“A los humedales siempre se los intentó modificar en lugar de proteger”

Lo aseguró la investigadora Clara Rubio, del CCT Conicet Mendoza. Dijo que no hay soluciones mágicas para revertir la degradación de los humedales, pero sí alternativas que se pueden aplicar si hay voluntad política y participación comunitaria.

"A los humedales siempre se los intentó modificar en lugar de proteger"

Clara Rubio, investigadora del CCT Conicet Mendoza, dijo que es indispensable que Argentina cuenta con una ley de humedales. Foto: Unidiversidad

Sociedad

Proteger los humedales

Unidiversidad

Verónica Gordillo

Publicado el 22 DE SEPTIEMBRE DE 2021

La investigadora Clara Rubio, del CCT Conicet Mendoza, aseguró que a los humedales siempre se los intentó modificar en lugar de protegerlos porque se los consideró como el patio trasero de las ciudades. La única forma de cambiar ese concepto erróneo –explicó– es comprender su importancia, no solo por los servicios ecosistémicos que brindan sino porque de su subsistencia dependen muchas comunidades y el desarrollo de las distintas regiones del país.

La doctora en ordenamiento territorial, que integra el Instituto Argentino de Investigaciones de Zonas Áridas (Iadiza), afirmó que, aun cuando existen leyes generales que de algún modo protegen a estos ecosistemas, es indispensable que se apruebe una norma específica que determine presupuestos mínimos de cuidados que deberán respetar las provincias, ya que los recursos naturales están en su órbita.

“No se busca la intangibilidad de los humedales: al contrario, se pretende un uso racional, equitativo y sustentable, entendiendo que muchas comunidades dependen de esos ecosistemas para su supervivencia y para el desarrollo de sus actividades. Incluso, el desarrollo local y nacional depende de los humedales, por eso es muy importante buscar estrategias para preservarlos”, fueron sus palabras.

Con la premisa de que no se puede defender algo que no se conoce, la geógrafa explicó la importancia de estos ecosistemas, su situación en el país y Mendoza y los procesos que los afectan, entre otros aspectos. Aquí, parte de la charla con Unidiversidad.

 

Comprender para defender

¿Qué es un humedal?

Acordamos una definición que se discutió en un grupo donde participa el sector académico y gubernamental, con la intención de tener una metodología en común. Son ambientes que permanecen en distintas condiciones de inundación en el suelo, ya sea un suelo saturado en agua o con diferentes niveles de fluctuación, durante períodos considerables y variables de tiempo. Lo que los caracteriza es que el agua es el elemento que controla el sistema, que define sus características físicas y las interrelaciones que vinculan todos estos elementos. Son ecosistemas muy diversos en cuanto a su fisonomía: pueden incluir bosques, un humedal puede ser un salar o un pastizal, son cuerpos de agua poco profundos, eso los diferencia de un lago o el mar, y que fluctúan. Es indispensable entender la importancia de estos ecosistemas para el bienestar y el desarrollo y, a partir de ahí, pensar estrategias para su uso sustentable, pero tenemos que partir de este entendimiento. Digo esto porque generalmente han sido lugares que se ha buscado revertir, eran como el patio trasero de las ciudades, se los asociaba a un lugar donde se generaban plagas, enfermedades, pestes, entonces siempre ha habido una tendencia a querer drenarlos, rellenarlos, en lugar de protegerlos.

¿Cuál es su importancia?

Son muy importantes por los múltiples servicios ecosistémicos que brindan al ser humano. Es una visión antropocéntrica, pero es lo que nos permite tener un marco de referencia. Son fundamentales para la provisión de agua dulce, de alimentos, para la regulación de los ciclos hidrológicos y climáticos, para regular sequías o inundaciones, eventos climáticos extremos y por todas estas funciones es que tienen un papel clave en relación a la degradación de tierras y al cambio climático, a los procesos de cambio global que estamos atravesando. También son importantes para la diversidad biológica porque brindan hábitat a muchas especies. Estos servicios no se refieren solo a lo físico, sino también a lo cultural, ya que los humedales tienen un valor muy especial para las comunidades y las diferentes culturas: brindan servicios recreativos, la posibilidad de un turismo sustentable, belleza, estética, valores espirituales, incluso religiosos, dependiendo de las diferentes zonas del mundo. Los humedales han tenido una importancia trascendental a lo largo del desarrollo de la humanidad y también en la actualidad.

