La Corriente Malvinas y su rol en el clima de la Tierra

Nacida cerca de las islas como un desprendimiento de la Corriente Circumpolar Antártica, transporta hacia el norte importantes masas de agua fría e incide en el clima global y regional.

La Corriente Malvinas y su rol en el clima de la Tierra

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Publicado el 14 DE JUNIO DE 2022

Desde los inicios de su carrera científica, cuando se trasladó a Francia para hacer su doctorado en la Universidad de París, Martín Saraceno, investigador del Conicet en el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA, Conicet-UBA) y profesor del Departamento de Ciencias de la Atmósfera y de los Océanos (DCAO, FCEN-UBA), se interesó por el estudio de la Corriente de Malvinas (CM), de crucial importancia para la región sudamericana por sus repercusiones sobre el clima y los ecosistemas patagónicos. La CM nace cerca de las islas que le dan su nombre como un desprendimiento de la Corriente Circumpolar Antártica (CCA) y transporta hacia el norte masas de agua fría y muy ricas en oxígeno y nutrientes, hasta toparse, aproximadamente a la altura de Mar del Plata, con la Corriente de Brasil (CB), mucho más cálida y salina.

“LA CCA es la única corriente en el mundo que da la vuelta al hemisferio sur y conecta todos los océanos. Al pasar por el Pasaje de Drake (estrecho que separa América del Sur de la Antártida), una rama de la CCA se desvía hacia el norte y pasa alrededor de las islas Malvinas. La CM es una corriente que afecta tanto el clima regional como el global, así como a los ecosistemas patagónicos –acuáticos y continentales– y a la actividad pesquera. Esto es así porque es capaz de transportar aguas frías y ricas en nutrientes a lo largo del talud continental, que es la zona donde la plataforma continental –de una profundidad media de 200 metros– se hunde hacia el océano más profundo”, señaló Saraceno.

El caudal de agua medio que transporta la CM es de unos 34 millones de metros cúbicos por segundo, y lo hace a una velocidad promedio de 0,4 metros por segundo. Por otro lado, la temperatura del agua varía en general entre los 2 y los 8 grados centígrados.

El rol de las corrientes oceánicas en la redistribución de la energía solar

La vida en la Tierra depende de la llegada del calor proveniente del Sol. Debido a la inclinación del eje de rotación de la Tierra respecto del Sol, esta energía no llega en cantidades similares a todas las latitudes del planeta.

“Toda esa energía se tiene que redistribuir de alguna forma; si no lo hiciera, estaríamos cocinados en el Ecuador y congelados en gran parte del resto del planeta. Así no se podría haber desarrollado la vida en la Tierra tal como la conocemos. Los encargados de redistribuir el calor son la atmósfera y los océanos. En la atmósfera, esto ocurre de forma mucho más rápida que en los océanos. La llamada circulación termohalina es la circulación oceánica encargada de trasportar entre distintas latitudes el calor y la salinidad necesarios para mantener cierto equilibrio y redistribuir la energía que llega en exceso al Ecuador, y en mucho menor medida, a los polos. La CM es parte fundamental de este sistema de redistribución de la energía”, explicó.

En este sentido, uno de los roles de la CM es transportar aguas frías y de baja salinidad desde la altura de las islas Malvinas hacia latitudes donde las aguas son más cálidas. Al confluir con la CB, que fluye en el sentido opuesto y que tiene características muy distintas, ocurren interacciones que tienen importantes consecuencias climáticas.

“La confluencia de la CM y la CB genera una redistribución de calor y de sal en toda la cuenca del Atlántico Sur Occidental. Al ocurrir también un intercambio con la atmósfera de calor y de humedad, esto influye también sobre el clima que sentimos en el continente”, dijo.

