Los efectos desconocidos de la contaminación lumínica: ¿qué nos perdemos de ver?

Las consecuencias y los efectos de los excesos de luz artificial son a nivel global. En qué zonas del planeta hay más contaminación lumínica y cómo afecta a los animales y sus hábitos.

Los efectos desconocidos de la contaminación lumínica: ¿qué nos perdemos de ver?

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Medio Ambiente

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Unidiversidad

Emilio Murgo

Publicado el 21 DE OCTUBRE DE 2021

A la hora de pensar en nuestro planeta y las consecuencias generadas por la contaminación, lo primero que se nos viene a la cabeza son industrias contaminando el agua, infinidad de desechos tóxicos esparcidos por todo nuestro suelo y la grandes cantidades de gases contaminantes liberados en la atmósfera. Ahora, si te dijéramos que la luz que prendés cada día en tu casa también puede generar contaminación, ¿nos creerías?

Para entender por qué es importante, primero debemos definir a la contaminación lumínica como la alteración de la oscuridad natural de la noche, provocada por luz desaprovechada, innecesaria o inadecuada, generada por el alumbrado de exteriores, la que genera impactos en la salud y en la vida de los seres vivos. Este tipo de contaminación –al igual que los otras– tiene efectos negativos en la vida de las personas (principalmente en las ciudades) como en los animales que habitan en zonas urbanas.

“El problema con la contaminación lumínica es que las personas no tienen en claro que es un tipo de contaminación grave. Cuando se menciona la contaminación del agua, del aire o del suelo, las personas lo entienden, pero cuando les decís que la luz puede producir contaminación, se quedan sorprendidas. Saben que puede generar diversos problemas, pero no tienen muy en claro cuáles son las principales consecuencias que generan y no lo reconocen como un problema a tratar”, afirmó a Unidiversidad Beatriz García, astrónoma e investigadora del Conicet.

Consecuencias de la contaminación lumínica

Hasta el momento, no se conoce con exactitud su impacto, más allá de las limitaciones para la astronomía, las dificultades para el tráfico aéreo y marítimo, y el desperdicio de energía. Sí se sabe, por el momento, que afecta de forma directa a muchas especies animales con hábitos nocturnos, en especial a los insectos. Estos se sienten atraídos instintivamente por la luz, lo que puede provocar su muerte por extenuación, abrasión o depredación por otro animal, además del llamado efecto aspirador, mediante el cual los insectos abandonan sus hábitats naturales siguiendo el rastro de la luz artificial.

Una mala iluminación afecta el ambiente que los rodea, ya que cuando se empiezan a iluminar cada vez más las ciudades, esta especie de ‘burbuja de luz’ que se genera por el exceso de luminosidad crece. Si se tiene un observatorio cercano a una ciudad, se empieza a arruinar el cielo nocturno, por lo que en el caso de instalaciones astrofísicas es gravísimo. Es por esta razón por la que, desde hace muchas décadas, empezamos a debatir sobre la contaminación lumínica y reducir el uso de luz en aquellos lugares en los que se necesita oscuridad”, destacó García.

Hay otras consecuencias de esta contaminación que afectan a las ciencias naturales: cuando iluminamos de manera inadecuada. “Hay especies de animales que se extinguen debido al exceso de iluminación, ya que son especies de hábito nocturno –aves, insectos, tortugas marinas–; hay alteraciones en el modo de reproducción de plantas y en la polinización de algunos insectos”, explicó.

Además de arruinar el ecosistema y el cielo nocturno, hay otro problema que genera el exceso de luminosidad y es algo que afecta directamente nuestra salud. “Según infinidad de estudios, frente a una gran iluminación, el organismo produce en menor cantidad una hormona llamada melatonina. Esta ausencia de producción de melatonina –que en principio se la identifica con el sueño– está presente en infinidad de procesos fisiológicos, que involucran la diabetes, la obesidad y múltiples procesos que afectan directamente a la salud”, destacó la investigadora del Conicet.

En este sentido, podemos detallar los principales efectos y consecuencias de la contaminación lumínica:

  • Desperdicio de energía, ya que la luz se está dirigiendo hacia el cielo, por lo cual se necesita más energía para conseguir la iluminación necesaria;
  • Se producen deslumbramientos, peligrosos para los conductores y afectan a la seguridad vial;
  • Se dificultan el tráfico aéreo y el tráfico marítimo;
  • Se generan residuos contaminantes mientras se está produciendo este exceso de energía, como dióxido de carbono o sustancias radiactivas;
  • Se alteran los ciclos biológicos de algunos animales y plantas, sobre todo las aves, que sufren desorientación y cambios en sus ciclos biológicos. Incluso se alteran los ciclos de sueño de las personas al filtrarse la luz artificial en las viviendas;
  • Se pierde patrimonio cultural y científico, ya que el cielo estrellado desaparece. La Unesco declaró el cielo estrellado como Patrimonio de la Humanidad en el año 2008.

