Prevención del suicidio: “Pude salir de ese lugar tan feo que estuve viviendo”
Estefania, de 15 años, compartió su testimonio con la intención de ayudar y prevenir autolesiones e intentos de suicidio en adolescentes. A sus pares les dijo que pidan ayuda de la forma que puedan. A los adultos, que acompañen sin juzgar.
Estefania dijo que es necesario hablar sobre suicidio y autolesiones, superar el tabú. Foto: Imagen señal U.
Fijar dato - prevención del suicidio
Equipo Redacción Unidiversidad
Publicado el 26 DE MARZO DE 2026
“Es como una sensación de alegría, de que pude salir adelante. Me costó, es algo que cuesta, pero pude salir de ese lugar tan feo que estuve viviendo”. Esa sensación de alegría y la idea de que se puede salir de un proceso doloroso —siempre con el apoyo de la familia y de un grupo de profesionales— fue el mensaje que Estefania, de 15 años, dio a adolescentes que pasan o pasaron por autolesiones o intentos de suicidio. A sus pares les dijo que pidan ayuda de la forma que puedan; a los adultos, que acompañen sin juzgar.
La adolescente relata su historia y, con cada palabra, va a contramano del silencio que convirtió a las autolesiones, a los intentos de suicidio y a los suicidios consumados en un lugar que transitan solas cientos de personas, de familias, de pares, de comunidades. Ella dice que hablar alivia, que es el primer paso para pedir ayuda, para comenzar a comprender, para expresar emociones, para decir qué le hacía mal, qué la enojaba, qué le hacía —le hace— bien.
Pese a la soledad que sintió Estefania, los datos oficiales a niveles mundial, nacional y provincial muestran que esta es una problemática creciente de salud pública que, si bien se visibilizó luego de la pandemia de COVID-19, viene de antes, de mucho antes. Fue como si el encierro hubiera sacado a flote un iceberg cuya base es más grande y profunda que ese pedazo de hielo que flota.
Diana Altavilla, doctora en psicología y presidenta del Capítulo Suicidio de la Asociación Argentina de Salud Mental (AASM), explicó a Unidiversidad las razones por las que ese iceberg salió a la superficie luego de la pandemia. Señaló que los estados de incertidumbre grandes, globales, que se sostienen en el tiempo —como con el COVID-19— incrementan la inestabilidad psíquica de las personas, y que las más vulnerables buscan, a través de estas conductas autolesivas, un alivio al estado de alteración, a la proliferación excesiva de ideas, al desconcierto.
Altavilla explicó que las personas que se autolesionan suelen estar —o sentirse— muy solas y no cuentan con recursos concretos que las alivien, como un entorno familiar, de pares. Por eso, resaltó la importancia de la presencia del Estado para sostener y generar ese entorno.
La adolescente dijo que se sentía sola, como la única persona que se autolesionada. Foto: captura de imagen Señal U
Un problema global
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define al suicidio como el acto deliberado de acabar con la propia vida. En 2014 publicó su primer informe sobre la problemática, donde planteó como un imperativo global la necesidad de prevenirlo y de comprender que es multicausal, ya que influyen en él factores sociales, culturales, biológicos, psicológicos y ambientales. Cada año, según la OMS, 720.000 personas mueren por suicidio, lo que se configuró como la tercera causa de muerte en la franja etaria de 15 a 29 años.
El crecimiento de la problemática se replicó en Argentina y en Mendoza, donde, desde abril de 2023, el intento de suicidio es de notificación obligatoria, sea con o sin resultado mortal, un dato clave para delinear políticas de prevención. Sin embargo, la radiografía que se construyó a partir de los datos no es un reflejo exacto de la situación, teniendo en cuenta que la cantidad de centro sanitarios que cumplieron con esta demanda fue creciendo de a poco y que los de gestión privada aún no realizan la notificación.
