Es ley: el aborto ya no es clandestino en Argentina

Se concretó una lucha de años y la marea verde arrasó en el Congreso. Julia López, editora de género de Unidiversidad y autora de la nota, afirma: "Nunca perdimos la fuerza para seguir".

Es ley: el aborto ya no es clandestino en Argentina

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Sociedad Unidiversidad Aborto legal / por Unidiversidad / Julia López / Publicado el 30 DE DICIEMBRE 2020

La lucha por el derecho al aborto en el país tiene muchos años y este miércoles, 30 de diciembre de 2020, dio sus frutos. Pasadas las cuatro de la madrugada, el Senado aprobó la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Los laureles que supimos conseguir.

En 2018 se rompió la primera barrera, esa que parecía impenetrable. Logramos que el proyecto de legalización y despenalización del aborto cruzara las puertas del Congreso Nacional, entrara en el recinto e hiciera que representantes de todo el país trataran el tema. Tuvieron que escuchar lo que decíamos.

Solo se consiguió la sanción inicial de la Cámara Baja, pero no alcanzó para que esos varones y mujeres sancionaran la ley. Llantos, abrazos, cantos, compañerismo, sororidad. Nunca perdimos la fuerza para seguir. 

Hoy, solo dos años después, el recinto retomó el tema y conseguimos que la votación mayoritaria fuera a favor de la ampliación de derechos, de la salud pública, de la vida. Hoy se ensancharon los márgenes de la justicia para la mitad de la humanidad.

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La masividad de la convocatoria dejó a la vista la heterogeneidad de los feminismos que se unieron en un solo grito: "¡Aborto legal ya!". Más de 120 vigilias en todo el país aguardaban, hermanadas, la sanción de una ley militada con profunda convicción.

En Mendoza, unas 20 000 personas colmaron la Plaza Independencia, lugar neurálgico de las manifestaciones sociales y populares. La plaza se vistió de verde, era una fiesta. El ambiente de alegría no se disipó ni un segundo; la multitud, tampoco. La gente, ansiosa, esperó la votación.

La legalización de la interrupción voluntaria del embarazo no es simplemente la consecución del reconocimiento del derecho al aborto por parte del Estado. Es el reconocimiento de nuestra dignidad, nuestra autonomía, de la soberanía sobre nuestros cuerpos, nuestras decisiones, nuestros destinos.

Todas las personas reunidas estaban convencidas de que, como dice el canto de marcha, "el aborto es un derecho, como el pan y como el techo". También sabían que garantizarnos los derechos sexuales, reproductivos y no reproductivos a las mujeres y a toda persona con capacidad de gestar es garantizarnos los derechos humanos.

La sociedad maduró, la despenalización social del aborto es un hecho. Se habla de aborto en las mesas familiares, en los trabajos, en los negocios del barrio, en las escuelas y universidades. El aborto existe y el Estado argentino entendió que es momento de dejar de mirar para otro lado, momento de cuidar la vida y la salud de la mitad de la población, momento de estar a la altura de las circunstancias.

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El movimiento tiene muchas fortalezas y una de ellas es la intergeneracionalidad. Nació con las militantes más viejas, esas que arrastran las luchas sociales desde las décadas del 60 y el 70. Siguió con las hijas de aquella generación que, a pesar de estar marcadas por la cruenta dictadura militar, supieron levantar la voz y perseverar y, por supuesto, se hizo masiva con la incorporación por multitudes de jóvenes –las pibas, les pibis y los pibes– al reclamo.

Esta es la revolución que queremos, la que tiene a la alegría como bandera, la que arrastra una historia de resistencia al poder capitalista, machista, clasista, racista y heteropatriarcal; a la explotación, a la dominación, a la opresión.

Hoy se inmortaliza el lema de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito: "Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir". Ya es ley.

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