Un llamado a resistir la dictadura del algoritmo

El filósofo mexicano Alberto Constante dijo que vivimos entre un mundo agónico y otro que roba datos. Planteó el rol esencial de la filosofía para generar masa crítica frente al avance digital.

Un llamado a resistir la dictadura del algoritmo

El profesor planteó que la humanidad vive la agonía de una época y el nacimiento de otra. Imagen: Foto: Gerd Altmann/Pixabay

Sociedad

Filosofía y sociedad

Unidiversidad

Verónica Gordillo

Publicado el 18 DE JUNIO DE 2021

"Habitamos entre dos mundos: uno que está agónico y otro que va robándonos nuestros datos para controlarnos”. Así describió el presente el filósofo mexicano Alberto Constante, que aseguró que la pandemia mostró a las claras que la dictadura del algoritmo no desaparecerá. Frente a esta realidad, propuso resistir: aprovechar –desde adentro– cada una de las fisuras que deja abiertas este nuevo poder liderado por un puñado de compañías tecnológicas.

Esa fue la visión que compartió Constante, filósofo y profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México, durante el Congreso Internacional de Filosofía “Pensar el Presente”, que organizó y realizó en forma virtual la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCUYO.

Durante su charla, Constante analizó el rol y los desafíos de la filosofía en este presente digital y propuso ocupar el lugar de la resistencia. ¿“Desde adentro o desde afuera?, le preguntó una participante; “¿Afuera? Creo que no hay afuera”, respondió el profesor y, a modo de ejemplo, dijo que el Congreso no se podría realizar si no fuera de manera virtual. Por eso, aclaró que se trata de utilizar los beneficios de esta tecnología con una mirada crítica.

Constante destacó la necesidad de resistir, porque dijo que lo que está en juego es nada menos que la subjetividad. “La pregunta es a dónde van a parar todos estos avances si no es a la mutación de la subjetividad humana, entendida como el conjunto de normas afectivas de cualquier tipo. Los algoritmos están diseñados para eso: ahí donde hay valores, cambiar esos valores; ahí donde hay percepciones, cambiar esas percepciones. La subjetividad destaca por lo múltiple y diversa, pero lo que sucede hoy es el cierre de lo múltiple y diverso. Lo que se nos ofrece es un mundo circundante que se nos hace cada día más pequeño”, expresó.

 

La cuarta revolución industrial

El filósofo explicó que se instaló la cuarta revolución industrial, una unión entre industrias y disciplinas que avanzan en distintos campos, que van desde la inteligencia artificial hasta la impresión 3D y la biotecnología. En este escenario —dijo— se predecían cambios sustanciales en el mercado laboral en los siguientes 10 a 30 años, pero la pandemia de la COVID-19 aceleró el proceso, con las vidas en burbujas pero siempre atados a la correa digital. “En automático, nos sometidos a las medidas de contención de la pandemia y, con ello, a las normas dictadas por esa sujeción. Se pudieron dar las condiciones para llevar a cabo un cambio existencial, político y económico a través de la producción de subjetividades”, explicó.

Según la visión de Constante, la humanidad no alcanza a comprender la velocidad y la magnitud de los cambios de la cuarta revolución industrial. “No es tal o cual asunto lo que cambió, ni los puestos de trabajo que se están perdiendo o se perderán. No es un asunto de pobreza o de riqueza, ni de cambio de estatutos, sino la transformación de nuestra manera de ser y de pensar”.

 

Una red política

El profesor comentó que, en el momento en el que daba la charla, la mitad de las personas del mundo estaban conectadas a los servicios de alguno de los gigantes de Silicon Valley: Google, Facebook, Microsoft Apple o Amazon. Y dejó en claro que esto no va a cambiar, que es el presente de la humanidad.

“La vida de cada uno de nosotros está en manos de solo este manojo de corporaciones, que concentra tanto poder que gran parte de la economía de la sociedad y de las decisiones del futuro pasarán por ellas. Sin duda, toda la red es política: la lucha entre usuarios, gobiernos y corporaciones está ahí presente. Entonces, preguntarnos por los procesos de subjetivación es preguntarnos por los modos vida, por la existencia; sentimos, presentimos que en los procesos de subjetivación se decide algo que implica la vida de los individuos, de las sociedades, pues en ellos se disputa la lucha contra nuestro tiempo, contra lo que somos”, expresó.