Los datos oficiales del país muestran que, entre el 1.º de abril de 2023 y el 30 de abril de 2025, se notificaron 15.807 casos de intento de suicidio, de los cuales 14.899 (el 94,3 %) fueron sin resultado mortal, y 908 (el 5,7 %), con resultado mortal. Con respecto a la distribución por edad, la mayor cantidad de casos se encuentra en los grupos de adolescentes y adultos jóvenes (15 a 34 años); en tanto, las tasas más elevadas corresponden a los grupos de 15 a 19 años (91 casos cada 100.000 hab.) y 20 a 24 (85 casos cada 100.000 hab.).
En Mendoza, de acuerdo a los datos del Boletín Epidemiológico N.º 13, desde el inicio de 2025 y hasta el 28 de junio, se notificaron 698 intentos de suicidio.
Hablar para ayudar
El mensaje de Estefania es claro: se puede salir de ese lugar de dolor, pero no es de un día para otro y se necesita el acompañamiento de la familia, de un grupo de profesionales y de la propia voluntad para utilizar las herramientas que brindan especialistas para gestionar emociones y malos momentos. Estefania contó que los problemas comenzaron cuando era una niña, cuando cursaba la primaria, y que sentía que era la única persona que recurría a las autolesiones para aliviar su dolor.
¿Se lo contaste a alguien, a una amiga?
Antes no tenía muchas amigas, porque esto empezó cuando era chica, iba a la primaria. Me sentía muy sola porque no podía hablar tanto de eso con mis amigas, éramos niñas y no era algo que se hablara entre niñas de diez años, pero, cuando entré a la secundaria y nos empezaron a dar charlas, pude hablar con mis amigas de esto, ellas fueron un apoyo. Con una amiga, cuando recaí de vuelta, ella me acompañó y me dijo: "Yo voy a estar para vos".
¿Cómo te ayudó el equipo de profesionales?
Primero fui a una entrevista inicial con mi psicóloga de familia. Ahí sentí como un alivio, porque fue la primera vez que pude hablar sin penas con alguien, porque, en mi familia, antes esto era muy tabú, el suicidio, las autolesiones, pero ya no, porque se habla y porque yo lo viví. Empezamos a hablar de cómo me sentía, de las cosas que me hacían sentir mal o de las cosas que me hacían enojar, que también por enojarme me autolesionaba, y fue un poco nuevo, porque nunca antes había recibido un tratamiento, nunca había hablado con nadie de esto.
Fue la primera vez que pudiste hablar de lo que sentías…
Sí, y también cuando recaía, porque todos sabemos que es como una montaña rusa, se puede estar bien, se puede estar mal. Cuando recaía, al principio, era un alivio cuando me autolesionaba, pero después, al segundo, era una culpa, porque pensaba que todo el proceso que estaba llevando lo tiré a la basura. Después me hicieron entender que no, que tuve una recaída, pero eso no hace que todo el tratamiento que estoy llevando se vaya a cero.
La adolescente contó que el equipo de profesionales fue fundamental para hablar sobre lo que sentía y le hacía daño. Foto: imagen Señal U
¿Qué te producía dolor?
Problemas familiares, mi aspecto, era muy autoexigente con mi aspecto: si subía un poco de peso, ya me sentía mal. También con la escuela, que es un tema importante: me sacaba un 7, me ponía mal; desaprobaba, me ponía mal, o no sacaba la nota que quería, me ponía mal. Y mi estado de ánimo no era muy bueno. Tenía momentos en los que no me autolesionaba porque estaba bien, pero era como muy inestable. Era algo muy dentro de mí. Sentía que era la única a la que le pasaba esto, la única que se sentía mal, la única que recurría a esto cuando se sentía mal.
¿Qué papel jugó tu familia en la recuperación?
Jugó un papel muy importante. Al principio, fue como que no se hablaba mucho de este tema, pero después entendieron que era un papel muy importante el de la familia en los casos de autolesiones y suicidios porque, si la familia no te apoya, a veces es un poco complicado. Por ejemplo, antes en mi familia, y sigue siendo un poco así, los psicólogos eran para los locos y después entendieron que no, que a veces la gente necesita ir al psicólogo, no porque esté loca, no porque se autolesione, sino para hablar, para desahogarse.
Algunos profesionales que entrevistamos explicaron que las personas que pasan por esta problemática quieren parar el dolor.