Además, podemos hablar de formas de contaminación lumínicas específicas, que se pueden nuclear en tres grandes grupos:

  • La primera tienen que ver con el resplandor, que es esa luz que una persona ve como si fuera una especie de “paraguas” que envuelve a las ciudades cuando uno lo mira desde lejos, y que es producida por la iluminación pública que apunta principalmente hacia arriba;
  • Otra forma de contaminación lumínica tiene que ver con la luz que ingresa a nuestras viviendas por las luminarias públicas. Esto hace que ingrese luz indeseada desde el exterior a nuestras casas. Esta forma de contaminación se denomina intrusión;
  • Finalmente, la tercera forma de contaminación lumínica es el encandilamiento, producido por señales luminosas exteriores, tales como los carteles de LED, los semáforos mal calibrados e inclusive las luces de los autos.

“Iluminar mucho durante la noche parecería ser algo bueno, pero en realidad no lo es. El ser humano vive en un planeta en el que hay una sucesión de días y noches, es decir, el vínculo de la naturaleza y del medio con los períodos de luz-oscuridad. Esta situación evolucionó en nuestro planeta de la mano de lo que podíamos denominar como reloj de 24 horas, y en el caso de los procesos fisiológicos, en lo que se denomina como el reloj circadiano –el reloj de los ritmos biológicos–”, señaló la astrónoma.

Malargüe, un modelo a seguir

Debemos separar lo que es un observatorio óptico común de un observatorio como el que está ubicado en el departamento de Malargüe, ya que en este último no se estudian las estrellas sino que se observan rayos cósmicos y partículas que vienen del cosmos. En Malargüe hay una ordenanza de control sobre el cielo nocturno. En este departamento, cuando se cambian las luminarias o se generan nuevos barrios y viviendas, lo que se instala son luminarias preparadas para el control y prevención contra la contaminación lumínica.

“Lo que proponemos en general es apuntar al modelo del departamento del sur de Mendoza y replicar el marco legal que permita establecer estas normas para controlar la contaminación lumínica en los diferentes sectores de la provincia”, explicó la científica.

Finalmente, se debe apostar a que la gente tome conciencia de esta problemática y la entienda como un tipo de contaminación más. Para ello, se debe trabajar para reemplazar la mala iluminación que podamos tener en nuestras casas, elegir la luminaria adecuada para bajar aunque sea un poco la temperatura lumínica de las lámparas y, desde los ámbitos políticos, tener la decisión de ocuparse sobre la correcta instalación de las luminarias públicas y darle a este tema la importancia que amerita.

El mapa de la contaminación lumínica en el mundo

La Vía Láctea está escondida para más de un tercio de la población mundial, una proporción que asciende hasta el 60 % en el caso de los europeos y del 80 % de los norteamericanos. La culpa la tiene la contaminación lumínica, la alteración de los niveles de iluminación natural nocturna causada por fuentes de luz antropogénicas.

El nuevo atlas mundial de brillo artificial del cielo nocturno, publicado en 2016 por un grupo de investigadores del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Contaminación Lumínica de Italia, constituye uno de los principales estudios dentro del campo de la alteración lumínica. Su principal conclusión es que el 83 % de la población mundial vive bajo cielos contaminados, el 99 % en Estados Unidos y Europa.

Chad, República Centroafricana y Madagascar son los países menos afectados, con tres cuartas partes de sus habitantes disfrutando de un cielo nocturno impecable. La diferencia es que estas zonas, generalmente pobres y concentradas mayoritariamente en África, acusan fuertes interrupciones del suministro de energía y electricidad, así como una debilidad del tejido productivo, lo que en última instancia radica en un cielo despejado por la noche.

En el extremo opuesto, Singapur destaca por ser el país más contaminado lumínicamente del mundo, hasta el punto de que el total de su población vive bajo un cielo nocturno tan brillante que el ojo humano no puede adaptarse plenamente a la oscuridad. En la misma línea se sitúan los casos de Kuwait, donde el 98 % de la población vive bajo un cielo extremadamente brillante; Catar (el 97 %), Emiratos Árabes Unidos (el 93 %) o Arabia Saudí (el 83 %).

Los datos recogidos en El nuevo atlas mundial de brillo artificial del cielo nocturno demuestran que la contaminación lumínica es un asunto global y que urge tomar medidas para limitar su impacto. El problema puede ser mitigado al instante apagando las luces, pero las consecuencias son a largo plazo. El papel de la tecnología puede ser determinante, sobre todo en el campo de la iluminación adaptativa, un tipo de instalación que utiliza sensores en tiempo real para adecuar el alumbrado público a las condiciones meteorológicas y de tráfico.

Fuente: elordenmundial.com - NASA

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