Meterse al barro para repensar el sistema agroalimentario

El docente e investigador de la UNCUYO Martín Pérez dijo que la movida mundial que une calidad de vida con alimentación es una enorme oportunidad para que Mendoza diversifique sus actividades.

Meterse al barro para repensar el sistema agroalimentario

Pérez aseguró que Mendoza tiene todo el potencial para ofrecer una producción agroecológica. Foto: Divina Naturaleza

Sociedad Unidiversidad Más allá del extractivismo / por Verónica Gordillo / Publicado el 31 DE ENERO 2020

Meterse al barro: esa es la propuesta de Martín Pérez, especialista en ordenamiento territorial, para que la provincia diversifique sus actividades y no dependa de un modelo extractivista, que en algunos aspectos aparece obsoleto frente a un mundo cambiante. Planteó que la movida mundial que une calidad de vida con alimentación es una oportunidad, que es necesario repensar el sistema agroalimentario, porque Mendoza tiene todas las condiciones para ofrecer una producción agroecológica, de cercanía, con circuitos cortos de comercialización, que permita al vecino saber qué come y quién y cómo lo produce.

Pérez, que es miembro del Centro de Estrategias Territoriales para el Mercosur (Cetem), dependiente del Departamento de Geografía de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCUYO, opinó sobre la movilización social que logró la restitución de la Ley 7722 y –a partir de ahí– sobre las posibilidades reales de que Mendoza emprenda una diversificación de sus actividades.

Para el investigador, la discusión en torno a la 7722 fue otra muestra de conductas sociales repetitivas: la falta de discusiones de fondo, la división en blanco y negro, la idea de que una actividad –o una persona– será salvadora, la imposibilidad de resolver problemas que Mendoza arrastra desde hace 50 años y –sobre todo– la falta de toma de postura política clara frente a temas centrales. Por eso, cree que meterse al barro no solo es poner literalmente los pies en el territorio y escuchar a la gente, sino también definir herramientas concretas para lograr los objetivos planteados.

Restitución de la 7722: pensar más allá del extractivismo

La movilización popular logró que el gobernador Rodolfo Suarez diera marcha atrás con las modificación de la 7722, pero en realidad logró mucho más: abrió una puerta para debatir cómo se puede desarrollar Mendoza, más allá de las actividades extractivas.

 

7722 y después

¿Cuál su reflexión sobre el movimiento social que se generó a partir de la modificación de la 7722?

Particularmente, estoy gratamente sorprendido por el involucramiento de la sociedad en estos temas, porque los mendocinos no estamos muy acostumbrados a pelear por lo que nos interesa, más allá de que estemos de acuerdo o no, pero fijar una postura creo que está bueno. Me queda la duda de si realmente es una discusión saldada y creo que no, porque así como cuando se dictó la 7722 pasó un tiempo y volvió a reflotar, ahora es igual. Creo que no es un tema cerrado, porque no ha sido discutido en todos los niveles que tiene que serlo; por eso me parece que esa espada de Damocles sigue ahí y en algún momento va a volver a saltar. Me parece que nos faltan discusiones más a fondo, no solo reaccionarias en los dos sentidos: de los que dicen "Vamos a sacar una ley rápida, en Navidad; lo dijimos en campaña entonces lo podemos hacer", y, del otro lado, el no ante la duda. Me gustaría que pudiéramos tener una discusión más procesada y madurada.

¿Por qué razones cree que no podemos dar esa discusión de fondo?

Creo que está bueno para hacer un análisis sociológico, pero me parece que son parte de nuestra cultura estas divisiones entre blanco y negro, en contra y a favor, y no hay instancia de diálogo. Será porque el poder político no tiene los mecanismos o no los pone en funcionamiento, o porque tradicionalmente no nos involucramos en estos temas, entonces siempre hay una cuestión reaccionaria, pero sin duda esta división de todo o nada, bueno malo, a la larga nos quita la posibilidad de discutir en profundidad muchos temas. Con esto no estoy diciendo que el tema minero sea la salvación para Mendoza, pero creo que a veces nos perdemos la posibilidad de tener discusiones profundas para saldar los temas, porque si no, es reiterativo, dentro de 5 o 6 años volveremos a discutir temas que ya discutimos porque no están cerrados.

A partir de esta movilización, se planteó la necesidad de buscar alternativas para diversificar las actividades económicas y productivas. ¿Cuál cree que podría ser el camino, teniendo en cuenta que Mendoza “vive” de sus regalías petroleras?