Quebrada de Matienzo, en la zona de Las Cuevas, uno de los ecosistemas que se busca proteger. Foto: gentileza Pablo Betancourt

Una situación compleja

¿Cuál es la situación de estos ecosistemas?

A pesar de ser tan importantes, su situación a nivel mundial es bastante complicada. Según datos de la Convención Ramsar, en los últimos 300 años ha desaparecido el 87 % de los humedales en el mundo y, si seguimos esa tendencia, que es lo que indican los estudios globales, muchos van a desaparecer, se van a perder las especies que habitan en ellos y la degradación puede ser tan fuerte que es posible que lleguen a extinguirse. Si bien los humedales representan entre el 5 y el 8 % de la superficie total mundial, a pesar de ser tan chiquitos, involucran casi la mitad de los servicios ecosistémicos terrestres, es decir que de ellos depende casi el 50 % de todos los beneficios que brindan los ecosistemas, de ahí la importancia de su conservación y uso sustentable.

¿Esta situación se replica en América Latina, en Argentina y en Mendoza?

Sí, Argentina y Mendoza no escapan a esa tendencia mundial, al cambio global, ni a los intensos procesos de cambio de uso de la tierra, de cobertura de la tierra y de usos no sustentables, que son los principales factores de degradación de los humedales y que conducen a esta situación.

¿Me puede dar ejemplos locales de los cambios de cobertura y de uso que degradan a los humedales?

Sí, tenemos un ejemplo cerca. Hicimos un estudio sobre humedales en la cuenca del río Mendoza, un mapeo de los servicios ecosistémicos que provee y de los cambios en esos servicios entre 2000 y 2015, teniendo como factor clave la construcción del dique Potrerillos. A partir de la construcción y llenado del dique, las villas aguas arriba en la zona de Potrerillos, El Salto, Las Vegas, toda esta cuenca del río Blanco empezó a experimentar un intenso cambio de uso del suelo; áreas que eran vegas fueron drenadas y rellenadas para ganar terreno para el avance residencial, a eso nos referimos con cambio de cobertura de la tierra, que generalmente son negativos, a no ser que se trate de una acción de restauración. A esto se suma el uso que le damos: puede haber sido un área natural y que se convierta en un área ganadera, sobre todo en la zona del delta, o en una arrocera, incluso en nuestra cordillera puede tener un uso minero, extractivo. Todos estos cambios se manifiestan tanto a escala planetaria como local y van generando una pérdida de resiliencia de los humedales, de la capacidad que tienen de hacerles frente a todas esas presiones, los lleva a una pérdida de los bienes y servicios ecosistémicos que generan. Tenemos que tratar de entender –y esto lo destaca ONU– que estas modificaciones repercuten no solo a nivel físico-biológico, sino también social, ya que las poblaciones más vulnerables son las más afectadas, teniendo en cuenta el servicio de provisión de agua que generan los humedales. La escasez del recurso hídrico, acompañada por una calidad del agua no deseable, repercute en la soberanía alimentaria de las comunidades, en sus medios de vida y en sus oportunidades de desarrollo. Entonces, tenemos que entender al humedal desde un punto de vista integral, más holístico, como un socio-ecosistema donde influyen tanto aspectos físico-naturales como sociales, económicos o humanos.

Laguna Potrero, uno de los ecosistemas monitoreados por el equipo de investigación del Iadiza. Foto: gentileza Pablo Betancourt

La importancia de un inventario

¿Existe algún inventario de humedales?

