben a investigadoras de la UNCUYO, que a su vez le cuentan a un grupo de adolescentes qué hace una arqueóloga, que invitan a experimentar, a excavar, a reconstruir piezas, a crear con sus manos una vasija, que le explican la importancia de preservar y cuidar el patrimonio cultural y natural, y sigue con cincuenta chicos y chicas que se divierten, que comprenden el rol central que tendrán en ese rescate cuando se reciban de maestro mayor de obras, cuando adviertan que hay algo en esa tierra en la que planean construir y que su obligación es dar aviso para que nada se pierda, para que todas esas piezas sean parte de su historia. Un círculo perfecto.

Arqueología por los barrios es el nombre del proyecto que creó un equipo de investigadoras, docentes y estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCUYO, y que llevaron durante años con sus propios recursos a escuelas, municipios, clubes, parques. Ahora, luego de ganar una convocatoria, cuentan con financiamiento de la Secretaría de Investigación, Internacionales y Posgrado (SIIP). Y siguen andando.

Simulación de excavación: con ayuda de pinceles y palitas chicos y chicas descubrieron restos de animales y de utensilios. Foto: Unidiversidad

El equipo que va por los barrios está integrado por Lucía Yebra (directora), Silvina Castro (codirectora), Cecilia Frigolé, Inés Zonana, Valeria Cortegoso, Dulce Basilotta Heredia (alumna avanzada), Victoria Benítez Badolato, Juan Embrioni, Facundo Gil y Agustina Brera. Son investigadoras y docentes, la mayoría graduadas en Historia con especialización en Arqueología, ya que muchas se recibieron antes de la apertura de esa carrera, en 2018, a las que se suman estudiantes avanzados. Su objetivo es claro: proponer actividades lúdicas para que la comunidad entienda qué hace un profesional de la arqueología e invitan a experimentarlas con técnicas que utilizan para rescatar e interpretar las formas de vida de los antiguos habitantes de Mendoza, a partir de sus restos materiales como objetos de piedra, cerámica madera, huesos, tejidos, construcciones, entre muchos otros.

Lucía, quien es profesora de Historia, doctora en Ciencias Antropológicas e investigadora de Conicet, explica que la actividad se enmarca en la arqueología pública, una forma de articular con la comunidad y de mostrar el trabajo científico. “En el caso de esta escuela es súper importante, porque son los futuros constructores de la provincia y muchas cosas de las que hallamos están en el suelo, entonces que comprendan la importancia del patrimonio es fundamental para el futuro, para que nos convoquen y se pueda seguir conservando el patrimonio de una manera integral. Es una mezcla entre el aprendizaje lúdico de hoy y lo que aplicarán en el futuro”.

Dulce, Inés, Lucía y Cecilia integran el equipo que lleva la Arqueología por los barrios. Foto: Unidiversidad

Teoría y práctica

Es viernes en la mañana y las investigadoras se juntan en su lugar de trabajo, en la Facultad de Filosofía y Letras, donde hay cientos de cajas que contienen material de los sitios arqueológicos de Mendoza. Cada una llega con un material o herramienta necesaria para la actividad: cerámica, aserrín, láminas, rocas, un cráneo creado en 3D, pinceles. Cargan todos los bártulos en sus autos y arrancan rumbo a uno de los barrios de la zona de La Favorita, en Ciudad, donde las esperan alumnos, alumnas y profesoras de historia y geografía.

Cerca de medio día llegan a la escuela, una de las siete instituciones que la Fundación Hijos del Corazón de María creó en Mendoza, y la única secundaria de gestión privada social que ofrece el título de maestro mayor de obras. Una decisión, cuenta su director Carlos Pedrosa, relacionada con que muchos habitantes se dedican a la albañilería, por lo que pensaron que podían ofrecer a las nuevas generaciones un perfil técnico para que pudieron llevar adelante una obra.

Reconstrucción de piezas. En esta estación chicos y chicas debían resolver el rompecabezas . Foto: Unidiversidad

Gisela Galdame, profesora de Historia, fue el nexo con las investigadoras. Mientras las recibe y las ayuda a preparar todo para la actividad, cuenta que junto con su colega de Geografía llevan adelante un proyecto que relaciona el cuidado patrimonial, cultural y natural con el título de maestro mayor de obras, con la idea de que comprendan el rol central que tendrán en ese rescate cuando comiencen a ejercer. “No es lo mismo que lean un texto o vean un video que conocer y escuchar a quienes son artífices de ese rescate, experimentar con distintas técnicas les permite aprender de un modo práctico. Y de paso, comprenden el valor de la ciencia, del estudio, del esfuerzo, son actividades con las que se entusiasman”, comenta.