Bueno, el Estado de Mendoza vive de regalías petroleras, pero ¿cuánta gente vive de las regalías petroleras? Son muy pocas personas. Está bueno tener esa caja del Estado, pero la gente vive de otras cosas. Creo que cuanto más diversificada es una sociedad en sus actividades, mayor resiliencia tiene ante los conflictos. Entonces, está bien esa renta del petróleo, pero hay otra gran cantidad de actividades que es de lo que la gente vive en forma cotidiana, y me parece que por ahí hay caminos para diversificar y no que solo exista una actividad salvadora como la minería u otra. Cuanto más diversificado, mejor.

Ley 7722: un crujido que obliga a buscar modelos alternativos

Un crujido más de un sistema de producción y consumo que llevará a la humanidad -indefectiblemente- hacia una catástrofe: así graficó Javier Vitale, del Centro de Estudios Prospectivos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCUYO, la movilización que se generó en contra de la modificación de la Ley 7722.

¿Hoy existe esa diversificación?

Creo que no está todo lo diversificado que podría ser, ya que seguimos dependiendo de modelos bastante transitados, en algunos casos medio obsoletos, pero más o menos estamos con las mismas matrices que hace 40 años y el mundo va cambiando. Creo que hay cosas que no hemos podido resolver como sociedad y son cíclicas, las venimos arrastrando. Por supuesto, hay cuestiones en las que nos vamos aggiornando, pero hay otras relegadas. Específicamente, el tema de la agricultura o el de los sistemas agroproductivos es donde hay mucho por hacer.

¿En qué sentido?

Hay una cuestión interesante que la estamos viendo a nivel mundial con todos estos conflictos y cambios globales: cada vez se vincula más la calidad de vida con la alimentación y eso implica una mejora en los sistemas agroalimentarios. Estamos en un mundo totalmente urbanizado, ya desde 2016 más de la mitad de la población del mundo vive en ciudades, esto es irreversible, entonces pasa todo por ahí: las decisiones de lo que se produce no se toman en el campo, los precios de los cereales los ponen las bolsas de los grandes países del mundo. El modo de vida o el pensar urbano mueve el mundo y uno de los grandes desafíos es pensar qué calidad de vida tenemos y qué comemos en las ciudades, por qué tenemos que comer un tomate que viene de un lugar lejano, con una huella de carbono impresionante, por qué tengo que comer un kiwi que vino no sé de donde; es decir, esta globalización de la alimentación a tal extremo que comemos cosas que vienen de afuera, que no está mal, pero si lo vemos en términos de sostenibilidad ambiental, no resiste ningún análisis. Esas son las discusiones que se vienen, que se están dando y que creo que pueden ser una oportunidad para Mendoza, empezar a pensar cómo vamos a organizar nuestro sistema agroalimentario para comer 2 millones de personas protegiendo el ambiente, comer nutricionalmente bien, aumentando la seguridad alimentaria, la soberanía alimentaria, que comamos lo que queremos comer y no lo que nos impone un supermercado, una marca o los comercializadores, que son tres o cuatro. Entonces hay una discusión muy grande en el mundo, no solo de pensar la producción agrícola por separado, sino de pensarlo como un sistema agroalimentario.

¿Qué significa pensarlo como sistema?

Que están integradas las personas que producen, las semillas que usan, los agroquímicos, los aspectos nutricionales, la comercialización, lo que desechamos, porque hoy desechamos el 40 %, y eso es insostenible. Estos grandes temas, todavía muy poco tocados en Argentina, son un desafío para Mendoza y también un gran negocio económico,. Puede ser una fuente de riqueza para la Provincia, porque tampoco me voy a poner en la postura de que esto no tiene que tener rentabilidad económica. Si no hay rentabilidad económica, hay hambre, entonces esto también es una muy buena oportunidad de negocio para trabajar y diversificar la matriz productiva de nuestra Provincia. Es una discusión que se está dando y es una oportunidad.

El docente e investigador Martín Pérez aseguró que los agricultores familiares son un eslabón clave en la cadena productiva. Foto: Ariella Pientro.

¿Existe esa discusión en Mendoza? ¿En qué etapa estamos, teniendo en cuenta que exista atomización en el sistema productivo?