En Argentina ha habido diferentes iniciativas para inventariar los humedales, que son muy diversos, por la extensión y la gran variedad de climas y relieves, lo que determina humedales muy heterogéneos, desde grandes como los del Delta del Paraná o los Esteros del Iberá hasta pequeños de tierra seca, que son los que se localizan en Mendoza. En 2008, teniendo en cuenta un solo criterio, se estimó que la superficie cubierta por humedales es del 21,5 % de todo el territorio, lo que equivale a 600 000 Km2. Esta cifra habría que actualizarla a la luz de los procesos extractivistas, agroindustriales, forestales, mineros y de especulación inmobiliaria que ha seguido sufriendo el país. Ahora, a través de un consejo formado por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible del que forman parte universidades, Conicet, INTA y las autoridades de aplicación de las provincias, se pretende hacer el inventario a partir de un conjunto de criterios, con una concepción más holística, pero, viendo el avance de los procesos de degradación, se necesitaba tener una cifra urgente, porque por ahí perdés mucho tiempo en estas discusiones de tipo metodológico, de cómo mapearlos, de cómo inventariarlos y, mientras tanto, los humedales siguen desapareciendo.

¿Y Mendoza?

Mendoza no cuenta con un inventario, sí con un listado de humedales de importancia, sobre todo los que están incluidos en la Convención Ramsar, Llancanelo, Lagunas de Guanacache, Desaguadero y del Bebedero, y ahora, la Reserva Natural Villavicencio. Ahora vamos a iniciar un proyecto de inventario de humedales en la cuenca alta del rio Malargüe, a través de un acuerdo con la Secretaría de Ambiente y Ordenamiento Territorial, de la Provincia.

¿Cuál es la situación de los humedales mendocinos?

Los humedales de zonas bajas, es decir, los que se localizan en los tramos inferiores de las cuencas, están siendo severamente afectados por el aprovechamiento intensivo del agua en las zonas medias de las cuencas, en los oasis, que es lo que pasa en el Norte, en Valle de Uco, es un modelo que se replica en todos lados. Por otro lado, están los humedales del alto andino que se localizan en la cordillera y están siendo afectados por el fenómeno del cambio climático, entonces hay menor caudal disponible. La tendencia es que a futuro sufran un estrés hídrico muy importante y terminen desapareciendo y secándose, lo que está ocurriendo en el sur de la provincia. El principal factor que los afecta es la sequía, que lleva muchos años.

¿Es posible cuidarlos, teniendo en cuenta la escasez de agua y la demanda creciente de los oasis?

Sí, se necesita la concertación de muchos sectores, pero creo que es posible a partir de establecer caudales mínimos ecológicos para la supervivencia de los humedales. Te doy un ejemplo. En la Evaluación de Impacto Ambiental del dique Potrerillos, se exigía un caudal mínimo ecológico para las Lagunas de Guanacache, para sostener el sistema Guanacache, pero nunca se cumplió. A principios de 2010 o 2011, Irrigación hizo una hijuela y logró que llegara el agua, pero fue una iniciativa puntual de alguien que conocía la realidad de las comunidades de la zona. Lo mismo ocurre con Llancanelo: en un momento, hubo que empadronarla como regante para que le llegara caudal. Incluso en el mismo Estado hay incongruencias. Otro mecanismo válido puede ser poner en marcha incentivos ambientales. Ahora, por ejemplo, estoy trabajando en un proyecto con la Municipalidad de Luján de Cuyo para que los propietarios que protejan las vegas, es decir que no planten exóticas, que cuiden el avance de la rosa mosqueta, tengan un incentivo. Creo que estas alternativas son válidas porque, por ahí, esas soluciones mágicas que se piensan a nivel provincial no funcionan. Entonces, creo que estas son herramientas concretas: asegurar el caudal ecológico mínimo, diseñar programas de incentivos ambientales para la preservación de las áreas y buscar alternativas basadas en la naturaleza y en las comunidades que habitan el lugar.

Imagen de Cordón del Plata, otra de los ecosistemas de Mendoza que se busca preservar. Foto: gentileza Clara Rubio.

Una ley como herramienta de cambio

¿Qué cambiaría tener una ley?

Actualmente tenemos algunas herramientas, un marco legal que protege de algún modo a los humedales, principalmente la Ley general del Ambiente (25675) y la de adhesión a Ramsar (23919), pero una ley de humedales es urgente. Lo que necesitamos es una ley de presupuestos mínimos para la protección y el uso de los humedales, porque no solo se busca preservar, proteger, no se busca la intangibilidad del humedal sino que, al contrario, se pretende un uso racional, equitativo y sustentable, entendiendo que muchas comunidades dependen de esos ecosistemas para su supervivencia y el desarrollo de sus actividades. Incluso el desarrollo nacional y local depende de los humedales, entonces es muy importante buscar estrategias para poder preservarlos.