Sí, pero también fue porque no quería estar más. No siempre me autolesionaba para suicidarme, pero sí era porque sentía un dolor, era algo que no se puede explicar muy bien, pero es como un dolor que te da, como si tu mundo se estuviera cayendo, como una opresión en el pecho, un nudo en la garganta y otras características físicas, y también porque yo no quería estar más, porque era tanto el dolor, tanto el sufrimiento, tantos los problemas, que a veces decía: "Todo estaría mejor si yo no estuviera aquí". Como los problemas familiares: "Si yo no estuviera aquí, no tendrían estos problemas".
Con el tratamiento, entendiste que no era así…
Entendía que iba a afectar a mi familia, a mis amigos si yo me iba. Costó, pero fue algo que logré entender con el tiempo.
Un mensaje para sus pares
Nos importa mucho que le des un mensaje a todos esos chicos y chicas que tal vez se están sintiendo mal como vos, y a escondidas, se hacen daño o se lesionan. ¿Qué les dirías hoy, después de todo lo que pasaste?
Que a veces está bien estar mal, pero que recurrir a eso no es lo mejor, que hay otras herramientas y que, al final de todo lo que has pasado, de todo lo que has sufrido, se puede salir. Es un proceso que va a durar meses, años, bastante tiempo, pero, en algún momento, vas a salir, decir: "Pude salir, soy más feliz". No necesariamente tenés que estar feliz todos los días, con cara de feliz cumpleaños, pero sí estar estable, sentirte que, cuando estás mal, no necesariamente vas a tener que recaer. Y que tenés herramientas, que tenés gente que te ama, que, aunque no creas, hay gente que está ahí queriendo lo mejor para vos, aunque pienses que todos están en tu contra o nadie te entiende; hay mucha gente que te va a entender. Pedir ayuda está bien, aunque no sepas pedir ayuda, está bien de la manera en la que lo hagas: diciéndole a un amigo: "¿Sabés qué? No me siento bien", o "Estoy pasando por esto" a un familiar o a alguien de confianza.
¿Qué les dirías a esas familias que están pasando por esto y no saben cómo enfrentarlo?
Diría, más que todo, que acompañen; acompañar es muy importante en este proceso. Juzgar u opinar no estaría tan bien porque es algo que también duele, que te digan: "Seguro lo hacés porque estás loca", o "¡Pero si no te falta nada!". Es como que no se trata de lo que te falte o lo que tengas, se trata del dolor que estás viviendo. Juzgar no está bueno en estos procesos. Lo más importante es acompañar, entender, saber que tenés que estar para cuando esa persona te necesite y, más que todo, entender que a veces está bien no estar bien.
¿Qué pensás, qué sentís cuando mirás atrás, cómo estabas y cómo estás hoy?
Es como una sensación de alegría, de que pude salir adelante. Me costó, es algo que cuesta, pero pude salir de ese lugar tan feo que estuve viviendo.
*Si necesitás ayuda o no sabés cómo ayudar a otra persona, podés comunicarte al 102 (línea de niños, niñas y adolescentes) o al 148 opción 0 (una línea provincial para toda la comunidad). Te responderán profesionales especializados en salud mental. Funcionan las 24 horas, los 365 días del año, y son gratuitas.
Fuente: Esta nota fue redactada por Verónica Gordillo sobre la base de las entrevistas realizadas por todo el equipo para el programa Fijar dato (Unidiversidad - Señal U).
suicidio, prevención, adolescentes, salud,
TCC: redes que promueven violencia escolar
Un caso en Santa Fe encendió alertas sobre comunidades digitales que glorifican ataques en escuelas ...
16 DE ABRIL DE 2026
Mapa de fe en América Latina: crece el número de iglesias evangélicas y de personas sin religión
Encuestas como las de Latinobarómetro, World Values Survey y Voices evidencian la caída del ...
16 DE ABRIL DE 2026
Un estudio de fósiles de jarillas de Mendoza aportó evidencia sobre el origen de las zonas áridas del país
La investigación de un equipo del Conicet permitió comprender cómo estas plantas respondieron a ...
15 DE ABRIL DE 2026