A 50 años del golpe, un equipo científico mendocino busca responder dónde están las personas desaparecidas

El Equipo Mendocino de Arqueología y Antropología Forense de la UNCUYO, busca trabajar a la par de los organismos de derechos humanos. Aunque las desapariciones fueron el plan de la dictadura y los represores locales nunca han roto su pacto de silencio, desde el Emaaf aseguran que para investigar no necesitan certezas ni verdades irrefutables, sino recursos, una justicia decidida y tiempo.

A 50 años del golpe, un equipo científico mendocino busca responder dónde están las personas desaparecidas

Julián Marchiori y Camila Fernández en el laboratorio de la osteoteca de la FFyL, donde funciona el Emaaf. Foto: Unidiversidad

Sociedad

Unidiversidad

Julia López

Publicado el 23 DE MARZO DE 2026

Este 24 de marzo se cumplen 50 años del inicio de la última dictadura en Argentina, el periodo más violento de nuestra historia reciente. En este aniversario contundente, de cifra redonda, el reclamo histórico de los organismos de derechos humanos —“Que digan dónde están”— cobra una vigencia renovada en Mendoza. Mientras los juicios de lesa humanidad han logrado condenas ejemplares, la búsqueda de los restos de las personas desaparecidas permanece como la gran deuda del Estado. En este escenario, se destaca la reciente línea de trabajo de búsqueda de víctimas de la dictadura del Equipo Mendocino de Arqueología y Antropología Forense (Emaaf).

En diálogo con Unidiversidad, Julián Marchiori, el primer egresado de la carrera de Arqueología de la UNCUYO e integrante clave del Equipo, explica cómo la ciencia, la tecnología moderna y el trabajo articulado con los organismos de derechos humanos buscan superar el pacto de silencio que los represores han mantenido durante medio siglo.

Una búsqueda esquiva

Durante décadas, la localización de lugares de entierro clandestino en Mendoza ha sido una tarea titánica, con resultados a cuentagotas, siempre impulsada por iniciativas del colectivo de derechos humanos, sin financiamiento y, casi siempre, frustrante. Según Marchiori, existen razones estructurales que han impedido el éxito de las búsquedas. En primer lugar, el plan sistemático de exterminio. Es decir, la represión no fue improvisada, sino que incluyó una intención deliberada de hacer desaparecer los cuerpos; por eso, los ejecutores del terrorismo de Estado seleccionaron lugares de difícil acceso y desarrollaron estrategias de ocultamiento.

Arqueología, antropología y derechos humanos en la osteoteca de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCUYO. Foto: Unidiversidad

A esto se suma que los represores no han hablado sobre el destino de las personas desaparecidas. No en Mendoza. De los casi cien condenados, según sus propias declaraciones, ninguno fue, ninguno estuvo, ninguno vio nada. Como señaló la abogada Viviana Beigel en la audiencia 95 del noveno juicio por delitos de lesa humanidad en la provincia, existe un pacto de silencio entre los responsables, que se van muriendo sin aportar ningún dato sobre el paradero de sus víctimas. Históricamente, han sido los propios familiares y organismos de derechos humanos quienes han encarado las búsquedas, siempre con recursos limitados.

La falta de financiamiento y de proyectos extendidos en el tiempo ha sido un obstáculo insalvable. En Mendoza, la única intervención con éxito ha sido la del Cuadro 33, la fosa común del cementerio de la capital mendocina. En general ,las intervenciones en sitios emblemáticos, como Las Lajas —el campo de tiro de la IV Brigada Aérea, ubicado en el piedemonte de Las Heras—, fueron breves, de apenas uno o dos días, lo que llevó a descartar lugares de forma prematura y sin sustento científico. "Las intervenciones de un día no van a llegar a nada", sentencia Marchiori, y enfatiza que se requiere un cambio de paradigma hacia investigaciones a largo plazo.