Si uno lo ve con una mirada sistémica, integral, estamos regular, porque todavía sigue existiendo esta atomización, como que las partes van por separado. Primero, vivimos en una zona árida, el tema agua es transversal, todavía tenemos una deuda fuerte sobre ver cómo utilizamos el agua y hacer más eficiente el uso en el sector productivo primario; sin duda que ahí hay una deuda. Otro tema a revisar son las buenas prácticas agrícolas, es decir, la producción en términos de agroquímicos; hay muchísimas regulaciones, se ha avanzado, pero falta, y está el tema del ordenamiento territorial, porque sin duda, la capacidad de expandirnos territorialmente está limitada. O buscamos producciones que cada vez requieran menos suelo y menos agua o la gente se reacomoda en otros lugares, pero no tenemos muchas opciones, no somos la Pampa húmeda, donde podemos ir corriéndonos siempre un poco más allá. La planificación siempre fue urbana, no rural, siempre fue dónde va el barrio, pero nunca se pensó el territorio de una manera más amplia, de a poco estamos empezando. Nosotros tenemos una zona árida, cero posibilidad de tener más agua, y hay zonas del cinturón verde que tienen triple fuente de agua, es decir que tienen agua las 24 horas los 365 días del año, especial para poder producir alimentos, son las que tienen agua por surgente, por Irrigación, es decir, por el canal, y tienen agua de reúso del canal Pescara, y ponemos un barrio. Entonces, la pregunta es si podemos darnos el lujo de perder estas tierras productivas. Esas son las discusiones de fondo que todavía no logramos dar y ya estamos grandes como sociedad para no darlas, por eso digo que hay que embarrarse.

¿Aún no existe claridad, pese a las leyes de ordenamiento?

-En realidad, si uno ve a lo largo del tiempo cuáles han sido las distintas posturas de la política de ordenamiento territorial en los espacios agrícolas peri-urbanos, hay como un ida y vuelta, no hay una claridad, hay todavía mucha vaguedad y si no hay un horizonte claro, las políticas o los proyectos que vengan después tampoco son claros porque vamos y venimos. Ahí es donde todavía falta meterle más carne al asador, dejar esas discusiones más académicas y meternos al barro en cuestiones concretas, sabiendo que no vamos a poder solucionar todo, que esto no es solamente una herramienta, sino que tiene que haber un conjunto de herramientas, sabiendo que hay que trabajar también con la gente, porque esto no es sólo una cuestión académica o científica, muchas iniciativas parten del ciudadano.

¿Por ejemplo?

Por ejemplo, toda la iniciativa de política alimentaria de Londres en estos últimos 15 años, y lo nombro solo por poner un ejemplo y no porque sea lo que tenemos que hacer. Estamos en distintos mundos, no creo que las cosas se puedan extrapolar y aplicarlas igual, pero ellos basaron gran parte de la defensa de su producción agrícola en fortalecer la demanda del ciudadano de alimentos sanos y eso fue lo que traccionó la demanda, que la gente dijera "No quiero comer un tomate que no tiene gusto a tomate, porque es de una semilla híbrida, que la fabricaron no sé dónde, quiero comer algo fresco".

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Una especie en extinción: así definió un grupo de investigadores a los pequeños productores mendocinos que, luego de haberse apropiado de un territorio a través del trabajo, de la conformación de una comunidad de regantes y, sobre todo, a partir de una visión compartida sobre el suelo que habitaban, ahora están siendo desplazados.

¿Ese concepto es una oportunidad para Mendoza?

Mendoza tiene todas las características para hacer ese tipo de producción más agroecológica, con menos impacto en el ambiente, de cercanía, con circuitos cortos de comercialización que hacen que el productor pueda vender directamente y tener mayor rentabilidad, y no que la cadena de intermediarios se vaya comiendo toda la rentabilidad o que vayamos solo a comprar a un súper. Los mendocinos somos muy supermercadistas, la cantidad de bocas que tiene Mendoza es altísima y, el súper qué te vende, lo que al súper le conviene venderte y no lo que vos necesitás en términos de alimentos. La forma en que se comercializan los alimentos también está en discusión, porque quedás cautivo de un sistema que también hay que revisar. Todos esos elementos entran en la discusión de un sistema agroalimentario, en este caso para el área metropolitana. Creo que hay mucho para  analizar y posibilidades de encontrar nuevos caminos de generación de riqueza para muchos sectores que hoy están invisibilizados, perdidos en una chacra, y es mucho lo que se produce acá. De hecho, acá se producen un montón de alimentos que se exportan a la Patagonia.

¿Qué actor puede empezar a llevar esto a la práctica?

Creo que siempre, en una economía de mercado como en la que vivimos, y no creo que tengamos chance de salir, el consumidor tiene un poder especial. Creo que si nosotros como consumidores cada vez nos preocupamos más por saber de dónde viene lo que estamos comiendo, qué estamos comiendo, cómo se hizo, podemos empezar de alguna manera a traccionar desde atrás en la cadena. Obviamente, esta es una cuestión bastante compleja que no se resuelve con una sola iniciativa, pero creo que todavía como consumidores no ejercemos nuestro poder, no lo tenemos claro, o no nos interesa plantearnos estos temas.

