La reconstrucción de Marcela

Marcela Guttilla sufrió violencia de género durante 28 años. A través de su poesía y de su programa de radio cuenta su historia para que otras comprueben que se puede salir adelante. 

La reconstrucción de Marcela

Marcela Guttilla

Sociedad Unidiversidad por Verónica Gordillo - Fotos : Axel Lloret / Publicado el 30 DE SEPTIEMBRE 2014


“Sos nada”. Marcela Guttilla describe con esas palabras cómo se sentía después de 28 años de casada con un hombre violento. Confiesa que la reconstrucción es lenta, que se necesitan años para recuperar la autoestima y dejar atrás la devastación física y psicológica. Pero se puede, repite, porque ella siente que su misión es acompañar a las mujeres y a los varones con su programa de radio, con su poesía, mostrarles que se sale y se puede iniciar una nueva vida.


Marcela es una mujer linda, toda vitalidad, una mujer que muestra su sonrisa cada cinco minutos. Todos esos fueron rasgos de su personalidad que recuperó, porque la violencia la opacó, la envejeció, la hizo perder la alegría.


Su vida en pareja, durante 28 años, era un compendio de cualquier texto que hable sobre violencia de género. Se casó y empezaron los "no": no la dejó trabajar para evitar que se mostrara; le decía que cualquiera podía enseñar bellas artes menos ella –pese a que tenía un título–; no le daba un peso ni para las compras; no la dejó aprender a manejar; revisaba la basura cuando llegaba, y decía cuándo y cómo serían las relaciones sexuales. Después, claro, como indican los textos, venía el período de reconciliación, el coqueteo, el romanticismo, pero todo eso duraba poco.


Todos esos "no" convirtieron a Marcela en otra persona. La palabra "miedo" prevalece en su relato y también "nada". Dice que te sentís nada, que creés realmente que no podés salir, trabajar, ni ser linda ni alegre, muchos menos independiente. Describe a la violencia de género como un triángulo perfecto: amor, rechazo y dependencia.


Marcela sufrió violencia psicológica, una de las formas de violencia contempladas en la ley 26485. La no existencia de golpes hacía que fuera más difícil para ella comprender lo que le pasaba e intentar explicarlo a los demás. Por eso prefería callar, aguantar.


Tenía miedo todo el tiempo. Miedo al enojo de su marido. Cualquier cosa, por pequeña que fuera, podía ser causa de una explosión: la comida, la ropa, una mirada, una actitud, una palabra. Ella dice que vivía entre el horror de continuar y el horror de separarse. Le pidió que hicieran terapia de pareja, pero otra vez él le dijo que no.


Siguió callando, hasta que un día ni su cuerpo, ni su mente ni su corazón pudieron más: cayó en depresión, tuvo ataques de pánico, pero hizo terapia y de a poco fue saliendo, cuando entendió que era víctima de violencia de género. Decidió separarse y, otra vez, el miedo: se lo anunció a su esposo desde la puerta porque pensaba que si estaba cerca de él no iba a sobrevivir.


Pese a las fallas en la implementación de la ley 26485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, cuya comprobación más triste es el asesinato de mujeres a manos de sus exparejas, a Marcela la escucharon. La primera vez que decidió hacer la denuncia se la tomaron, y en poco tiempo se libró la orden de restricción de acercamiento, que fue notificada en tiempo y forma. Después pasó por la entrevista con los psicólogos; durante dos horas no paró de llorar.


Para Marcela, decir "basta" y tomar la decisión de una separación fue sólo el primer paso. Después empezó otra batalla con dos frentes: la causa legal y la reconstrucción personal, porque ella se fue de la casa familiar con sus tres hijos y tuvo que empezar de nuevo, de cero, soportar amenazas, seguimientos.


Su decisión también hizo que su círculo de amigas y amigos, esos lazos que había fomentado y cuidado durante veinte años como catequista, la abandonara. Hasta su madre pensó que estaba equivocada, que el divorcio no era una opción.


Marcela se encontró sola con sus hijos, que son su gran apoyo, su estímulo. Ella dice que fue por ella, pero también por ellos que decidió separarse, porque era su deber enseñarles que había formas sanas de relacionarse, de quererse, de pelearse.

Marcela empezó su reconstrucción personal y enumera algunas de las tareas que hizo: mirarse a sí misma, seguir un camino espiritual, aprender a quererse, a valorarse y sobre todo, correrse del lugar de víctima y, ahí sí, empezar a caminar.


Hace tres años y medio que Marcela se separó de su marido, pero sólo hace un año que se siente una mujer nueva. Confiesa que le cuesta confiar, pero que de a poco entendió que no todos los varones son iguales y que ellos también sufren la violencia. Dice que ahora tiene a sus hijos y muchos afectos que no son manipuladores, que respetan su libertad y sus decisiones.

Escribir fue para Marcela otra parte de curación. Malherida es su libro de poemas, reflexiones, pensamientos sobre la violencia de género, pero más que nada sobre su historia, que es la comprobación de que las personas se pueden reconstruir, salir adelante. Saldrá a la venta el año próximo.

Marcela empezó a asistir a grupos literarios y hoy es la conductora de un café literario. Otro de sus placeres es conducir el programa de radio Razón de Ser, por FM Otras Voces, los miércoles de 19.00 a 21.00. Habla sobre derechos humanos y, dentro de estos, de violencia de género. Dice que no es quién para aconsejar, pero sí para acompañar y para brindar información sobre dónde pedir ayuda, por dónde empezar.


En su camino de reconstrucción, Marcela tuvo una gran preocupación: que no le ganaran los rencores ni la venganza. Dice que aprender a perdonar es parte de la cura, así como entender que ella no es mejor que nadie, pero que nunca manipuló a otra persona hasta hacerla sentir una cosa.


Marcela cree que hoy hay un avance significativo respecto de la lucha contra la violencia de género: existe una ley clara, aun con todas las falencias en su implementación. Explica que las peores son la desarticulación entre los organismos que trabajan en el tema y la revictimización a la que someten a las mujeres. “Si a una mujer no le toman la denuncia no vuelve más, porque llegar a eso es un paso enorme”.

Para Marcela, la violencia es un mal de nuestro tiempo. Explica que sobrepasa al ámbito familiar, que está en la sociedad, encubierta, invisible, camuflada en la intolerancia que tenemos en todos los ámbitos de nuestra vida. Cree que es sano aprender a decir las cosas, a no dejarse maltratar, a defender los derechos, pero siempre respetando a los demás. Siente que esa es otra fortaleza que le dejó su lucha: hoy no se deja avasallar.

Marcela cuenta su historia, permite que le saquen fotos, no tiene miedo, no se oculta. Quiere que su historia sea la comprobación de que se sale adelante después del horror. Es otra vez esa mujer linda, que es toda vitalidad, una mujer que nunca más dejará que le quiten la alegría.


Dónde pedir ayuda

*Dirección de la Mujer Doctora Carmen Argibay, dependiente de la Suprema Corte. Ubicada en el segundo piso, ala Norte, Palacio de Justicia. Teléfonos: 0800 666 5878/4498656/8622 (hasta las 14.00) y 4493236/5749 (hasta las 19.30). Atención personalizada de lunes a viernes de 8 a 13.30.

*Dirección de Mujeres, Género y Diversidad: 4284828/4746 (de 8.00 a 14.00). Línea gratuita, las 24 horas, los 356 días del año: 104.

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