Testimonios de la exclusión lingüística

Las razones por las cuales algunos consideran necesario mirar hacia el futuro.

Testimonios de la exclusión lingüística

Sociedad Especiales por Ignacio de Villafañe / Unidiversidad / Publicado el 09 DE AGOSTO 2018

La lucha por la modificación del español para convertirlo en una lengua más representativa cobra cada vez más adeptos entre jóvenes y adultos. En 2017, la Secretaría de Extensión de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO) comenzó un ciclo de charlas-talleres orientado a repensar el lenguaje bajo el título “Nombrarnos para existir”. Paula Simón es una de las organizadoras de los encuentros y forma parte del grupo Mendoza LGTB, cuyo objetivo es concientizar al público general en torno a las problemáticas de género que atraviesan a la sociedad actual.

“La intención es hablar de una forma horizontal sobre conceptos relacionados con la sexualidad, como son la identidad de género, el sexo biológico y la orientación sexual, que muchas veces se confunden”, explica Simón sobre las charlas.

El último encuentro tuvo lugar en julio en la Nave Universitaria y la sala tuvo que cerrar sus puertas debido a la enorme cantidad de interesados en participar. “Vamos a tener que seguir repitiendo la charla porque la demanda es muy grande”, asegura Simón.

Según el Pequeño manifiesto sobre el género neutro en castellano, divulgado por la traductora argentina Rocío Gómez, la primera razón que vuelve urgente la necesidad de hacer más inclusiva la lengua es “la toma de conciencia sobre el machismo en la sociedad, que se encuentra infiltrado hasta en el lenguaje, lo que resulta en un idioma cuyo genérico es el masculino”. La segunda razón, según el mismo manifiesto, es “la emergencia de identidades de género que no responden al binario hombre-mujer; no porque en la antigüedad no existiera gente que no se sintiera cómoda con el género asignado, sino porque hasta hace algunos años a esas personas no se les hubiera ocurrido cuestionar lo establecido”.

En tal sentido, Simón explica que la intención de practicar el uso de un lenguaje inclusivo es “visibilizar identidades no binarias, el sexismo que existe en el lenguaje actual, y las consecuencias de que eso no se sepa”.

 

Por qué hablan los que hablan

Nicolás Álvarez (21), Martín Aguiar (33) y Carina Romanin (45) son algunos de los que asistieron a la charla-taller, cada uno por diversos motivos. Estas son las razones por las cuales sienten que el lenguaje inclusivo no solamente es necesario, sino que los atraviesa en tanto personas.

 

Ladran Sancho, señal que cabalgamos

Nicolás Álvarez cree que la implementación de un género neutro en el español y la adaptación de la lengua a una forma más inclusiva es un hecho inminente. “Es algo que tiene que pasar”, sostiene. Desde su perspectiva, la mera acción de escribir “todes” en lugar de “todos” genera respuestas, incluso violentas, que incluso sufrió en carne propia.

“Mi novio y yo tenemos un emprendimiento de comidas veganas y todo lo que comunicamos en relación a eso lo redactamos con lenguaje inclusivo. Y solo por ese motivo, por escribir 'todes' en Facebook, he sufrido escraches, persecuciones y amenazas”, relata Nicolás. “Yo entiendo que a algunas personas les suene raro hablar con la “e”, pero de ahí a que se enojen y que ese enojo lo transformen en amenazas contra alguien es muy diferente”, agrega.

Para Nicolás, hablar con lenguaje inclusivo es una cuestión de derechos: “Nadie te debería decir ni cómo vestirte ni cómo te gustaría que la gente se refiriera a tu persona. Yo me llamo Nicolás, pero en las redes soy Niquín, y mis amigos me dicen Niquín, y si quiero que me digan 'el Niquín' o 'la Niquín', no es algo que debería molestar a los demás. Y si justamente por esas presiones que los otros ponen sobre el género de las palabras yo prefiero usar algo más bien neutro, libre de todos esos prejuicios, tampoco se me debería juzgar, mucho menos condenar”, dice.

 

La “e” que todo deconstruye

Martín Aguiar es docente y catequista de nivel primario de la escuela Don Bosco. Llegó al taller para compartir su experiencia y aprender de los otros. El próximo año, la institución donde enseña pasará a ser mixta –ahora solamente asisten varones– y ante ello, él entiende que “usar el lenguaje inclusivo es una decisión".

“Por ser grupos solo de varones, está muy instalado el chiste relacionado con el maltrato a lo femenino o al homosexual. Siempre que esas situaciones se dan, yo intento frenar la clase y propongo una reflexión al respecto”, dice Martín. “A veces pasa que uno de los chicos dice que no quiere usar color rosa porque, justifica, es de nena. En ese momento yo paro lo que estemos haciendo y les pregunto a todos si realmente hay colores que son de nene y otros que son de nena. El pensamiento binario está muy instalado y genera discriminaciones negativas. Yo creo que cuando hablamos de lenguaje inclusivo hablamos de terminar con eso”, explica el docente.

“Los más grandes se tratan como si fueran nenas, como si ser nena fuera algo malo. Yo encuentro que en todo este proceso de transformación, tanto desde pasar de un colegio masculino a un colegio mixto como de implementar un lenguaje inclusivo, la mayor resistencia viene de parte de los más grandes, no de los más chicos”, concluye el catequista.

 

Esos raros lenguajes nuevos

Carina Romanin es directora de la escuela Jean Piaget de Tunuyán. “Hay mucha agresividad contra el lenguaje inclusivo, que tiene que ver con el hecho de no entender para qué sirve”, asegura, y agrega: “Yo vengo porque personalmente me interesa aprender y entender la diversidad de posturas que engloba”. “La sociedad empieza a manifestar un montón de cosas traídas por los chicos. Es una deconstrucción del lenguaje que se puede instaurar por el uso. Hay tanta variedad y tantas maneras de ser como personas hay. Entonces, ¿por qué limitarnos por una forma de hablar? Yo reconozco que no estoy acostumbrada a comunicarme con lenguaje inclusivo, pero quiero entenderlo”, subraya con énfasis.


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