Desde hace tiempo, organizaciones de productores plantean este tema; solo por dar dos ejemplos, la UST y Crece desde el Pie. ¿Cuál es tu visión?

Creo que son iniciativas súper interesantes, porque vienen con esta otra mirada. El tema es cómo hacemos para que cobren mayor envergadura, porque todavía siguen siendo muy pequeñas, pero sin duda, creo que ese es el camino y que tenemos que ver cómo se pueden potenciar. Cada una de estas organizaciones tiene su cuestión ideológica de cómo trabajan hacia adentro y tienen una postura propia en términos de su producción, de cómo reparten los ingresos, pero son mecanismos innovadores en términos de que rompen un poco el modelo preestablecido de funcionamiento de este sistema y creo que mientras más descentralizados sean estos modelos, mejor para todos.

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Agricultura familiar y miradas innovadoras

¿Qué importancia tiene la agricultura familiar en el sistema productivo y en la discusión de estos nuevos procesos?

El 70 u 80 % de la producción es generada por agricultores familiares, es parte de nuestra estructura agrícola. No podemos ni soslayarla ni dejarla de lado, es un eslabón fundamental, que hay que atenderlo, fortalecerlo y procurar que se siga reproduciendo de forma sostenible. Lo que está pasando con la agricultura familiar es que empieza a desaparecer, a quedar invisibilizada. Gran parte de la agricultura, sobre todo de producción hortícola, está en manos de inmigrantes; bueno, ni siquiera, porque son tercera generación, son argentinos. Entonces, vos ves los núcleos fuertes de trabajo de producción de bolivianos y están invisibilizados, a veces hasta marginados de todos los sistemas. Todos esos aspectos hay que ponerlos sobre la mesa, porque son parte central de pensar en un sistema agroalimentario sostenible, no solamente lo que producen, sino quién lo produce y qué modelo de producción queremos.

¿Cuál cree que sería el más conveniente?

No creo que haya un solo modelo de agricultura, es decir, familiar o empresarial, porque si no, volvemos al blanco o negro, y cuanta mayor diversidad, mejor para la sostenibilidad. Lo que se ve en todos los diagnósticos es que hay una total separación entre un modelo y otro, muy poca comunicación y articulación, y cuando la hay, un modelo saca todos los beneficios del otro. Entonces, ahí de nuevo la pregunta es cómo nos embarramos para que el modelo de la agricultura familiar, que es necesario y la columna vertebral de la producción de alimentos, no solo en Mendoza sino en gran parte del país, no quede marginado, no quede invisibilizado dentro de este sistema. Y cuando se piensa en la producción de alimentos sanos, orgánicos, con circuitos cortos de comercialización, estamos pensando en el agricultor familiar, porque es ese el actor que está produciendo. Si vos estás pensando en una agricultura con alimentos que se ven en un súper, ahí no está el productor familiar.

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Hoy, el sistema productivo, ¿es sustentable tal como está organizado?

Es muy diverso, no hay un solo sistema productivo, pero creo que no es todo lo sustentable que podría ser. En términos económicos, no lo es, salvo para algunos grupos y sectores. El resto no está siendo sustentable, porque si lo fuera, no desaparecerían tantos productores ni áreas productivas. En términos ambientales, tenemos la gran insustentabilidad en el tema agua.

En esta idea de repensar el sistema agroalimentario, sobre todo de meterse al barro que usted plantea, ¿cuál es el rol del sector científico?

Creo que hay que mejorar las alternativas que les damos a los productores para meternos en estos temas y en estas discusiones. Más allá de lo tecnológico y de hacer extensión, me parece que tenemos que aportar en el barro de estas discusiones cotidianas y no solamente en las mesas académicas. Por ejemplo, esto que decíamos de cómo y de qué manera trabajamos con la sociedad y los consumidores en ver las ventajas de pensar en un sistema agroalimentario sustentable, es una discusión en la que la academia se tiene que meter y en un lenguaje que no sea el del paper, que está bueno que esté porque responde a los avances del conocimiento, pero el conocimiento aplicado se da en otras arenas y ahí es donde creo que se puede aportar. No creo que vaya solamente por un desarrollo tecnológico duro, creo que además del desarrollo tecnológico duro también nos faltan innovaciones blandas.

¿Por ejemplo?

Distintas formas de organizarnos en términos de gestión política y productores o sociedad. Tenemos que buscar otras formas de gobernabilidad en estos temas. En ese sentido, creo que las ciencias sociales tienen mucho que aportar.

7722 | mineria | produccion | agua | alimentos | ordenamiento | tierra