De acuerdo con el investigador, la zona de confluencia de ambas corrientes es una región muy energética. Al cruzarse estas dos corrientes, se generan remolinos de hasta 500 kilómetros, que puedan llegar a desprenderse de las dos corrientes mayores y adquirir identidad propia. “Esto es interesante porque estos remolinos, una vez que se desprenden del sistema de corrientes, pueden navegar hasta interaccionar nuevamente con la CM y provocar su intrusión hacia la plataforma”, agregó el investigador.

Saraceno destaca que, en los últimos años, el punto de confluencia entre la CM y la CB se ha corrido hacia el sur, dato que se conoce, sobre todo, a partir de mediciones satelitales.

“Este corrimiento de la zona de confluencia tiene consecuencias importantes desde el punto de vista climático, porque las aguas más al sur se van haciendo más cálidas y eso puede cambiar la dinámica de los ecosistemas de la región. Hay que ver qué especies se pueden seguir adaptando a estas nuevas condiciones y cuáles no. Por ejemplo, la pesca de moluscos que habitan en el fondo del océano y que pueden soportar hasta un cierto límite de temperatura y salinidad podría verse directamente afectada por este fenómeno. Se trata de un cambio que es necesario monitorear de cerca por las consecuencias que podría llegar a tener”, comentó.

La CM, su sistema de surgencia y la fertilización del océano

Las masas de agua trasportadas por la CM hacia el norte, además de ser frías y poco salinas, son ricas en nutrientes. A partir de la interacción de la corriente con la parte superior del talud, se produce un sistema de surgencia (upwelling) que implica que al transporte horizontal se suma un transporte vertical de agua, de velocidad mucho menor, desde el fondo hacia la superficie, que fertiliza las áreas del océano a las que llega la luz.

“Este sistema de surgencia transporta todos los nutrientes hacia la capa fótica donde llega la luz proveniente desde la superficie. Esto genera abundancia de producción primaria, de la cual se alimentan aves y peces y de la que depende una cadena trófica mucho más amplia, que incluye, por ejemplo, elefantes marinos”, destacó Saraceno.

De acuerdo con el investigador, el océano es, en general, un espacio desértico, salvo por algunas zonas en las que hay encuentros de masas de agua –como ocurre donde la CM confluye con la CB– o sistemas de surgencia. Es en estas áreas donde se concentra la actividad trófica, así como la pesquera.

Otro fenómeno importante ligado a la CM son sus intrusiones hacia la plataforma continental. “Esto significa que masas de agua propias de la CM se desvían y, en lugar de continuar hacia el norte, se dirigen hacia la plataforma. Esto produce cambios repentinos en el clima del océano e implica también importantes alteraciones a nivel ecosistémico, dado que la CM arrastra nutrientes que llevan a un incremento de la biodiversidad en la plataforma”, explicó.

La sobrepesca y la importancia de un mejor manejo de los recursos naturales

“Lo que pasa a lo largo del talud por el que fluye la CM es terrible, hay una tremenda sobrepesca por parte de buques que vienen de todo el mundo. En otras partes del mundo, que sufrieron una presión pesquera similar a la que se observa sobre la CM, se observó claramente que el tamaño de las presas se redujo notablemente y algunas especies se extinguieron”, lamentó.

Para el investigador, más allá de que es importante que Argentina continúe patrullando la zona económica exclusiva Argentina para evitar intrusiones de buques extranjeros, también es necesario, al momento de discutir con el resto de los países el manejo de los recursos naturales en las zonas comunes del océano, poder hacerlo desde el conocimiento. “A la hora dialogar con otros actores internacionales sobre cómo lograr un manejo sustentable de los recursos naturales del océano, es fundamental poder hacerlo con conocimiento científico. Si no tenés conocimiento, no te escuchan. Y esto no lo digo porque se me ocurre, sino por la experiencia de haber participado en paneles interministeriales como representante de comisiones asociadas al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Desde Cancillería, nos piden a los científicos que estudiemos y transmitamos lo que ocurre en el océano, porque es lo que se necesita para sentarse a discutir con representantes de otros países”, concluyó el científico.

Fuente: Conicet

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