La investigadora Inés Zonana explica cómo clasificar los restos óseos de un guanaco. Foto: Unidiversidad. 

Etapa de experimentación

Ya está todo listo. Cincuenta adolescentes están sentados y Lucía les pregunta si saben qué hace una arqueóloga. A medida que les explica y les describe las técnicas que utilizan, van pasando láminas para que puedan visualizar de qué se trata su labor.

Unos minutos después, pasan a las actividades. Les explican que pasarán por tres estaciones: en una simularán una excavación y con la ayuda de pinceles y palitas deberán descubrir partes del esqueleto de un guanaco, de rocas y de plantas; en la segunda, el desafío será unir partes de vasijas hasta formar una pieza, como en un rompecabezas; y en la última, tendrán que crear una pieza en cerámica, como hacían las antiguas poblaciones de Mendoza.

Una de las actividades que entusiasmó fue la creación de una pieza de cerámica, tal como hacían los antiguos pobladores. Foto: Unidiversidad

Mientras intentan unir las piezas de una vasija, Tomás Rosales, Camila Cruz y Agustina Carruman dicen que la actividad es divertida, que está bueno aprender cuál es la labor de una arqueóloga.

Inés Zonana, quien es profesora de Historia y trabaja en el Laboratorio de Paleoecología Humana de la facultad, está en la estación de excavación y explica a un grupo cómo clasificar las piezas. “Aprenden más cuando se involucran en el trabajo, cuando ven cómo se hacen las cosas y eso lo comentan en la casa, entonces terminan aprendiendo los padres, los hermanos. En esta escuela en especial, a la que hemos venido varias veces a trabajar con los primeros años, cuando están por egresar siempre se acuerdan de la charla y creo que así podemos transmitir lo que investigamos y la importancia de que cuiden y preserven lo que encontramos”.

Para Inés, las actividades que realizan también son una forma de devolver a la sociedad lo que le dio, teniendo en cuenta que todo su recorrido educativo fue en ámbitos públicos, además de una forma de defender la labor científica. “Creo que tiene que servir para mostrar lo que hacemos, para darle el valor que se merece, porque desde hace tiempo eso está en tela de juicio y creemos que lo que hacemos es importante, tiene valor y en nuestro caso le da valor al patrimonio, que es lo que estudiamos”.

La investigadora Cecilia Frigolé les da las consignas para trabajar con cerámica. Foto: Unidiversidad 

En la estación en donde la consigna es utilizan arcilla para crear una vasija, está Dulce Basilotta, alumna avanzada de Arqueología, y la docente e investigadora del Conicet Cecilia Frigolé. Les explican cómo manipular la cerámica, cómo golpearla para sacarle el aire y cómo ir creando la pieza. Primero es todo bullicios, risas, charlas, pero de a poco cada uno se concentra en su labor y hasta graban en las piezas figuras, dibujos. “La cerámica tiene algo, tiene que ver con construir, con equivocarte y poder volver atrás, con la creatividad, siempre tenemos una buena respuesta de los chicos, son súper cariñosos. Me encanta cuando llegamos, nos están esperando, no sé si alcanzan a captar de golpe toda la información que les queremos dar y por eso recurrimos al juego, a lo lúdico, a lo que podés tocar. Por ahí no van a salir sabiendo los sitios arqueológicos de Mendoza, pero sí la importancia de cuidar todo ese patrimonio”.

Mientras dan los últimos toques a sus piezas de cerámica, Joaquín Guerra y Julián Laciar dicen que aprendieron aspectos del trabajo arqueológico que desconocían y que se divirtieron con las actividades.

De a poco, el grupo de adolescentes da los últimos toques a sus piezas de cerámica, saluda, agradece a las investigadoras y vuelve a las aulas. Ellas intercambian impresiones sobre la charla, guardan los materiales, ayudan a limpiar y se despiden de profesores y directivos. Vuelven a subir todos los bártulos a sus autos, hasta la próxima vez que los lleven a una escuela, a un centro comunitario, a un parque. Hasta la próxima vez que lleven la Arqueología por los barrios.

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