¿Por qué hay tantos proyectos y nunca avanzan?

Se presentaron numerosos proyectos, alrededor de 15. Cada partido quería presentar su proyecto y el lobby minero, agropecuario, arrocero, inmobiliario, es muy fuerte.

En Mendoza, ¿cuáles son los intereses?

La verdad es que acá no se tiene mucha conciencia de que tenemos humedales, pero el lobby opera en relación al recurso hídrico, no al humedal como ecosistema. Aquí, el que tiene el agua tiene el poder, sin agua no podés hacer nada, no podés llevar adelante ningún desarrollo. Tenemos distintos ejemplos: en todo el sistema Tulumaya, que abarca las lagunas Álamos, Viborón, Soria, es muy evidente cómo la reducción de los caudales ha actuado en detrimento de estos ecosistemas, han "limpiado" sitios de totorales, de gran importancia para las aves, los quemaron para que sean "lugares lindos" para emprendimientos turísticos e inmobiliarios, entonces están matando los principales valores de conservación del humedal. Lo mismo pasó con los bañados del Tulumaya, las aguas que llegan son residuales, cloacales, que vienen de recorrer todo el cinturón verde, que acumulan todos los fertilizantes y agroquímicos y van a parar ahí. Entonces, los bañados que en otro momento tenían una extensión espacial grande, otros valores de conservación, ahora prácticamente no reciben agua y la que llega es residual.

¿Cuál es su evaluación sobre la gestión de estos recursos?

Mendoza está en mejor situación que otras provincias y esto tiene que ver no solo con la gobernanza local, sino con la presión de los colectivos sociales, de cómo han ido adquiriendo masa crítica y una conciencia ambiental en la sociedad o en gran parte de ella. En general, diría que existen esfuerzos por conservar los humedales que quizás son aislados, por eso es tan importante contar con esta ley que brinde un marco regulatorio claro, que fije competencias tanto de nivel nacional como provincial en cuanto a la preservación de los humedales. La ley nos obligará a cumplir con estos presupuestos mínimos y tener un diálogo un poco más serio, más profundo en cuanto a las búsquedas de alternativas para un desarrollo sustentable. Creo que es necesario abordar estos temas con responsabilidad, con solvencia técnica, con acuerdos y voluntad política porque, ante la falta de esto, el hilo se corta por lo más fino. En lugar abordar estas situaciones complejas, los proyectos terminan perdiendo estado parlamentario.

¿Cuál su evaluación sobre el presupuesto que destina la Provincia para proteger estos ecosistemas?

Creo que es necesario redoblar esfuerzos en términos presupuestarios, sobre todo en relación a la conservación del medio ambiente. Por una parte, la Provincia es pionera en materia ambiental, en conservación de recursos hídricos, de áreas protegidas, de ordenamiento territorial, pero, por otra parte, necesitamos contar con presupuesto para la reglamentación y puesta en marcha de esas normas.

¿Los avances son más legislativos que concretos?

Sí, tenemos un marco jurídico en materia ambiental muy avanzado, o por lo menos fue muy avanzado en otro momento en comparación con otras provincias. En ámbitos nacionales, en el Consejo Federal de Medio Ambiente (Cofema), Mendoza está bien vista, pero con este marco jurídico tan completo y de avanzada en su momento, nos quedamos ahí, falta madurar y lograr una aplicación efectiva de estas leyes. Para esto, es básico lograr un diálogo intersectorial, interinstitucional, porque hay que dejar de pensar que las cuestiones ambientales son solo responsabilidad de las áreas ambientales de los gobiernos, hay que concebirlas como una cuestión integral, donde tanto Desarrollo Social como Economía deben estar a la par en la búsqueda de alternativas de desarrollo sustentable. Es decir que estos temas no queden solo en manos de áreas ambientales, porque entonces son soluciones sesgadas o parciales, y es lo que nos ocurre acá.

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