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Por Pedro Eliseo Esteves, decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo
Pedro Eliseo Esteves, decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo
Pedro Eliseo Esteves, decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo
Publicado el 24 DE SEPTIEMBRE DE 2017
El estrés, un tema que nos afecta a casi todos, puede ser una señal sobre la manera en que enfrentamos la vida.
Sin dudas, la reacción de estrés tiene aspectos beneficiosos a corto plazo, pues prepara para evitar riesgos o defenderse ante agresiones. Sin embargo, cuando el estrés se mantiene en el tiempo, las hormonas que se liberan van a favorecer afecciones cardiovasculares y cerebrales, que se traducirán en arritmias, insomnio, irritabilidad, pobre concentración y agotamiento. Así aparecen en escena los “salvadores” psicofármacos, el descontrol con el alcohol, sustancias varias o las dietas extremas.
Hacia el fin del año, el ansia por querer dejar todo solucionado, sin de-morarnos en lo importante, agrava la situación. Las fiestas se viven con expectativas y promesas, pero no son raros los roces y desencuentros, con movilización de emociones y desilusiones. Obviamente, el sentido de la fiesta se ve desdibujado y perdido entre los fuegos artificiales y los estruendos.
Querer recuperar el desgaste de un año en 15 días de festejos y vacaciones no sirve. Hacen falta “oxigenadores vitales” para vivir mejor cada día. La recuperación del equilibrio perdido en los procesos vitales y orgánicos vendrá de la mano de incorporar a la vida los balances adecuados: cuidar la alimentación y darle espacio como rito de preservación esencial, convertir en hábito cotidiano el ejercicio físico, no abusar de ninguna sustancia ni convertirla en el medio para transcurrir la vida y, fundamentalmente, dotar de sentido humano a nuestra existencia.
Creo que la alternativa para el fin de año que se acerca es detenernos a pensar para quién vivimos y distinguir lo importante de lo accesorio. Recuperar las vivencias de conflictos que pudimos superar y fortalecernos mutuamente en grupo. Prestar atención al mundo interno, cuidar nuestra corporalidad y el crecimiento espiritual, poniendo límites al aturdimiento y el vacío que nos circundan. Sostener nuestra existencia en los vínculos y las amistades verdaderas, como en las creencias y valores que nos plenifican, puede ser el camino.
Artículos de Edición U 23 - Estrés
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