El arqueólogo usó aquí el caso reciente, todavía caliente, de Córdoba: “Hay que tomar lo que ha pasado en La Perla ahora como un ejemplo de lo que tendría que pasar en Las Lajas: una investigación prolongada”. Prolongada en serio. El testimonio de que allí hubo fosas clandestinas ya se conocía antes de que terminara la dictadura. La Conadep tomó esa denuncia en el 84 y en el Juicio a las Juntas también se dijo. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) tiene una sede en Córdoba donde, por ejemplo, funciona su Laboratorio de Genética Forense. La investigación lleva mucho tiempo y recién ahora, en 2026, se encontraron doce cuerpos.

Julián Marchiori en el laboratorio del Emaaf. Foto: Unidiversidad

Caso testigo: el Cuadro 33

El punto de partida y caso ejemplo local para el Emaaf es el Cuadro 33 del Cementerio de la Ciudad de Mendoza. Este sitio representa el único éxito en la provincia, el único lugar de donde se han recuperado e identificado restos de personas desaparecidas. Fue gracias al esfuerzo de familiares de víctimas, como Mariú Carrera e Isabel Güinchul, que iniciaron la búsqueda comparando las listas de personas desaparecidas con las planillas de las necropsias del Cuerpo Médico Forense y los ingresos del cementerio.

Además, tenían la prueba contundente de que, en los 70 y 80, de allí habían recuperado los cuerpos de Ana María Moral, María del Carmen Laudani, Jorge Alberto José, Raquel Herrera y Juan Bernal. Con todo, las militantes viajaron a Buenos Aires y lograron la intervención del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) en 2010. Lograron la intervención de la Justicia que hasta entonces no les había hecho lugar e identificaron a Osvaldo Sabino Rosales, Néstor Alberto Oliva y Antonio "Mono" Molina.

En 2023 señalizaron el Cuadro 33 como sitio de memoria. Foto: Unidiversidad

La historia del Cuadro 33 demostró que los cementerios públicos son lugares clave porque las inhumaciones como NN dejan un rastro burocrático —fichas policiales, ingreso a la morgue, necropsia, certificado de defunción en Registro Civil— que la ciencia forense puede reconstruir. La propuesta actual del Emaaf es replicar esta experiencia en todos los cementerios de la provincia, utilizando la metodología científica para comprobar o "descartar" cada fosa común y asegurar que no queden dudas sobre la presencia o ausencia de desaparecidos en esos predios.

El EAAF es el ejemplo a seguir. El mismo Marchiori confiesa que una charla con Silvina Turner, la integrante histórica de aquel equipo, le hizo ver que se quería dedicar a esto, pero es una institución que tiene proyectos nacionales e internacionales y no puede dedicarse a cada indicio local. Por eso es importante que este equipo mendocino haya decidido abordar esta búsqueda.

Integrantes de organismos de derechos humanos con el juez Omar Palermo durante la señalización del Cuadro 33 en 2023. Foto: Unidiversidad

Una propuesta científica y colectiva

El Emaaf nació en 2018 a raíz de un convenio entre la Facultad de Filosofía y Letras de la UNCUYO y el Ministerio Público Fiscal de la provincia. Lo que comenzó como un apoyo para casos forenses actuales se transformó, por el nexo con la Fiscalía Federal y el interés de los organismos, en una línea de investigación dedicada a los crímenes de lesa humanidad. Más adelante, en 2023, firmaron un convenio entre el CCT (Conicet Mendoza) y el Banco Nacional de Datos Genéticos. Desde entonces, el Emaaf asiste en la toma de muestras.

La estrategia del Equipo Mendocino de Arqueología y Antropología Forense no se basa solo en buscar certezas, sino, sobre todo, indicios suficientemente repetitivos o contundentes. "Más que tener certezas, hay que ir descartando lugares", explica Julián Marchiori. Esto implica recolectar toda la información disponible: desde testimonios judiciales y bibliografía especializada (como los libros de Ramón Ábalo o Susana Muñoz) hasta lo que popularmente se consideran "mitos". Por ejemplo, si un lugar como El Carrizal es mencionado recurrentemente, debe ser investigado y, de ser necesario, descartado con pruebas técnicas, no por meras suposiciones sobre la dificultad del terreno.