De acuerdo al análisis de Constante, la pandemia, su duración, la digitalización del mundo y la transformación de las subjetividades son los elementos que llevaron a aceptar que la vida cotidiana, tal como la conocía el ser humano y que hoy anhela, ha concluido. Subrayó que esto impone el deber de “inventar” una nueva, porque cambió de forma irreversible la relación con la realidad, la manera de ver el mundo y de interactuar.

“Nuestra relación con la realidad se ha desmoronado radicalmente; cuanto antes lo admitamos, mejor; el no admitirlo nos convierte en habitantes de dos mundos, seres acodados en el entre, en los intersticios de los saberes, sin querer avanzar porque intuimos que esto nos rebasa. Nadie negará que vivimos la agonía de una época y el nacimiento de otra, sin que podamos entender cómo y por qué se acaba, y cómo y por qué nacen esos signos distintos, que nos parecen ominosos y que apenas comprendemos”, subrayó.

El profesor propuso a quienes se dedican a la filosofía ganar los espacios públicos, hablar en el el mercado, como Sócrates. 

 

Los nuevos significados

Constante propuso centrar los esfuerzos de este nuevo tiempo en intentar encontrar el significado de los nuevos conocimientos y teorías que conforman lo que denominó "la dictadura del algoritmo". Dijo que esta tarea permitirá establecer un nuevo orden del saber, pero subrayó que, para alcanzar ese objetivo, es imprescindible comprender los nuevos supuestos, la nueva semántica, ya que si antes la existencia significativa de las cosas era posible gracias a las palabras, hoy lo es mediante algoritmos y buscadores.

“Donde hay poder, hay resistencia, y a pesar del poder de estas compañías, no es un poder cerrado, se dejan fisuras, intersticios. Ahí se juega nuestra existencia y esas son las cosas que uno puede aprovechar”, dijo.

El filósofo marcó otro cambio sustancial: hoy no existe un convencimiento de que el mundo de las apariencias, de la ilusión, sea el opuesto del mundo real. “Ahora, con el mundo digital, la ilusión jamás desaparece y querer salvar las apariencias no es más que una burda estrategia para evitar decir que las apariencias son el mundo en el que vivimos. A eso le llamo virtual”, fueron sus palabras.

 

La filosofía como resistencia

Frente a este nuevo mundo imparable, el profesor planteó que el lugar de la filosofía es el de la resistencia. Propuso volver a la experiencia inicial de la filosofía: el asombro ante el mundo, al que aseguró es posible llegar si se deja en libertad la parte lúdica del ser, el juego, al que definió como el movimiento del corazón y que consideró un camino válido para transitar y entender un mundo donde prevalece la futilidad de las cosas.

Constante llamó a resistir, a incomodar; pero no oponiéndose al avance de las tecnologías, porque consideró que es imposible y que no es el rol de la filosofía, sino ocupando el rol de un juzgador imparcial que trata de ver las posibilidades que abre el mundo digital, pero al mismo tiempo, con una visión fuertemente critica ante la captura de la subjetividad.

“Esto no se puede parar porque representa dinero y esa ha sido la ley que ha dirigido los esfuerzos de estas compañías, que son metapoderes a lo que llamo la 'silicomercialización' del mundo. Sin embargo, hay algunos esfuerzos de 'hacker' que construyen nuevas plataformas que no están dominadas por estas empresas, y quizás esa es una posibilidad. Es lo que se denomina red profunda, donde podemos ocultar nuestros datos, pasar inadvertidos, donde hay cosas buenas, pero también deplorables”, comentó.

Otra vez el profesor habló a los y las filósofas y sugirió algunas formas de resistencia. Dijo que es necesario encauzar discusiones, cuestionamientos, preguntas entre el estudiantado, impulsarlo al análisis, escuchar más que hablar, aprovechar críticamente los canales de comunicación que brinda el mundo digital y participar en los comités de ética, donde se debaten aspectos centrales del uso de las tecnologías.

“Hay que salir del aula, salir a la palestra, hablar en todos lados. Es lo que hacía Sócrates. Tenemos que ocupar espacios, hablar en el mercado. La filosofía académica es estar en casa cuidados, pero no intervenimos en el mundo, y tenemos mucho que intervenir, simplemente como una conciencia crítica que pueda marcar otro ritmo, otro espacio”, fue su mensaje.

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