Cuando el vino "pasa de moda"

El debate lo planteó Cornejo frente a las autoridades de la Coviar. Cada vez se vende menos vino y nadie parece asumir la responsabilidad de ese fracaso. ¿Cambio cultural o desprecio de la juventud?

Cuando el vino "pasa de moda"

¿Vino o cerveza? Una batalla con resultados magros, pero reversibles. Foto: Wikimedia Commons.

Sociedad Unidiversidad Vendimia / por Ignacio de Villafañe / Publicado el 06 DE MARZO 2018

Ya lo dijo el sábado el gobernador Alfredo Cornejo durante el cierre del desayuno organizado por la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar) en las instalaciones del Hyatt: “La madurez conlleva asumir responsabilidades y hacernos cargo de los errores, la adultez implica reflexionar sobre los objetivos que no se alcanzan”. Hacía referencia a una situación inocultable: en los últimos 30 años, el consumo interno del vino se desplomó en una caída constante y las entidades como la Coviar –que desde el 2000 trabaja para modificar tal realidad– no han mostrado avances al respecto.

La pregunta lleva años instalada e incluso alcanzó a trascender al mundillo de la industria vitivinícola. Ahora recorre, boca a boca, la mesa de cada mendocino. ¿El vino fue elevado a un pedestal demasiado alto, cada vez más alejado de la gente de a pie? Son varias las voces que dicen que afectivamente es así y apuntan, en general, contra factores como el precio.

“Hay un desfasaje en la relación precio-calidad, yo creo que ese puede ser un factor. En general tenés vinos de $ 300 para abajo que son de muy buena calidad. De esos hay, y muchos. Pero sí creo que el precio del vino es una de las cosas más importantes a destacar”, señala Alejandro Vigil, enólogo jefe de la Bodega Catena Zapata y propietario de Casa Vigil.

Sin embargo, para Vigil el precio no es el único problema, tampoco el problema central. El reconocido enólogo considera que la principal explicación al derrumbe sostenido del consumo del vino es el cambio cultural. “Hay un cambio cultural importante, un cambio en la forma de vida que lleva a un consumo distinto”, señala Vigil. “Hoy al mediodía se consume agua o agua saborizada. No se consume alcohol. Por otro lado a la noche se bebe muy poco porque el día comienza temprano. El vino pasó a ser un producto de fin de semana o juntada particular, y no algo cotidiano como lo era antiguamente”, explica.

El planteo es válido, pero despierta una nueva pregunta: si realmente no se consume tanto alcohol como antes, ¿cómo se explica el éxito de la cerveza, cuyas ventas en relación al vino aumentan cada año un poco más? En tal sentido, Marcelo Markus, enólogo con experiencia en pequeñas bodegas extranjeras como Tantara (California) y Grace (Pensilvania), considera que lo que más alejó a los jóvenes del vino es el gran porte que se le dio, a punto tal de convertirlo en una bebida “difícil” y, por ende, “evitable”.

“Más allá de la poca innovación que se permite desde las entidades reguladoras, uno de los grandes problemas del vino es el estatus social con el que se lo pretende asociar. Se lo llevó a un lugar poco accesible y se educó a la gente para que hable de aromas y maree la copa sin tener siquiera una noción de cómo se elaboró ese vino o qué se buscó al hacerlo”, dice Markus.

Según Markus, es por esta imagen con la que se vinculó al vino que el segmento joven “prefiere tomar una cerveza y evitar la dificultad que sugiere el palabrerío con el que se presenta una copa de vino. Cuando vas a un bar, ningún sommelier te indica cómo tenés que tomar tu pinta de cerveza artesanal. Con el vino eso sí pasa, y es algo que tiene que cambiar si lo que se busca es que vuelva a ser popular, que se tome sin tantas ataduras y se pueda disfrutar más relajadamente”.

En cualquier caso, el diagnóstico es el mismo sin importar a quién se consulte: el vino es cada vez menos popular. En lo que parecen coincidir los distintos especialistas es en que todavía hay posibilidades de revertir tal tendencia.

“Necesitamos un debate profundo”, lanzó Cornejo, frente a un Hyatt repleto de empresarios, funcionarios políticos y periodistas, “que integre a nuestros jóvenes, que los incluya, los abrace y los convierta en verdaderos protagonistas de nuestra actividad”. Quizá la clave este ahí. Habrá que ver quién da el primer paso para llevar tal deseo a cabo.

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