Todo el trabajo lo hacen en estrecha articulación con los organismos de derechos humanos, como los que integran el Espacio para la Memoria ex-D2, el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH), el Colectivo Juicios Mendoza y la Comisión Provincial de Búsqueda de Personas Desaparecidas (Coprodep) donde confluyen. El Emaaf no toma decisiones de forma aislada: cada paso es consultado y debatido con familiares y sobrevivientes. Buscan esfuerzos colectivos, soluciones colectivas y éxitos colectivos.

El surgimiento de la línea de derechos humanos del Emaaf coincidió —¿coincidió?— con el lanzamiento de la Comisión Provincial de Búsqueda de Personas Desaparecidas (Coprodep). Se creó luego de que la abogada Viviana Beigel solicitara al Tribunal Oral Federal 1 que reparara el derecho a la verdad de las familias. En la sentencia del noveno juicio, el TOF 1 hizo lugar a que se impulsaran acciones reparatorias más allá de las condenas específicas y se enviaran pedidos a distintas instituciones para investigar causas relacionadas con la represión ilegal de la última dictadura.

Tecnología del siglo XXI para deudas del siglo XX

Uno de los mayores aportes del Emaaf es la incorporación de tecnología que no existía cuando se realizaron las primeras búsquedas. Mientras la arqueología tradicional suele asociarse al uso del "cucharín" para excavaciones milimétricas, la antropología forense moderna en terrenos extensos requiere maquinaria pesada y herramientas digitales.

Para concretar la búsqueda, son muchas las herramientas modernas que se podrían usar: drones para realizar relevamientos detallados de la superficie en zonas de difícil acceso, como Papagayos (en el piedemonte de El Challao, Las Heras) o Las Lajas; lenguajes de programación (Python, R) para la automatización de tareas y el análisis estadístico; inteligencia artificial para sistematizar y procesar grandes volúmenes de datos bibliográficos y testimoniales.

Las herramientas de la arqueología clásica, en el laboratorio del Emaaf. Foto: Unidiversidad

Además, donde hoy funciona la osteoteca va a funcionar un laboratorio de ciencias forenses. A las especialidades de integrantes del Emaaf —antropología forense, métodos de determinación de sexo y edad, análisis de cráneos, pelvis, textiles, polen, etc.— se sumarán especialistas en geografía para análisis de terrenos, de condiciones climáticas, de imágenes de suelos, etc.

El futuro de la búsqueda: sitios y desafíos

El radar del Emaaf apunta hoy a lugares con fuertes indicios testimoniales. Además de los cementerios públicos y el campo de tiro Las Lajas, tienen en cuenta la zona de Papagayos, de donde existen menciones de fusilamientos masivos y descarte de cuerpos, y el embalse El Carrizal.

A pesar de los avances técnicos, el contexto es complejo. Marchiori señala una "desinversión y abandono a la ciencia social en general", sumado a una sobrecarga de tareas en la oficina fiscal de derechos humanos. A pesar de todo, el arqueólogo piensa que este también puede ser el momento ideal. Desde el punto de vista de la justicia, tras haber alcanzado hitos en las condenas a los represores —decenas de condenas, incluso a responsables civiles, como los jueces cómplices de la dictadura—, la energía social y judicial debe volcarse ahora a la búsqueda sistemática. Además, los 50 años del golpe hacen que la gente comente, charle, quiera contar algo que recuerda, reflexionó el arqueólogo, y ese recurso puede ser muy útil para la pesquisa.

A medio siglo del inicio de la última dictadura, el trabajo del Emaaf representa un compromiso ético y científico, y emerge como una posibilidad concreta de conocer el destino de las víctimas de la dictadura en Mendoza. El Estado tiene el deber de utilizar todos los medios idóneos para reparar el derecho a la verdad y que las familias puedan, finalmente, encontrar a la persona que les falta. La ciencia mendocina, de la mano de la memoria colectiva, busca hoy las respuestas que el silencio militar pretendió enterrar. "Necesitamos una respuesta —concluye Marchiori— y, por ahí, ahora es el momento”.

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