NFT: cómo tres consonantes cambiaron el mundo del arte

El 2021 fue, sin lugar a dudas, el año consagratorio para los "token no fungible". El universo artístico se abrazó a esta tecnología que permite certificar la propiedad y autenticidad de una creación.

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Foto: pixabay.com

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Publicado el 23 DE DICIEMBRE DE 2021

Desde que el artista estadounidense Beeple vendió por 69 millones de dólares una obra digital en NFT (token no fungible) –tres consonantes que cambiaron para siempre el modo de producir y comercializar arte–, el universo artístico se abrazó a esta tecnología que permite certificar la propiedad, la autenticidad y la unicidad de una creación, y que tuvo su tibio correlato también en la Argentina con la primera edición del Premio B·Arte.

El 2021 fue sin lugar a dudas, el año consagratorio para los NFT, ya que no solo saltaron a las portadas de diarios de todo el mundo –la venta de Beeple en marzo pasado, nada menos que en la tradicional casa Christies, llevó al prestigioso New York Times a titular, con sorna, "el jpg más caro de la historia"–, sino que, además, las estrellas del deporte y la música lanzaron sus propios NFT y encontraron un canal de comunicación más directo con su público (más directo en lo que a ventas respecta), como Lionel Messi, Shakira o el fallido caso de Quentin Tarantino, por mencionar solo algunos.

De algún modo, la venta del collage digital "Todos los días: los primeros 5000 días" tuvo los componentes necesarios para que los NFT se instalen de manera definitiva en el foco de atención, además de los ostensibles 69 millones de dólares: la obra fue realizada durante catorce años de manera ininterrumpida (o sea, los 5000 días que alude el título). Mike Winkelmann, nombre real de Beeple, se convirtió en uno de los tres artistas vivos más caros del mundo, y Christie's, una centenaria y tradicional casa subastadora, aceptó por primera vez en su historia criptomonedas como forma de pago.

Nunca viene mal repasar qué son los NFT: una red informática que registra la venta en un libro de contabilidad digital, conocida como blockchain, y que brinda una prueba de autenticidad y propiedad. La mayoría paga con la criptomoneda Ethereum.

Dicho de un modo un poco más sencillo: una tecnología que otorga autenticidad y trazabilidad a un objeto virtual, como una imagen, foto, video o fragmento musical, por medio de la misma tecnología utilizada en criptomonedas. Más sencillo aún: un archivo digital, único y original que no puede falsificarse. Es decir, por primera vez los artistas pueden monetizar imágenes digitales y un comprador puede ser su único propietario. ¿Un nuevo paradigma recorre el universo del arte?

"Los artistas han estado utilizando hardware y software para crear obras de arte y distribuirlas en Internet durante los últimos 20 años, pero nunca hubo una forma real de poseerlas y recopilarlas. Con NFT, eso ha cambiado. Creo que estamos presenciando el comienzo del próximo capítulo en la historia del arte, el arte digital", sentenció Beeple, nacido en 1981 en Wisconsin, Estados Unidos, el día que su nombre dio la vuelta al mundo por dar autenticidad a una pieza que no tiene existencia física.

Hubo 22 millones de espectadores (¡sí, 22 millones!) de América, Europa y Asia siguiendo online los momentos finales de la puja que convirtió a Winkelmann –que ha colaborado con Louis Vuitton y estrellas pop como Justin Bieber y Katy Perry– en el tercer artista vivo más caro del mundo, detrás de Jeff Koons y David Hockney.

"Blockchain como tecnología ha estado ahí durante mucho tiempo, pero esos fríos números y esas frías máquinas conectadas no prometían ningún resultado inspirador para el arte. Creo que las NFT proporcionan el tipo de portal, como cultura, que reúne varias tecnologías", opinó días atrás el genial artista turco Refik Anadol, al presentar obras convertidas en NFT, realizadas con inteligencia artificial e inspiradas en la colección digital del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), un acervo de 200 años de arte.

"Todos los días: los primeros 5000 días", obra de Beeple

"Los artistas han estado utilizando hardware y software para crear obras de arte y distribuirlas en internet durante los últimos 20 años, pero nunca hubo una forma real de poseerlas y recopilarlas. Con NFT, eso ha cambiado", dijo Beeple.

Aunque no todo es ponderación en lo que a este tema respecta: el crítico de arte estadounidense Bob Nickas, conocido por su mirada ácida y corrosiva sobre el sistema artístico, decía en una entrevista con Télam que una buena ecuación acrónica para las siglas NFT sería "No Fucking Talent meets No Fucking Taste". Pero, claro, el autor del libro El robo es visión comenzó su carrera de crítico en los 70 en la ciudad de Nueva York, entre Andy Warhol, la música punk y On Kawara, mientras que los NFT, fuertemente asociados a la criptomoneda, tienen mucho que ver con lo generacional: los nativos digitales, los millennials o la generación Z, que han crecido bajo la influencia omnipresente de internet, así como otras tecnologías. Para ellos, digital es el mundo.

Otra figura mundial que se subió a esta nueva tecnología es el futbolista argentino Lionel Messi, jugador del París Saint Germain, que lanzó una colección de arte en NFT –como cartas o figuritas digitales– diseñadas por BossLogic, el artista reconocido por sus afiches para las películas de Marvel. "Messiverse" se llamó la colección (un juego de palabras entre el nombre del futbolista rosarino y el término para referirse a todas las dimensiones existentes), un compilado de la vida y obra del rosarino. Otra voz argentina se hizo eco de este fenómeno para tratar de entenderlo un poco más: "El NFT te permite tener una porción de tu ídolo, y no sería descabellado imaginar que, el día de mañana, podamos incluso, como hinchas, participar del pase de Messi", explicó en aquel entonces a Télam el programador Santiago Siri, experto en NFT.

Pero ¿cómo? "Los token no fungibles son una suerte de credencial que permite verificar quién es dueño de algo. Es la vanguardia del hincha de fútbol con su ídolo", vislumbró Siri, fantaseando la posibilidad de que los simpatizantes de un club participen del pase de un jugador. Para este experto, la venta de Beeple ya no es el suceso del año, sino, "claramente, de la década".

En la Argentina, esta nueva experiencia ha tenido algunos desprendimientos aislados –como un videopoema realizado por Matías Buonfrate que se convirtió en la primera obra "tokenizada" del país, o el lanzamiento del Premio B•Arte, destinado a distinguir una obra de arte física y otra digital con el otorgamiento de 400 000 pesos en bitcoins, aunque la mayor particularidad del certamen es que las creaciones ganadoras serán transformadas en NFT. Inevitable pensar en la presencia rectora del mercado a ultranza que orbita en todo este fenómeno, de lo local a lo universal, y teniendo en cuenta las aristas en cada región. Un capitalismo que encontró la manera de vender eso que no existe o que no tiene presencia física. De cualquier modo, NFT, o token no fungible, es sinónimo de la nueva forma de crear y coleccionar obras de arte, pero también de la transformación de internet tal y como la conocemos.

Fuente: Télam

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